Se mudaron de una casa de pueblo a un auto modelo 99: Llevamos ocho años viviendo en el megancete y pudimos cumplir nuestro sueño
Micaela y Mauricio están casados desde hace 12 años y vivían en Andacollo, Neuquén, cuando se propusieron llegar manejando hasta Alaska. La meta la cumplieron el 5 junio tras superar averías mecánicas y complicaciones en los cruces fronterizos. Ahora
Micaela y Mauricio están casados desde hace 12 años y vivían en Andacollo, Neuquén, cuando se propusieron llegar manejando hasta Alaska. La meta la cumplieron el 5 junio tras superar averías mecánicas y complicaciones en los cruces fronterizos. Ahora, emprendieron el regreso y los esperan otros tantos años de travesía. Ojalá nos lleve menos tiempo, remarcaron
Cuando Mauricio y Micaela estacionaron su viejo Renault Megane frente al cartel que anuncia la llegada a Alaska, el 5 de junio de 2026, no estaban celebrando solamente el final de una travesía geográfica. Estaban cerrando un capítulo que había comenzado ocho años antes en un pequeño pueblo del norte neuquino, cuando decidieron cambiar por completo su forma de vivir.
Él, profesor de Química, Física y Matemática. Ella, masoterapeuta y empleada de una herboristería. Ambos tenían trabajos estables, una vida tranquila y una rutina que para muchos podría haber sido suficiente. Pero para ellos existía una inquietud más fuerte: la necesidad de descubrir qué había más allá de los límites conocidos.
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La idea original ni siquiera incluía un auto. El proyecto era viajar como mochileros, admitieron en diálogo con Infobae. Sin embargo, un Renault Megane modelo 1999, que Mauricio había comprado a su padre para movilizarse entre distintas localidades donde daba clases, terminó convirtiéndose en el protagonista inesperado de una de las aventuras más extraordinarias protagonizadas por argentinos en los últimos años.
Mauricio tiene 42 años y nació en Andacollo, Neuquén. Micaela tiene 34 años y es oriunda de Brandsen, provincia de Buenos Aires. Se conocieron en La Plata cuando él estudiaba allí y construyeron una relación que ya lleva 12 años de matrimonio.
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Dos años antes de la partida, que fue el 4 de agosto de 2018, se propusieron un objetivo claro: ahorrar dinero para la aventura, que los llevaría primero a Ushuaia y después cruzar todo el continente americano. Pero los planes cambiaron sobre la marcha. El dinero que habían juntado terminó destinado a comprar el vehículo y acondicionarlo. El ahorro se fue en el auto y arrancamos con lo puesto, viviendo el día a día, resumió el matrimonio, que lleva un estilo de vida low cost.
Partimos con menos de un tanque de combustible y la idea de generar ingresos en el camino, explicaron. La estrategia inicial consistía en fabricar y vender artesanías en plazas, ferias y espacios públicos. Llegábamos a una ciudad, desplegábamos una mesa y ofrecíamos pulseras, objetos de macramé y con piedras, y almohadillas térmicas confeccionadas por nosotros, detalló Micaela.
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Si las ventas alcanzaban para comer y cargar combustible, podían seguir avanzando. Si no, permanecíamos varios días en el mismo lugar hasta reunir el dinero necesario, agregó Mauricio.
Durante el primer año y medio la economía fue extremadamente inestable. Pasaron muchas jornadas dependiendo exclusivamente de lo que lograran vender ese día. Vivíamos literalmente al día, reconocieron.
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Vivir dentro de un auto
A simple vista, el vehículo parece un Megane común. Sin embargo, detrás de las puertas se esconde una verdadera casa rodante en miniatura. Con el tiempo, y a medida que iban generando dinero con la venta de artesanías, retiraron los asientos traseros y construyeron una cama fija de 1,10 metros por 1,80 metros. Debajo del colchón guardamos alimentos, herramientas, utensilios de cocina y parte de sus pertenencias. En el techo llevamos ropa, sillas, una mesa plegable y otros elementos indispensables para la vida cotidiana, detallaron.
Micaela y Mauricio muestran cómo cocinan durante su travesía en una anafe con garrafa
También incorporaron una cocina móvil con garrafa de dos kilos, un sistema de almacenamiento de agua y una ducha improvisada. Sobre el portaequipajes instalamos un tubo que almacena 17 litros de agua. Con una manguera, una bomba y una pequeña carpa lateral podemos bañarnos prácticamente en cualquier lugar, contó Micaela.
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La camperización fue evolucionando a medida que avanzaban los kilómetros. Lo que comenzó como una adaptación improvisada terminó convirtiéndose en un hogar funcional capaz de acompañarlos por miles de kilómetros y diferentes climas.
Los primeros golpes que casi termina con el sueño
El primer gran desafío apareció apenas un mes después de iniciar la travesía. En Mar del Plata, el motor del Megane sufrió una avería grave y no teníamos el dinero suficiente para afrontar una reparación tan costosa, contaron sobre esa situación extrema que los llevó a reinventarse.
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Comenzaron a fabricar postales con fotografías de los lugares recorridos y libretas artesanales que podían enviarse por correo a cualquier punto del país. A través de las redes sociales difundieron su situación y lograron generar ventas suficientes para reunir el dinero necesario. Tardamos un mes y medio en juntar el monto requerido para reparar el motor y volver a la ruta, recordaron sobre aquella traumática experiencia.
Y dos años después, llegó la pandemia que paralizó al mundo y los dejó sin la posibilidad de seguir vendiendo artesanías como lo hacían habitualmente. Las plazas se vaciaron, las ferias desaparecieron y el turismo quedó prácticamente detenido. Así que comenzamos a cocinar y vender comida casera, relataron.
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Después escribieron una especie de diario de viaje basado en sus experiencias durante el primer año y ocho meses de recorrido. El material fue adquirido por seguidores que querían apoyarlos.
La cama ocupa el lugar de los asientos traseros y debajo del colchón almacenan alimentos, herramientas y utensilios de cocina
Más allá de estas dificultades, el verdadero punto de inflexión llegó cuando publicaron un video mostrando cómo era vivir dentro del Megane. La grabación tuvo una repercusión inesperada y permitió monetizar su canal de YouTube. A partir de ese momento decidieron profesionalizar la producción de contenidos y publicar videos semanalmente en sus redes @viajando.para.vivir.
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El desafío más temido: cruzar el Tapón del Darién
Los pasos fronterizos fueron una prueba constante. En algunos países los recibieron con cordialidad y los trámites fueron sencillos, pero en otros debieron vaciar gran parte del Megane para someterse a inspecciones exhaustivas. Incluso hubo un cruce, en Perú, donde les ofrecieron comprar el Renault Megane porque no podían creer que habían llegado desde Argentina.
Pero si hay un episodio que simboliza la magnitud de la aventura, es el cruce entre Colombia y Panamá. Entre ambos países se encuentra el Tapón del Darién, una inmensa región selvática sin carreteras que interrumpe la continuidad terrestre del continente americano.
Para atravesarlo, Micaela y Mauricio debieron embarcar el megancete y enviarlo por vía marítima desde Cartagena hasta Panamá. Mientras el vehículo viajaba en barco, ellos se trasladaron en avión. Lo más difícil no fue la distancia, sino la burocracia. Entre trámites aduaneros, permisos y esperas, permanecimos nueve días sin el auto y sin saber exactamente cuándo podríamos recuperarlo, detallaron.
Por eso, cuando finalmente llegaron a Panamá, sintieron una emoción comparable a la de alcanzar Alaska. Llegar a Centroamérica fue un triunfo enorme, recordó Mauricio, ya que muchos viajeros desisten en esa parte del territorio colombiano.
Inseguridad, miedo y sorpresas
A lo largo del viaje fueron testigos de situaciones vinculadas con armas, drogas y distintos episodios de violencia urbana. También sufrieron algunos intentos de robo. En varias ocasiones encontraron personas intentando abrir la valija superior o las puertas del vehículo. Sin embargo, jamás fueron víctimas de un robo consumado.
Y, paradójicamente, las experiencias positivas terminaron superando ampliamente a las negativas. Más de una vez nos dejaron arriba del techo o el capot regalos inesperados. En Costa Rica fueron piñas y en distintos lugares de Argentina fueron facturas. En otros destinos aparecieron pequeños obsequios anónimos que confirmaban que la solidaridad sigue siendo una constante en cualquier rincón del continente, ejemplificaron.
Otra de las cuestiones que marcó profundamente a la pareja fue la cantidad de personas que conocieron durante el recorrido. Aunque el 90% de las noches la pasamos durmiendo dentro del Megane, muchas familias nos ofrecieron un lugar donde estacionar, una ducha caliente, una comida compartida o simplemente una conversación, señalaron.
Para ellos, el viaje nunca consistió únicamente en acumular destinos. La verdadera riqueza apareció en esos encuentros espontáneos que transformaron desconocidos en amigos. Cada invitación representó una oportunidad para conocer la vida cotidiana de otros países desde adentro, lejos de los circuitos turísticos tradicionales, remarcaron.
El Caribe y Alaska: dos momentos imborrables
Cuando intentan resumir los recuerdos más felices del recorrido, las respuestas se multiplican. Uno de los episodios que más los emocionó ocurrió en Venezuela, cuando vieron por primera vez las aguas turquesas del Caribe. La imagen era exactamente igual a las fotografías que durante años habían observado en fondos de pantalla y revistas de viaje. La experiencia fue tan impactante que ambos terminamos llorando, admitieron.
La otra gran emoción llegó, naturalmente, al divisar el cartel de Alaska. Después de años de sacrificios, problemas mecánicos, incertidumbre económica y miles de kilómetros recorridos, comprobamos que el sueño era real. Ver la última frontera fue épico, resumió Micaela, quien aseguró que la travesía aun no terminó.
Ahora, el objetivo principal es que el megancete vuelva a pisar suelo argentino. Quieren regresar manejando, recorrer nuevamente varios países y visitar aquellos lugares que quedaron pendientes durante la ida, como la isla de Belice.
Queremos llegar primero a Buenos Aires para encontrarnos con los seguidores que acompañaron la aventura a través de las redes sociales. Después llegará el reencuentro con amigos y familiares en Neuquén, el punto donde todo comenzó, admitieron.
En ese video, Micaela cuenta cómo lavan su ropa viviendo a bordo del Renault Megane
Y aunque aseguran que desean cerrar la etapa del megancete y acelerar un poco el regreso, también saben que la ruta suele tener sus propios planes. Es que después de ocho años viviendo al ritmo de los caminos, aprendieron que algunas de las mejores historias aparecen precisamente cuando uno se anima a dejarse sorprender.
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