¿Quién le teme a la democracia directa?
Predomina una idea: que la democracia directa prácticamente no existe en Argentina. Sin embargo, en el país se regulan más mecanismos
Predomina una idea: que la democracia directa prácticamente no existe en Argentina. Sin embargo, en el país se regulan más mecanismos de los que creíamos hasta ahora. Lo que casi nunca ocurre es que sean activados por la ciudadanía.
Sábado, 18 de Julio de 2026,
8:00
Por Yanina Welp
En enero de 2024, mientras el Congreso debatía la llamada Ley Ómnibus, Javier Milei lanzó una amenaza que ocupó los titulares: si los legisladores bloqueaban sus reformas, apelaría a una consulta popular. Nunca ocurrió.
No era la primera vez. Carlos Menem también amagó con consultar a la ciudadanía. Esta votación tampoco pasó, pero el decreto de convocatoria incentivó la negociación que derivó en el Pacto de Olivos y la reforma de la Constitución de 1994. El acuerdo impulsado por el ex presidente Raúl Alfonsin buscó evitar el divorcio entre el apoyo a un líder popular y una legalidad que impedía la reelección que buscaba Menem.
Diez años antes se había producido la única consulta de la historia democrática del país, cuando Alfonsín convocó el plebiscito por el Tratado del Beagle (el conflicto de límites que estuvo al borde de conducirnos a la guerra con Chile). Mucho más atrás en el tiempo, el primer gran plebiscito de la argentina acompañó la concentración de poder de Juan Manuel de Rosas en 1835, dejando una huella profunda en los arquitectos de la futura república, Juan Baustista Alberdi y Domingo Sarmiento. Esta es casi toda la historia nacional de los plebiscitos y referendos.
Las provincias tienen mucho más para contar: Corrientes (1913) y Mendoza (1916) fueron las primeras en incorporar mecanismos de democracia directa, seguidas por Córdoba (1923), Santa Fe (1921, pero entró en vigor en 1932), Entre Ríos (1933) y la provincia de Buenos Aires (1934). Más tarde, después del golpe de 1955, una nueva ola de elaboraciones constitucionales los introdujo en los territorios nacionales provincializados. La tercera ola se inició con la última transición a la democracia.
En nuestra provincia, Entre Ríos, el proceso constituyente que incorporó estos mecanismos fue impulsado por el gobierno del radical Luis Lorenzo Etchevehere (1932-1935) en un contexto de fuerte conflicto con la Iglesia católica. No es un detalle menor que en 1915 se judicializó un conflicto porque la Iglesia se resistía a entregar al gobierno copias de los libros de bautismo y defunción para depurar los padrones electorales. La nueva constitución buscaba la modernización institucional e introdujo herramientas inéditas para la época, como la iniciativa, el referéndum y la revocatoria de mandato. Para algunos constituyentes aquello era "demasiado futurista". Visto desde la actualidad, la observación resulta llamativa: muchas de esas herramientas permanecieron sin uso.
Para 2026, 18 provincias regulan el referéndum obligatorio; 22 las consultas populares y 15 la revocatoria de mandato. Pero entonces, si existen, ¿por qué apenas los vemos funcionar? La cuestión debe ser matizada. Se han registrado al menos 24 intentos de activación desde 1987 (a los que se suman decenas de votaciones locales, con decenas de prácticas de la revocatoria en Córdoba).
Mirar la historia argentina desde esta perspectiva permite descubrir episodios poco conocidos. Fueron provincias gobernadas por sectores conservadores las primeras en incorporar mecanismos de democracia directa. No fue el peronismo sino los gobiernos de intervención posgolpe del 55 los que los incorporaron en Chaco, Neuquén y Misiones. Santa Cruz habilitó la reelección indefinida de Néstor Kirchner mediante una consulta convocada sin base legal expresa un año antes de que Hugo Chávez reformara la constitución venezolana por esta vía. Hubo consultas ambientales impulsadas por vecinos en distintos puntos del país, en general con escaso éxito. La mayoría de las iniciativas ciudadanas terminan archivadas sin siquiera ser discutidas.
En las prácticas recientes, lejos del ideal participativo, los protagonistas fueron los gobernadores que buscaban la reelección (pero no todos tuvieron éxito), mientras que las iniciativas ciudadanas se convierten en el ejemplo más flagrante de su fracaso.
El problema más que jurídico es político. Durante décadas convivieron en Argentina dos formas distintas de limitar la participación ciudadana. Una, heredera del republicanismo conservador, desconfía de la intervención popular y prefiere dejar las grandes decisiones en manos de las élites. La otra habla en nombre del pueblo, pero reserva la capacidad de decidir a líderes fuertes o estructuras partidarias jerárquicas y rígidas.
De Rosas a Milei. Una historia política de la democracia directa en Argentina, un libro escrito junto con María Laura Eberhardt (Editorial Prometeo, 2026) reconstruye, por primera vez de manera sistemática, más de un siglo de debates y experiencias con la democracia directa. La obra revela las formas en que se disputa y redefine el poder político en la Argentina. No idealiza estos instrumentos. La experiencia internacional muestra que pueden fortalecer la democracia, pero también ser utilizados por líderes autoritarios o populistas para concentrar poder. Los ejemplos abundan, desde Napoleón hasta Hugo Chávez.
Detrás de esos casos aparece un patrón más amplio. La democracia directa funciona como un espejo de la representación política. Allí donde existen instituciones sólidas y reglas claras, puede ampliar la capacidad de decisión ciudadana, como ocurre en Suiza o en nuestro vecino Uruguay. Allí donde predominan el personalismo y la concentración del poder, suele transformarse en un instrumento más de la disputa entre dirigentes o en papel mojado.
Hoy Argentina atraviesa una nueva etapa de incertidumbre política. Cada vez que la representación entra en crisis reaparece la idea de consultar directamente a la ciudadanía. Ocurrió con Menem, con Milei y probablemente volverá a ocurrir. La pregunta no es si habrá nuevos referéndums o consultas populares. La pregunta es quién decide, cómo decide y cuánto puede intervenir la ciudadanía en la toma de decisiones.
De Rosas a Milei. Una historia política de la democracia directa en Argentina se presentará en la Feria Internacional del Libro de Gualeguaychú el 25 de julio, a las 15.30 horas.
Yanina Welp
Politóloga y comunicadora (Geneva Graduate Institute y Red de Politólogas)
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