Palestina como paradigma del presente mundial
En Palestina sitiada. El devenir nakba del mundo (LOM), Rodrigo Karmy Bolton piensa Gaza no como una tragedia confinada a un territorio remoto, sino como el paradigma político de nuestro presente. En diálogo con PERFIL, analiza el 7 de octubre de 2
En conversación con PERFIL, el autor de Palestina sitiada. El devenir nakba del mundo rescata la importancia de la escritura en momentos de devastación civilizatoria como el actual, el papel de la memoria en los procesos de resistencia política y analiza con una original perspectiva los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 y sus repercusiones, no sólo en la Franja de Gaza, sino en el mundo entero.
El libro reúne un conjunto de textos breves pero profundos, publicados previamente en distintos medios, que fueron agrupados en este libro, no de manera cronológica, sino conceptual: Devenir nakba del mundo; Palestina cosmopolita; Israel es un sueño; Intifada; Orientalismo mediático; Gaza y Universidad, conforman los ocho capítulos en los que el autor analiza a fondo la cuestión palestina en sus dimensiones históricas, político-culturales y, también, respecto de sus repercusiones en la geopolítica mundial actual. Los escritos aquí reunidos cuentan con la virtud de haber sido publicados luego del 7 de octubre de 2023, con lo cual analiza sin concesiones aquello que caracteriza como un acto de resistencia armado, una sublevación protagonizada por la resistencia palestina para ejercer el derecho al retorno a la tierra expropiada por la colonización sionista. De allí que no sea una lectura tranquilizadora, ya que se nos interpele de manera directa: no da lo mismo que el Estado sionista perpetre el genocidio con los pueblos en su contra que con los pueblos en silencio, escribe.
En tiempos de boom del streaming, de los podcast, de los reel de Instagram y los videos de TikTok, hay quienes como en su caso insisten con la escritura y la publicación de libros, incluso en formato papel. ¿Por qué?
Creo que la escritura está entrando en una mayor fase de clandestinidad. Siempre la escritura ha sido un poco clandestina, pero en esta época vuelve a tener mucho más ese estatuto, en el sentido de que en el capitalismo cognitivo tramado por ciertas universidades y think tanks, la escritura de ensayos, de libros, vale cada vez menos o, directamente, no vale nada, porque es dislocante de ciertos dispositivos de control, como el paper. Pero hay otro tipo de escrituras que son las que pueden interrumpir, suspender el fárrago informacional, sobre todo en un contexto como el actual, en el que los neofascismos que encuentran su impulso técnico-histórico en la revolución tecnológica de la IA, tienen una política que consiste en realizar una afrenta directa al lenguaje. El fascismo es, entre otras cosas, eso: un proyecto destinado a la destrucción radical del lenguaje y el aplastamiento total de la escritura. Esto es muy interesante de pensar en relación determinadas creencias, ilusiones diría, que los neofascismos contemporáneos plantean, como que la tierra es plana. Eso que puede ser pensado como un absurdo es en realidad un deseo destructivo orientado a aplanar el mundo en el que vivimos. Y cuando aplanas el mundo, lo inmunizas respecto de la escritura, que es una erótica que constituye mundos y los sostiene. Me gusta siempre, en ese sentido, diferenciar entre mundo y globo.
Karmy Bolton dice que cuando se escribe sobre Palestina se produce un singular efecto, que pareciera como estar situados en una especie de suspensión del tiempo histórico. También insiste en que la lengua del sionismo, que se hizo política de Estado desde Israel, es una lengua del exterminio planetario y que, frente a él, la nakba, en tanto memoria del pueblo palestino, no designa un hecho histórico, sino un proceso colonial que no deja de suceder, en la búsqueda por clausurar el porvenir de un pueblo. De allí que, en el libro, pueda leerse que el sionismo no va por su presa (Hamas), como dice, sino por todos los habitantes de Gaza y, en particular, por les niñes. La fórmula israelí, en su guerra preventiva que asume la forma del exterminio, sería así: matar a todo para matar toda resistencia. Temer o morir, ese parecería ser el destino para el pueblo palestino. Eso, subraya Karmy Bolton, es lo busca la máquina sionista: se trata de que no haya más niños palestinos porque se trata de que no haya porvenir palestino. Desde ese prisma analiza lo sucedido en los últimos dos años y medio.
¿Cómo pensar entonces la cuestión palestina después del 7 de octubre?
Siempre están las especulaciones respecto de si no fue un autoatentado o de cómo podía ser que los servicios secretos no tuvieran información. Pero yo creo que, más allá de la información de la que disponían, ni los servicios secretos del estado ni Netanyahu creyeron que algo así podía ser posible. Eso es lo importante: que no creyeron que algo así pudiera suceder porque se sostenían sobre ese imaginario de invulnerabilidad. En ese sentido es que destaco que la resistencia palestina se transforma en una vanguardia, no por conducir a las masas del mundo hacia la revolución, sino por ser capaz de habilitar una composición afectiva diferente a la del ciclo de revueltas de la década anterior, que hoy se fortalecen y abren caminos en distintos sitios, y que vemos con mucha fuerza por ejemplo en Estados Unidos, donde las prácticas de ICE son muy parecidas a las prácticas de represión que aplica Israel. Por eso en mi libro destaco aquello que dijo David Marriott sobre el devenir negro del mundo, para pensar hoy no en términos de un sujeto de la historia, sino de un proceso de catástrofe, de devastación que ya no es privativo del territorio palestino, sino que se hace extensivo a nivel mundial. Por eso no podemos pensar, como la izquierda lo hizo en el siglo anterior, en que la cuestión Palestina es un problema del tercer mundo, porque está en el centro no en la periferia, es la imagen del mundo. En ese sentido, Palestina es un paradigma del presente.