La historia de dos boticas salteñas del siglo XIX
Una fue fundada por don Miguel Fleming y la otra por don Francisco Mendióroz.
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Allá por los años de 1970 la edición N° 103 del Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia de Madrid, integrante de la Academia Real de Farmacia, publicó en España un trabajo de nuestro comprovinciano el Dr. René Joaquín Lávaque, un profesional muy conocido en nuestro medio, no solo por ser bioquímico y farmacéutico sino porque además ejercía la docencia en el Colegio Nacional, en la Escuela Nacional de Comercio y en la Escuela Agrícola.
El trabajo del Dr. Lávaque estaba referido a las dos boticas fundadas en nuestra ciudad en la segunda mitad del siglo XIX. Se refería a las de don Miguel Fleming y de don Francisco Mendíoroz, trabajo que hoy vamos a transcribir casi textualmente por el problema de siempre: el espacio.
"Hasta el año 1870 escribe Lávaque- dos boticas eran el centro obligado de médicos y viandantes de la ciudad de Salta: la de don Miguel Fleming y la de don Francisco Mendioroz. Desde Dublin, Irlanda, llega a Buenos Aires el señor Patricio Fleming. Allí decide instalarse en Salta en 1852 por consejos de don José de Uriburu. Llega a nuestra ciudad y funda la famosa farmacia "El Aguila" (1852-1961) en la calle Alvarado, entre Libertad (Alberdi) y La Florida y que luego se mudara a La Florida 162, lugar donde funcionó por mucho tiempo. Su actuación profesional (se refiere a Fleming) fue brillante. Colaboró cuando la invasión del caudillo catamarqueño Felipe Varela y también durante el cólera morbo, epidemia que azotó a Salta en 1886, recibiendo por sus servicios profesionales el justo reconocimiento del gobierno y del pueblo de Salta.
Posteriormente Fleming vendió su botica al farmacéutico don Francisco Ortelli, que conocí como decano de los colegas al iniciarme en la profesión. Pero años antes, al ingresar en la farmacia, me llamó la atención su organización y las hermosas colecciones de frascos que tenía.
Finalmente digamos que la farmacia "El Aguila", cerró definitivamente sus puertas el 26 de marzo de 1961 y a 109 años de su fundación.
La otra botica
"Curiosamente prosigue Lávaque sin mencionar fechas- don Francisco Mendióroz Idibarre instaló su farmacia del Indio muy cerca de la anterior pero al frente, en la acera norte de la calle Alvarado y también entre Alberdi y La Florida. A su fallecimiento (fines del siglo XIX), desapareció esta botica que tanto hiciera en favor de la población en las diversas oportunidades que se necesitó de su noble acción. Mendióroz era un hombre culto que frecuentaba amistad con médicos de la ciudad como el Dr. Pablo Mentegazza, Dr. Pedro Pardo (fundador de la Academia de Medicina), los exgobernadores doctores Moisés Oliva y Cleto Aguirre, oftalmólogo y el cirujano militar Joaquín Díaz de Bedoya. El hecho es que a la muerte de Mendióroz, su hijo (Francisco Mendióroz Reto Carranza) ya médico, cerró la farmacia en nuestra ciudad y la trasladó a Tucumán donde residía con su familia y su madre viuda".
Los preparados
Más adelante, Lávaque describe no solo el movimiento comercial de estas boticas sino que además brinda detalles del interior de estos negocios. Dice así: "Son similares en sus detalles a las europeas, iniciaban sus actividades desde muy temprano para aprovechar la llegada de las caravanas de vendedores y compradores desde pueblos vecinos para adquirir remedios, agua florida, talco, anilinas, incienso, mirra y otros medicamentos. Se realizaban en ellas recetas farmacéuticas entre las que se destacaban las bebidas, los sellos u obleas, pomadas, líquidos con las drogas que indicaban los médicos.
En la farmacia "El Aguila" los primeros específicos de una larga lista, muchos de ellos ya desaparecidos (años de 1970) había por ejemplo: te Maaikur de la sor Afra que era para mantener la salud y que lo preparaban los laboratorios médicos-farmacéuticos de "L'Homme de Fer", Strasbourg de Francia; también el jarabe Calaya para las fiebres palúdicas y perniciosas; el preparado del Dr. A. Roudel, de Bourdeos; las ampollas "Arsycoidile", medicación de cocodilatados o píldoras; la Pinerazine Midy, perlas de esencia de tramantine o de éter; "Clretan", para neuralgias y jaquecas; Chocolates de Rousseau con polvo de carne; Emulsión de Scott; píldoras de Witi; jarabe Famel; soda de Seltz, entre los más conocidos de entonces".
Secretos del laboratorio
En su interior, había una gran mesa de mármol que sostenía un anaquel con frascos de drogas de colores azul cobalto o rojo con rótulos a fuego, potes de vidrio, porcelana y loza, decorados con flores y hojas doradas para pomadas y ungüentos, frascos de vidrio de elegante forma con tapa de esmeril. En fin, un sinnúmero de vasos, probetas, morteros, alambiques, retortas, obleteros, etc. Era el material con que el farmacéutico efectuaba el arte y ciencia para confeccionar esta clase de medicamentos magistrales.
Al final del laboratorio, estaba la trastienda-despensa, en cuyos estantes había lo más disímil de imaginar entre frascos de vidrio, botellas, cajas, papeles y una gran tina de madera con agua para el lavado y un secador de estantes con escurridos y manteles. A un costado del laboratorio se encontraba la biblioteca-escritorio que tenía un cuadro con una escena que mostraba a Avicena (980-1037) (nombre latinizado del científico persa Abu Ali alHuasayn, autor del Canon de la Medicina) en su estudio rodeado de pacientes; un gran reloj de péndulo enmarcado con libros y revistas, el libro del recetario central para el asiento de fórmulas magistrales. Allí también estaba un armario con alcaloides y venenos cerrado con llave que a buen resguardo tenía su dueño para evitar la salida furtiva de estas sustancias. Farmacopeas, Codex (lat. códigos). Formularios, libros de química en francés o inglés, tratado de farmacognosia y mucho mas, sin contar indicaciones de la flora indígena del norte y otros de autores varias que servían de consulta.
Durante la epidemia del cólera que azotara a Salta (1886-1887) y al país, diversos medicamentos preparados allí fueron remitidos al departamento de Anta por cuenta y orden del gobierno provincial. Una nota-remito del 11 de marzo de 1887 da cuenta del envío detallado en gramo de los siguientes productos: Subnitrato de bismuto, Polvo de opio, Manzanilla, Menta., Papeles purgantes, Sulfuro negro de mercurio, Acelato de plomo, Esencia de trementina, Clorodina, Soda refrescante, Acido Fénico, Láudano de Sydenhayn, Azufre, Bicloruro de mercurio. Firma el remito el Dr. Pedro Frías (médico).
Según Lávaque, el doctor Sidney Tamayo (1844-1910) solía recetar para anémicos y bócicos (cotos), píldoras de manteca de cacao y que a su pedido las elaboraba la farmacia "El Aguila". Los compuestos de esas píldoras eran los siguientes: Limadura de hierro 6.00 g, Yodo 4.00 g, Manteca de Cacao e.s.. Instrucción: "Fundir la manteca de cacao, espolvorear la limadura y en ella disolver el Yodo. Dividir en píldoras y cubrir con goma y azúcar".