Enrique Muiño, el artista intuitivo que protagonizó 24 películas y se codeó con los mejores de su época
Fue una de las cinco caras más relevantes de la historia del cine argentino. Su vida confirma que los grandes están siempre expuestos porque viven iluminados.
Si hiciésemos una encuesta acerca de cuales fueron los cinco actores más relevantes del cine argentino, estamos seguros que estaría entre ellos Enrique Muiño.
Este actor engalanó con su talento y su recia personalidad, la primera mitad del siglo XX, en los escenarios teatrales primero, y en el cine, después. Y si no llegó a la TV fue solamente porque cuando falleció -en mayo de 1956- la pantalla chica daba recién sus primeros pasos.
Enrique Muiño, un actor intuitivo
Muiño nació en Buenos Aires el 5 de septiempre de 1881 en pleno barrio de Constitución. Sus padres, gallegos, tuvieron once hijos (nueve de ellos varones).
Ni sus padres ni sus diez hermanos todos mayores que él- mostraron aptitud artística alguna.
Enrique Muiño fue un actor intuitivo. Además tuvo muy poco estudio: no llegó a terminar el cuarto grado de la escuela primaria.
Cuando tenía 13 años, era un adolescente muy rebelde. Su padre lo inscribió entonces contra su voluntad, en la escuela de grumetes de la Armada.
Como consecuencia de esa decisión, se embarcó en buques de la Marina de Guerra, incluso en la Fragata Sarmiento y recorrió numerosos países. Y en los barcos para las horas de ocio- y teniendo sólo 17 años, escribió una rudimentaria obra de teatro, que interpretó con tres compañeros, reservándose él, el papel de galán -¡con 17 años!. Es que se sentía actor. Y hay llamas que, encendidas, jamás podrán apagarse.
A los 21 años, se retiró de la Armada y un año después, dio el primer peldaño de su brillante carrera teatral: ingresó en la Compañía de Jerónimo Podestá. Seis años después, ya estaría con otro elenco: el de Pepe Podestá. Al año siguiente, ya integraba ya la compañía de Florencio Parravicini.
Sus amigos festejaron con un pequeño agasajo su cumpleaños número 35. Y en el brindis, Enrique Muiño dijo: Tengo ya 35 años. Les prometo que si no logro encabezar mi propia compañía, dejaré el teatro
Tres meses después, debutaba al frente de un elenco teatral, junto a Elías Alippi y dirigidos por José González Castillo. Nueve años duró el dúo MuiñoAlippi en una primera etapa. Después de una pausa de algunos años, continuaron con el rubro.
En la obra inicial, un dúo criollo hacía una fugaz aparición. ¿El nombre de este dúo?: GardelRazzano.
Con Alippi, Muiño hizo obras teatrales de antología:
- Así es la Vida
- Los Mirasoles
- Los Tres Berretines
Enrique Muiño y el cine
Con la llegada del cine mudo, Muiño filmó unas pocas películas. Pero ya el cine sonoro cimentaría su fama con títulos recordables:
- Viento Norte
- La Guerra Gaucha
- Su Mejor Alumno
- El Cura Gaucho.
Fueron 24 películas en total. Y omito Así es la Vida, porque quería relatar una breve anécdota que ratifica su alta aptitud actoral.
Tenía casi 60 años y estaba filmando Así es la Vida, con Elías Alippi, Enrique Serrano, García Buhr y Sabina Olmos.
La dirigía Francisco Mugica, amigo de Muiño, pero exigente en su trabajo.
Mugica la reprochó a Muiño diciéndole: Lo hacés muy teatral y en esta escena que es realmente triste, no asoma una lágrima a tus ojos. Y Muiño le contestó: No me dijiste que debía llorar. Filmá otra vez, por favor.
Se filmó nuevamente y Muiño lloró entonces profusamente. Pero otro actor equivocó su texto y hubo que repetir la escena, que en definitiva se reiteró cuatro veces. En todas, Muiño lloró a mares. ¡Es que era realmente un gran actor!.
Y un frío 24 de mayo víspera de nuestra fecha patria- él, que era un buen pintor, había estado varias horas pintando.
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Al anochecer, dijo a sus familiares: Antes de cenar, voy a dormir un rato. Tengo mucho sueño. Ya nadie pudo despertarlo. Fue una muerte suave y pacífica, para una vida tan agitada.
Tal vez en ese último sueño, recorrió su querida Buenos Aires y se sentó en la inolvidable mesa del café que había compartido mil veces con sus leales amigos José Ingenieros, Evaristo Carriego y Roberto Payró.
Y un aforismo para este grande del arte:
El arte necesita al artista. Pero el artista respira por el arte.