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El dia La Plata 14/06/2026 08:32 4 min de lectura

Una transformación radical que se impuso en el cine | El Dia

Luego de que la tendencia de los desnudos masculinos estallara en la pantalla chica y las redes sociales, muchos comenzaron a preguntarse si mostrar penes y glúteos masculinos es, efectivamente, una conquista de la igualdad o si corremos el riesgo de

Una transformación radical que se impuso en el cine | El Dia
Foto: El dia La Plata

Luego de que la tendencia de los desnudos masculinos estallara en la pantalla chica y las redes sociales, muchos comenzaron a preguntarse si mostrar penes y glúteos masculinos es, efectivamente, una conquista de la igualdad o si corremos el riesgo de caer en una nueva forma de objetivación.

Los críticos coinciden en que, cuando el desnudo está justificado por la psicología del personaje y la veracidad de la escena, representa un avance en la representación. Sin embargo, cuando se utiliza solo como clickbait digital para atraer audiencias en redes sociales, el cuerpo masculino simplemente ocupa el lugar que antes le correspondía al femenino, sin cambiar la estructura de poder.

Si bien la tendencia nos habla de una sociedad que está intentando reconciliarse con la representación del físico masculino, hoy ya no es suficiente con tener en escena al cuerpo desnudo del galán de Hollywood. Las audiencias actuales buscan la humanidad, la cicatriz, la realidad física.

En sintonía con eso, en los últimos días llamó poderosamente la atención la aparición de Homer Gere, el hijo de Richard Gere, en Euphoria. El joven actor de 26 años provocó una ola de reacciones en redes debido a su físico, muy alejado de la hegemonía que maneja esa serie, con Jacob Elordi como máxima representación.

En la escena con la actriz Sidney Sweeney, Homer aparece luciendo un bóxer negro, y al margen de las críticas obvias que rondaron en torno a que no tiene un físico de gimnasio, muchos celebraron que la serie pudiera mostrar un cuerpo más real en una escena alejada de los brillos y la perfección pulida y de ensoñación que fue la marca registrada de esta producción.

Con estos cambios, muchos señalan que tal vez el futuro de la televisión no va a estar en el tabú, sino en la transparencia, en mostrar más, sin ser una TV pornográfica pero tampoco tan pacata.

El cine vive una transformación radical en su forma de retratar el cuerpo humano. Tras casi un siglo donde el desnudo femenino fue la norma indiscutible en dramas, géneros eróticos y producciones comerciales, la balanza se está equilibrando, respondiendo a una profunda exigencia de equidad estética y narrativa.

Creadores modernos buscan romper con la herencia del male gaze (óptica masculina), aquella mirada cinematográfica que históricamente cosificó a las mujeres mientras protegía la privacidad de los hombres. Directores como Sam Levinson o Judd Apatow defienden abiertamente la visibilización de la anatomía masculina en sus proyectos. Incluso, en producciones como Savages de Oliver Stone, se invierte la regla clásica: los actores Taylor Kitsch y Aaron Taylor-Johnson se exponen por completo mientras sus coprotagonistas femeninas permanecen cubiertas.

El cambio no sólo tiene que ver con la estética, sino que también es conceptual. En el Hollywood de décadas pasadas, mostrar los genitales de un hombre se reservaba casi exclusivamente para la comedia absurda, buscando la risa del público a través de la humillación del personaje. Hoy, la desnudez es una herramienta de alta vulnerabilidad emocional o crudeza.

El ejemplo contemporáneo más emblemático es el inquietante cierre de Saltburn, donde el actor Barry Keoghan protagoniza un desnudo frontal explícito y baila sin ropa por una mansión. Aquí, la ausencia de prendas no busca el chiste, sino retratar el quiebre psicológico del protagonista. Del mismo modo, Michael Fassbender en Shame expuso su cuerpo como reflejo de la adicción y el tormento interno.

Esta ola transformadora redefinió las dinámicas de los rodajes actuales. Para proteger la integridad física y emocional de los intérpretes, la industria implementó la presencia obligatoria de coordinadores de intimidad, profesionales encargados de coreografiar cada secuencia sexual bajo estrictos consensos. Además, la tecnología detrás de escena introdujo el uso de prótesis de hiperrealismo avanzado o stunt junk.

Esto demuestra que, ya sea mediante la entrega actoral genuina o el uso de dobles prostáticos, el cine del siglo XXI reafirmó el cambio de paradigma en el afán de contar historias más honestas, maduras y democráticas.

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