El enigma del zumbido de Taos: el misterioso sonido que hace 30 años desconcierta a científicos
Un extraño sonido de baja frecuencia que sólo podía ser percibido por una pequeña parte de la población convirtió a la local...
Un extraño sonido de baja frecuencia que sólo podía ser percibido por una pequeña parte de la población convirtió a la localidad estadounidense de Taos, en Nuevo México, en el escenario de uno de los mayores enigmas acústicos de las últimas décadas. Conocido mundialmente como el "Taos Hum", el fenómeno motivó investigaciones científicas, hipótesis de todo tipo y hasta la intervención de autoridades federales, aunque más de 30 años después todavía no existe una explicación definitiva sobre su origen.
Todo comenzó a principios de la década de 1990, cuando varios habitantes de Taos empezaron a describir un ruido persistente y difícil de identificar. Algunos lo comparaban con un motor diésel funcionando a lo lejos; otros aseguraban escuchar una vibración constante, un zumbido grave o el ronroneo de una maquinaria que nunca se detenía. Lo más llamativo era que muchas personas no percibían absolutamente nada, aun encontrándose en el mismo lugar.
Una de las primeras vecinas en hacer pública su experiencia fue Catanya Saltzman, quien afirmó haber comenzado a escuchar el sonido en 1991. Poco después también lo percibió su esposo, Bob Saltzman. Al descubrir que otros residentes describían exactamente el mismo fenómeno, Catanya escribió una carta al periódico local Taos News en 1992. A partir de esa publicación comenzaron a multiplicarse los testimonios y el caso trascendió las fronteras de Nuevo México.
Las descripciones nunca fueron completamente iguales. Mientras algunos comparaban el sonido con un tractor trabajando a la distancia o un camión estacionado con el motor encendido, otros hablaban de un zumbido acompañado por una vibración o un leve silbido. Tampoco la intensidad era uniforme. Para ciertos habitantes apenas representaba una molestia ocasional, pero para otros derivó en trastornos del sueño, dificultades para concentrarse, ansiedad, agotamiento e incluso la decisión de abandonar la zona.
La falta de una fuente evidente alimentó aún más el misterio. Si el ruido provenía de una fábrica, una instalación industrial o cualquier maquinaria, los investigadores debían poder detectarlo. Sin embargo, ocurría algo inusual: quienes aseguraban escucharlo no encontraban respaldo en las mediciones realizadas con instrumentos científicos.
Ante la cantidad de denuncias presentadas por residentes, en 1993 se puso en marcha una investigación impulsada luego de que representantes de Nuevo México en el Congreso solicitaran respuestas. Participaron especialistas de la Universidad de Nuevo México, Sandia National Laboratories, Los Alamos National Laboratory y del Phillips Laboratory de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Durante aproximadamente una semana, el equipo desplegó micrófonos de alta sensibilidad, sensores sísmicos, detectores de señales eléctricas, magnéticas y electromagnéticas, además de equipos preparados para registrar sonidos de frecuencias extremadamente bajas. Pese al amplio despliegue tecnológico, no lograron identificar ninguna fuente externa capaz de explicar las percepciones de los vecinos.
Joe Mullins, uno de los investigadores de la Universidad de Nuevo México, reconoció que el fenómeno resultó mucho más complejo de lo esperado y que ninguna de las hipótesis evaluadas permitía resolver completamente el caso.
Otro dato que llamó la atención surgió cuando algunas de las personas afectadas intentaron reproducir el sonido mediante generadores de frecuencia. La mayoría ubicó el zumbido entre los 33 y los 80 hertz, una franja muy baja dentro del rango audible para el ser humano, que se extiende aproximadamente entre los 20 y los 20.000 hertz. Sin embargo, las recreaciones tampoco coincidían plenamente entre sí, ya que cada individuo parecía experimentar el fenómeno de manera ligeramente diferente.
Esa situación abrió una nueva línea de investigación: la posibilidad de que el origen del fenómeno no estuviera fuera del cuerpo humano, sino en la forma en que determinadas personas perciben las bajas frecuencias. El especialista en audición James Kelly estudió esa hipótesis y analizó si ciertos individuos poseían una sensibilidad auditiva superior para detectar sonidos de muy baja frecuencia.
También se investigó el papel de las emisiones otoacústicas, pequeños sonidos producidos por el propio oído interno durante su funcionamiento normal. Esa posibilidad podría explicar por qué una persona escucha un ruido inexistente para otra situada apenas a unos metros. Sin embargo, tampoco fue posible demostrar que esa fuera la causa definitiva.
Otra explicación evaluada fue el tinnitus, una alteración auditiva que provoca la percepción de zumbidos, pitidos o silbidos sin una fuente sonora externa. No obstante, los investigadores encontraron diferencias importantes. Quienes aseguraban escuchar el Taos Hum afirmaban que el fenómeno estaba asociado a lugares específicos y desaparecía al alejarse de la región, algo que no coincide con las formas habituales de tinnitus.
La ausencia de respuestas favoreció el surgimiento de teorías conspirativas. Una de las más difundidas vinculó el fenómeno con instalaciones militares, teniendo en cuenta la presencia histórica de centros científicos y proyectos reservados en Nuevo México. Se especuló con radares, sistemas de comunicación de muy baja frecuencia y otras tecnologías experimentales. Incluso el Departamento de Defensa fue señalado como posible responsable.
Las sospechas llegaron hasta Washington. El entonces congresista Bill Richardson recibió numerosas denuncias de ciudadanos y promovió una investigación oficial. Sin embargo, el Departamento de Defensa negó que alguno de sus proyectos conocidos estuviera relacionado con el fenómeno y las investigaciones tampoco hallaron evidencias que respaldaran esa teoría.
Las encuestas realizadas durante el estudio determinaron que apenas alrededor del 2% de la población de Taos aseguraba escuchar el misterioso zumbido. Ese dato explicaba por qué dos personas podían permanecer en el mismo sitio y tener percepciones completamente distintas del entorno.
Con el paso del tiempo comenzaron a registrarse relatos similares en otras regiones de Estados Unidos y del mundo. Uno de los antecedentes más conocidos fue el llamado Bristol Hum, reportado en Inglaterra desde la década de 1970. Esa coincidencia llevó a los investigadores a plantear que el fenómeno podía responder a distintas causas según el lugar donde se manifestara.
Entre las hipótesis convencionales también se analizaron fuentes industriales de baja frecuencia, como transformadores eléctricos, sistemas de ventilación, bombas, motores, maquinaria pesada o vehículos. En determinadas condiciones atmosféricas y geográficas, estos sonidos pueden propagarse a grandes distancias. Sin embargo, en Taos nunca se logró identificar una instalación concreta que explicara las características denunciadas por los habitantes.
La geografía de la región también fue objeto de estudio. Rodeada por montañas, Taos presenta condiciones topográficas capaces de modificar la propagación del sonido. Aun así, tampoco se encontró un origen acústico en el relieve circundante.
Los científicos descartaron igualmente una posible explicación sísmica. Los sensores instalados detectaron únicamente movimientos normales del terreno, sin relación con el zumbido descrito por los residentes.
Esa combinación de testimonios persistentes y ausencia de pruebas físicas convirtió al caso en una verdadera paradoja científica. Las personas que afirmaban escuchar el sonido experimentaban una percepción real, pero los instrumentos no lograban registrar una fuente acústica equivalente. Para los especialistas, eso no implica que los afectados inventaran el fenómeno, sino que percibir un sonido y demostrar la existencia de una onda sonora externa son cuestiones diferentes.
Las investigaciones permitieron descartar varias hipótesis: no aparecieron evidencias de una fuente acústica identificable, actividad sísmica anormal, señales electromagnéticas compatibles ni participación de instalaciones militares. Sin embargo, eliminar posibilidades no significó resolver el misterio.
Actualmente, muchos investigadores consideran que la clave podría encontrarse en las diferencias fisiológicas del sistema auditivo humano o en una combinación de sonidos ambientales de muy baja frecuencia que sólo algunas personas son capaces de detectar. Tampoco se descarta que distintos casos conocidos como "hum" respondan a causas completamente diferentes.
Más de tres décadas después de las primeras investigaciones, el Taos Hum continúa siendo uno de los fenómenos acústicos más estudiados y debatidos del mundo. Sin pruebas de conspiraciones militares, señales extraterrestres o tecnologías secretas, el caso permanece abierto como un desafío para la ciencia: un sonido cuya existencia fue denunciada por numerosos habitantes, pero que los equipos de medición nunca consiguieron localizar.