Alumnos convirtieron la vereda de su colegio en una obra de arte - Primera Edición
La vereda del CEP 21 de Leandro N. Alem dejó de ser un simple lugar de paso para convertirse en una galería de arte a cielo abierto. Desde fines de julio...
La vereda del CEP 21 de Leandro N. Alem dejó de ser un simple lugar de paso para convertirse en una galería de arte a cielo abierto. Desde fines de julio, el ingreso al establecimiento luce una imponente obra en mosaico creada por quienes la recorren todos los días: los propios estudiantes, que transformaron el espacio cotidiano en un símbolo de creatividad, encuentro y pertenencia.
Del 29 y el 31 de julio, cerca de 290 alumnos de primero a quinto año, de ambos turnos, participaron en la creación de un mosaico colectivo de aproximadamente 70 metros cuadrados, una iniciativa impulsada por el Área de Educación Artística que transformó el ingreso a la escuela y dejó una experiencia de compañerismo, creatividad y trabajo colectivo para toda la comunidad educativa.
Durante las jornadas de trabajo, el paisaje urbano frente al establecimiento cambió por completo. Organizados en cincuenta sectores y distribuidos en equipos de cinco integrantes, los estudiantes se entregaron con entusiasmo a la tarea de cortar cerámicas, preparar mezclas, colocar cada pieza y realizar el tomado de juntas. El sonido constante de los martillos, el ir y venir de los baldes con mezcla y la coordinación entre los grupos marcaron el pulso de una experiencia que demandó paciencia, organización y compromiso, convirtiendo la vereda de la escuela en un verdadero taller de arte que servirá para el disfrute de los transeúntes.
Aunque el cansancio se hizo sentir, el entusiasmo nunca desapareció. En varias oportunidades fue necesario rehacer sectores completos que se habían desprendido por el tránsito o por el movimiento propio de la obra. Sin embargo, lejos de desanimarse, los grupos comenzaron a ayudarse mutuamente: Todo era de todos, comentaban docentes y estudiantes al recordar cómo quienes terminaban su sector se acercaban espontáneamente a colaborar con los demás, transportando materiales, preparando mezcla o reforzando partes del mosaico.
Para quienes participaron, el proyecto significó mucho más que aprender una técnica artística, fue una experiencia de trabajo en conjunto y camaradería. Uno de los estudiantes expresó: La mosaiqueada fue, y probablemente será, el mejor proyecto que hice en mi secundaria. Fue largo, agotador, pero valió la pena cada segundo. Sentí sueño, sed y dolores en el cuerpo, pero aun así pude disfrutarlo con el alma hasta el último instante.
El joven también destacó el valor que tendrá esta experiencia con el paso del tiempo: Desde que empecé, me decía a mí mismo y a mis amigos que, cuando sea viejo y me pregunten sobre mi época escolar, este será el primer recuerdo que vendrá a mi mente y cuánto lo disfruté, expresó. Además de trabajar en su propio sector, relató que una vez finalizada su tarea decidió sumarse a otros grupos para colaborar en la reparación de las partes que se habían aflojado. Nos dedicamos a levantar las partes que se habían despegado, volverlas a pegar con paciencia y reforzarlas con una mezcla más líquida para que el acabado fuera perfecto.
Uno de los momentos más recordados ocurrió al finalizar una de las jornadas. Tengo grabado en el corazón aquel jueves: nos quedamos trabajando hasta que el sol se ocultó, compartiendo un tereré helado y haciendo una pausa en el atardecer para contemplar la vida, el esfuerzo y la belleza de lo que estábamos logrando juntos, recordó el joven con gran emoción.
Con los últimos retoques y el tomado de juntas concluyó una experiencia que dejó una marca imborrable en la comunidad educativa. Los abrazos, las sonrisas y la emoción acompañaron el cierre de una obra como el broche de oro que permanecerá como parte del paisaje cotidiano del barrio. Más allá de embellecer el ingreso al establecimiento, la intervención fortaleció el trabajo colaborativo, el sentido de pertenencia y el vínculo entre estudiantes, docentes y comunidad, embelleciendo este rincón de la Capital de la Alegría.
Los mándalas confeccionados con partes de cerámicas que hoy reciben a quienes llegan al CEP N.º 21 son mucho más que un mosaico: representan el esfuerzo compartido, la creatividad y el compromiso de una generación de jóvenes que decidió dejar su huella a través del arte. El mosaico permanecerá como parte del paisaje urbano, pero también como memoria de una experiencia compartida entre docentes y alumnos del establecimiento. En palabras del crítico francés Nicolas Bourriaud (1998), el arte puede entenderse como un espacio donde se construyen relaciones humanas antes que objetos. Una frase que durante tres días, cobró vida en las manos de cientos de estudiantes, quienes transformaron una vereda en una obra de arte y, al mismo tiempo, fortalecieron los vínculos que dan sentido a una comunidad educativa y a este municipio misionero.