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Policiales y Judiciales
Diariochaco hace 15 horas 5 min de lectura

Isidro Velázquez: el mito del "Robin Hood chaqueño" que nació entre el monte y terminó bajo una lluvia de balas

Fue uno de los hombres más buscados del país, protagonizó secuestros, robos y enfrentamientos con la Policía. Para la Justicia era un peligroso delincuent

Isidro Velázquez: el mito del "Robin Hood chaqueño" que nació entre el monte y terminó bajo una lluvia de balas
Foto: Diariochaco

Hay historias que sobreviven a sus protagonistas. En los caminos de tierra del interior chaqueño, entre los montes de Quitilipi, Machagai y Colonia Elisa, todavía se pronuncia un nombre con respeto, misterio y hasta devoción: Isidro Velázquez.

Para algunos fue un delincuente despiadado. Para otros, un hombre que desafió al poder y repartía parte de lo que obtenía entre quienes menos tenían. Entre esas dos versiones nació uno de los mitos populares más grandes del nordeste argentino.

DEL MONTE CORRENTINO AL CHACO PROFUNDO

Isidro Velázquez nació el 15 de mayo de 1928 en Mburucuyá, Corrientes, en una familia numerosa integrada por 22 hermanos. A fines de la década del 40 se trasladó junto a sus padres a Lapachito, donde comenzó a trabajar en el campo.

Quienes lo conocieron recuerdan que desde pequeño tenía una relación especial con el monte. Era un baqueano extraordinario, conocía los esteros y los caminos ocultos como pocos. Esa habilidad, que primero utilizó para el trabajo rural, terminaría convirtiéndose en su principal arma para escapar durante años de la Policía.

Ya instalado en Colonia Elisa, formó una familia y trabajó como peón rural. Sin embargo, para comienzos de los años sesenta su prontuario ya registraba causas por robos, hurtos y evasión.

Las versiones sobre cómo comenzó su vida delictiva nunca coincidieron. Algunos sostienen que fue perseguido injustamente por las autoridades. Otros afirman que eligió el camino del delito. Lo cierto es que, junto a su hermano menor Claudio, desapareció en el monte y comenzó una larga historia de robos de ganado, asaltos y enfrentamientos armados.

EL HOMBRE QUE SIEMPRE LOGRABA ESCAPAR

El 25 de junio de 1962, los hermanos Velázquez protagonizaron uno de los primeros enfrentamientos importantes contra una patrulla policial en las afueras de Colonia Elisa. Aunque los efectivos contaban con metralletas, carabinas y pistolas, los dos lograron escapar.

A partir de entonces comenzó una persecución que se extendería durante años.

Mientras la Policía multiplicaba los operativos, Isidro y Claudio recorrían pueblos del interior. La fama crecía con cada golpe.

Los relatos de la época cuentan que en varios boliches eran recibidos como verdaderas celebridades. Nadie los denunciaba.

Incluso, el día del cumpleaños de Claudio, decidieron celebrar de una manera insólita: asaltaron un paraje de Costa Guaycurú y les dijeron a los vecinos que bebieran todo lo que quisieran porque ellos pagarían la cuenta.

Aquella fiesta terminó de forma trágica. El comisario del pueblo enfrentó a los hermanos y mató a Claudio. Isidro volvió a internarse en el monte y permaneció desaparecido durante más de un año.

LA SOCIEDAD RURAL OFRECÍA MILLONES POR SU CAPTURA

En 1964 reapareció acompañado por Vicente Gauna, otro delincuente de reconocida peligrosidad.

La dupla secuestró a importantes hacendados, cobró rescates y volvió a desaparecer.

Los ataques se repetían una y otra vez, mientras la presión política y económica aumentaba.

La Sociedad Rural del Chaco llegó a ofrecer dos millones de pesos de recompensa para quien aportara información que permitiera capturarlos.

Los carteles con la recompensa aparecieron en pueblos y ciudades de toda la provincia.

La búsqueda fue inédita para la época. Más de 800 policías participaron de rastrillajes en el monte chaqueño, en uno de los operativos más grandes registrados hasta entonces.

LA EMBOSCADA FINAL

El desenlace llegó el 1 de diciembre de 1967.

Según reconstruyó la investigación, una maestra y un cartero que mantenían contacto con Velázquez y Gauna aceptaron colaborar con la Policía.

Esa noche ofrecieron trasladarlos desde Quitilipi hasta Machagai.

En medio del camino fingieron un desperfecto mecánico y descendieron del vehículo.

Era la señal acordada.

Desde distintos puntos comenzaron a disparar alrededor de 30 efectivos policiales, que descargaron más de 500 balazos contra el automóvil.

Vicente Gauna murió en el lugar.

Isidro logró escapar unos metros entre la oscuridad, incluso hirió a un policía durante la fuga, pero las heridas que ya había recibido terminaron por derribarlo.

A unos 300 metros del vehículo fue alcanzado y abatido por los disparos.

Así terminaba la historia del hombre más buscado del Chaco.

EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

Paradójicamente, su muerte fue el comienzo del mito.

En los días posteriores comenzaron a multiplicarse los relatos que aseguraban que Velázquez repartía parte del dinero obtenido en secuestros y robos entre las familias más humildes del interior.

Para muchos era "El Vengador", una especie de Robin Hood criollo que enfrentaba a los poderosos.

Nunca existieron pruebas judiciales que confirmaran esas historias, pero el relato popular fue creciendo con el paso del tiempo.

El árbol contra el que cayó muerto fue talado por orden de las autoridades.

Los vecinos llegaron antes.

Se llevaron fragmentos del tronco como reliquias.

Con el tiempo, ese lugar comenzó a llenarse de flores, velas y promesas.

Lo mismo ocurrió en su tumba.

ENTRE LA HISTORIA Y EL MITO

Más de cinco décadas después, Isidro Velázquez continúa siendo una de las figuras más controvertidas del nordeste argentino.

Su nombre inspiró películas, libros, investigaciones periodísticas y canciones populares, entre ellas el chamamé "El último sapukay", que recuerda los gritos con los que, según la tradición oral, anunciaba cada uno de sus golpes.

Para la historia policial quedó registrado como un cuatrero, secuestrador y prófugo que desafió durante años a las fuerzas de seguridad.

Para muchos habitantes del Chaco profundo, en cambio, sigue siendo el hombre que se animó a enfrentar a los poderosos y cuya leyenda, aún hoy, continúa viva entre el monte, los caminos rurales y las ofrendas que todavía aparecen donde cayó abatido.

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