Juegos de plástico reciclado y sustentabilidad: cómo es el plan de "microplazas" en Santa Fe
El municipio capitalino proyecta adquirir juegos infantiles con estas características. La intención: reconvertir espacios en mal estado, como microbasurales, en espacios públicos óptimos. La apropiación sociocomunitaria será clave.
Juegos de plástico reciclado y sustentabilidad: cómo es el plan de "microplazas" en Santa Fe
El municipio capitalino proyecta adquirir juegos infantiles con estas características. La intención: reconvertir espacios en mal estado, como microbasurales, en espacios públicos óptimos. La apropiación sociocomunitaria será clave.
Un niño se tira por el tobogán en una plaza de la ciudad. Foto: Archivo Guillermo Di Salvatore
Las plazas no son sólo berves oasis de recreación dentro de la febril dinámica de las grandes urbes. Si se mirara a una ciudad como un cuerpo humano, estos lugares semejarían ser órganos vitales para el desarrollo sano de la vida en comunidad.
En la ciudad de Santa Fe, hay grandes espacios públicos: el Parque Garay, el Parque del Sur; el Parque Federal, incluso se puede citar la Costanera. También, plazas emblemáticas, como la Plaza 25 de Mayo, la Constituyentes, la España; la Pueyrredón, en el barrio Candioti; la Plaza San Martín y la Plaza Italia, entre muchas otras.
En los barrios más alejados del centro, quizás no son tantas las plazas que existen y que están en buenas condiciones. Por eso, la Municipalidad de Santa Fe está impulsando dentro de sus políticas públicas la creación de microplazas sustentables.
En Villa del Parque y El Pozo
Aquí, hay un eje central: cada nueva microplaza ocupa un lugar que estaba en desuso o que se había vuelto peligroso, en términos sanitarios, como por ejemplo un basural a cielo abierto. Tras sanear el lugar, se le devuelve la vida en forma de plaza.
Pero el otro elemento llamativo -por lo simbólico- es que los juegos están hechos con materiales reciclados (plásticos). La última microplaza anunciada por el municipio a través de sus vías oficiales fue en Villa del Parque, puntualmente en la esquina de calles Cristo Obrero y Centenera.
Y la anterior fue en el barrio El Pozo, inaugurada en marzo pasado, cuando el calorcito todavía se empecinaba en quedarse un tiempo más, antes de la llegada del frío. Fue la cuarta microplaza que tiene Santa Fe capital -junto a las de Ciudadela y Las Flores-, según el gobierno municipal.
La microplaza de El Pozo se inauguró en marzo pasado. Foto: Archivo
Este espacio nació del programa Basura Barrio por Barrio, con la intervención de dispositivos municipales como el Eco Canje, Promoción Ambiental, Infancias y Adolescencias, Adultos Mayores, Accesibilidad y Derechos, etcétera.
La intervención tuvo como fin transformar espacios donde antes había un punto de arrojo y acumulación de residuos en lugares de uso para la comunidad, promoviendo entornos limpios, seguros e integrados para los vecinos, decían desde el municipio.
¿Qué se hizo? Se eliminaron residuos y malezas; se desmalezó e iluminó el lugar (en calle Luis Jiménez de Asua al 4200). Se niveló el terreno, se adecuó una canchita de fútbol y se habilitó otra de vóley. Luego se incorporaron juegos y mobiliario urbano construidos 100% con material reciclado.
Concurso de precios
Bajo esos criterios de sustentabilidad medioambiental y urbana antes explicados, la administración a cargo del intendente Juan Pablo Poletti convocó al concurso de precios N° 141/2026 para la adquisición de juegos de plaza de plástico reciclado, justamente, para instalar en nuevas microplazas.
La apertura de las propuestas económicas tendrá lugar este 24 de julio a la hora 10, en el Palacio Municipal. En limpio, lo que se proyecta comprar es el mobiliario para nuevas microplazas, que ocuparán los lugares donde hoy hay microbasurales tipo A (crónicos y mayores) y tipo B (transitorios y de tamaño menor).
Las características
Son 14 los juegos con material reciclado a comprar, los cuales deberán cumplir con el requisito de ser utilizados por niños de hasta 10 años. Se trata de dos subibajas con sistema de giro central. Los materiales deberán ser de alta resistencia y aptos para uso exterior.
También, serán tres calesitas con una capacidad máxima de cuatro personas. Su estructura principal está construida con material reciclado resistente y adaptado al uso intensivo y exterior, con asientos ergonómicos y manijas de sujeción seguras, dicen las especificaciones técnicas.
Asimismo, se incluyen cuatro hamacas dobles, con una estructura de capacidad para dos personas, todo ello con -como se dijo-, materiales reciclados de alta durabilidad. Se incluyen cadenas-elementos de suspensión reforzados y asientos ergonómicos. El sistema de anclaje es por enterramiento en base de hormigón que garantice la seguridad y estabilidad.
Convertir un basural a cielo abierto en una plaza genera pertenencia barrial. Foto: Archivo
Se incluyen tres toboganes con estructuras de un solo carril, que tendrá que incluir la correspondiente estructura con escalera de acceso integrada y barandas de protección. Y finalmente, dos escaleras curvas diseñadas para trepar, con escalones distribuidos de forma ergonómica para facilitar el ascenso y descenso seguro.
El entorno
Las especificaciones aluden a los entornos donde se instalarán estos juegos infantiles. Estarán localizados en espacios verdes y públicos recuperados, es decir, las microplazas, las cuales ayudan no sólo a erradicar focos de contaminación, sino que también promueven el uso recreativo, deportivo y educativo del espacio.
Algunas microplazas estarán equipadas con juegos infantiles, mientras que otras incluirán estaciones de ejercicio, adaptándose a las necesidades del entorno y de los vecinos de cada barrio. En determinadas intervenciones se colocarán plantas ornamentales.
Se aluden por último algunas consideraciones específicas que deberán tener estos juegos, como por ejemplo garantizar un bajo mantenimiento, sin tratamientos periódicos como pintura o barnizado, y tendrán que ser resistentes a procesos de corrosión, oxidación o degradación biológica.
Las superficies deberán ser seguras para los usuarios, libres de astillas, grietas, bordes filosos o desprendimientos, y con propiedades antivandálicas que aseguren su integridad frente a golpes, rayaduras y uso continuo, subrayan las especificaciones.
En una plaza pública, un ciudadano no es un cliente, puesto que no tiene la obligación de consumir para poder permanecer allí. Esta gratuidad y accesibilidad ayudan a que estos espacios sean territorios de consolidación de la identidad y la pertenencia barrial.