Pasión de multitudes | Análisis
Los palotes son la primera caligrafía, los jeroglíficos ininteligibles de la infancia. Juan de los palotes, probablemente defina a alguien que sabe poco y nada, un don nadie reprendido, criticado por ser un niño aprendiendo a escribir y esperan
Oliva Taleb
Los palotes son la primera caligrafía, los jeroglíficos ininteligibles de la infancia. Juan de los palotes, probablemente defina a alguien que sabe poco y nada, un don nadie reprendido, criticado por ser un niño aprendiendo a escribir y esperando ser comprendido. Sin sutilezas, yo sería una Oliva de los palotes opinando sobre un tema tan sensible, tan complejo como es el fútbol, me hago cargo de ser una infanta, con el corazón innegable de más 70. No es una excusa.
He compartido este mundial atesorando, como es mi costumbre, con la mayoría, sueños. He despertado, partido tras partido, con una alegría intransferible, descubriendo que se cumplían. No depositaba en ellos, compensación alguna. No he pensado que. por haber tenido pesadillas, merecía, merecíamos recompensas. Las pesadillas tienen la fortuna, al despertar, de redimirse. Yo, de palotes, conozco bastante. Mi generación ha escrito en letras incomprendidas. En números negados. Por eso, y a su pesar, disfruto de estos momentos inolvidables.
Recuerdo el siglo XX, conmovida en cuerpo y alma, la llegada desde España a Ezeiza, de, a quien no le daría el cuero para regresar. Aquél, un momento histórico, un sueño popular, detenido en el tiempo por 17 años. Este siglo XXI me ha permitido descubrir, a flor de piel, una llamativa, sorprendente pasión. Una pasión de otro origen, pasión de multitudes. No niego mi corazoncito bostero sobreviviendo en una familia roja y blanca, pero esta pasión fue diferente, irrumpió, despertó, sin aviso, conmovida, compartida, con los kilómetros de gente, presente, desde que selección argentina en el 2022, arribara a Ezeiza, y recorriera a paso de tortuga las calles recibiendo la ovación argentina. Esa pasión descubrió la brújula señalando un norte diferente. El despertar de un sentimiento generalizado, presente por casi 4 años consecutivos, de profundo agradecimiento. Agradecer la alegría en tiempos donde justamente el norte, se había desdibujado. La gente sosteniendo la alegría, que una y otra vez, le han querido arrebatar desvergonzadamente. Y se la defiende con honor. El Gracias por tanto es por tanta esperanza alimentada. Por comprender y sentir que bien vale la gloria, recordar que las islas Malvinas son nuestras. Se trata de compartir con el mundo, un profundo sentimiento del pueblo argentino, ante el fracaso de mesas de negociaciones, de recomendaciones de diálogo, vacías, y por tanto ignoradas, de organismos internacionales.
Nos ganó la final la selección de un país, que pasó a la historia como la Madre Patria. Fuimos dignos hijos. Nos plantamos entonces, allá por 1816, como en este 2026. Porque tenemos memoria, no somos tolerantes, decimos que Gibraltar merecía desplegar una bandera en medio del festejo.
La verdad del sufrimiento del pueblo español, se encuentra en el Guernica de Picasso.
Porque Justicia es rendirles culto a nuestros muertos. No habrá silencio que apague y condene al olvido, el fusilamiento de García Lorca.
¡Nunca es tarde! Siempre se está a tiempo de aprender. ¿Una histórica oportunidad, la COPA en 2030? ¡Vale!