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Opinión
Que Pasa hace 9 horas 4 min de lectura

Después de Messi, la Argentina tendrá que aprender a salvarse sola

Durante casi dos décadas, la Argentina esperó que Lionel Messi resolviera lo imposible. La derrota frente a España, el final de su historia en los Mundiales y la posible salida de Lionel Scaloni obligan a mirar hacia adelante.

Después de Messi, la Argentina tendrá que aprender a salvarse sola
Foto: Que Pasa

Después de Messi, la Argentina tendrá que aprender a salvarse sola

Durante casi dos décadas, la Argentina esperó que Lionel Messi resolviera lo imposible. La derrota frente a España, el final de su historia en los Mundiales y la posible salida de Lionel Scaloni obligan a mirar hacia adelante.

Finalmente llegó ese día que todos sabíamos que iba a llegar, pero que nadie estaba dispuesto a aceptar: Lionel Messi jugó su último Mundial.

Durante casi dos décadas, el capitán fue mucho más que el mejor futbolista del planeta. Se convirtió en un refugio emocional para un país que aprendió a buscar pequeñas victorias mientras convivía con derrotas mucho más profundas. Cada cuatro años, la Selección aparecía como una pausa. Un lugar donde la inflación, las peleas políticas, la incertidumbre económica y el desencanto cotidiano parecían quedar suspendidos durante noventa minutos.

Esta vez no alcanzó. España fue superior, ganó con justicia y levantó una Copa del Mundo que nunca estuvo demasiado lejos de sus manos. Argentina, en cambio, terminó abrazada a una imagen que costará olvidar: Messi caminando lentamente, con la mirada perdida, sabiendo que no volverá a jugar un Mundial.

La derrota duele por el resultado.

Pero sobre todo duele por lo que representa.

Porque no terminó solamente un partido.

Terminó una época.

La ilusión del bicampeonato y el golpe de la realidad

La historia explica parte de la frustración.

Desde que Brasil consiguió los Mundiales de 1958 y 1962, ninguna selección había podido repetir el título en forma consecutiva. Argentina estuvo a un partido de romper una marca que lleva más de sesenta años intacta.

No pudo hacerlo. Y quizás eso también explique la dimensión del golpe.

Durante ocho años la Scaloneta transformó lo extraordinario en una costumbre. Ganó dos Copas América, una Finalissima, el Mundial de Qatar y volvió a jugar otra final del mundo. Acostumbró al hincha argentino a creer que siempre existía una solución. Que siempre aparecía Messi. Que siempre había una reacción. Que siempre se encontraba el camino.

Hasta que apareció España.

Y recordó una verdad tan vieja como el fútbol: ninguna hegemonía es eterna.

La final que Argentina nunca encontró

Las finales también se analizan. Y ésta obliga a hacerlo sin esconderse detrás de la emoción. España controló el partido desde el comienzo. Administró mejor la pelota, ocupó los espacios con inteligencia y neutralizó casi por completo a Messi.

Argentina nunca encontró ritmo.

Nunca logró sentirse cómoda.

Y por momentos transmitió una sensación desconocida durante todo el ciclo Scaloni: la de correr siempre detrás del rival.

Las decisiones del técni también quedaron bajo la lupa.

La elección de cambiar a Gonzalo Montiel por Nahuel Molina abrió un debate inmediato entre los hinchas. La falta de respuestas desde el banco y la superioridad física del conjunto español alimentaron cuestionamientos que seguramente seguirán durante semanas.

Eso no convierte a Scaloni en un mal entrenador.

Pero tampoco lo vuelve inmune a las críticas.

Los grandes ciclos también terminan discutiéndose.

El anuncio que cambió todo

Quizás la noticia más importante ni siquiera ocurrió durante el partido. Horas después de la derrota, Lionel Scaloni dejó una frase que sonó a despedida. Dijo que seguirá hasta diciembre y que después "seguramente corte". No fue una renuncia. Pero tampoco fue una declaración cualquiera.

Después de haber construido el ciclo más exitoso de la historia moderna de la Selección, el entrenador dejó abierta la puerta para cerrar una etapa que modificó para siempre la relación entre Argentina y su equipo nacional.

Scaloni heredó un plantel golpeado. Se fue convirtiendo, lentamente, en el entrenador que consiguió reconciliar a la Selección con su gente.

Eso, probablemente, valga tanto como las copas.

Messi y esa vieja necesidad argentina de esperar un salvador

Hay una frase de Ernesto Sabato que parece escrita para este momento.

En Antes del fin, el escritor sostuvo que "los argentinos vivimos esperando una salvación".

No hablaba de fútbol.

Hablaba del país.

Pero pocas veces esa definición encontró una traducción tan perfecta como Lionel Messi.

Durante casi veinte años esperamos que apareciera él. Que resolviera el partido. Que inventara una asistencia. Que hiciera el gol imposible. Que volviera a salvarnos.

La costumbre fue tan fuerte que terminó construyendo una ilusión peligrosa: creer que siempre existiría un Messi dispuesto a resolver aquello que el equipo no podía.

Esta vez no ocurrió.

Y quizás la tristeza nazca justamente de comprender que ni siquiera el mejor futbolista de todos los tiempos puede ganarle al paso del tiempo.

Que Pasa Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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