Por qué la FIFA decidió no entregar nunca más el trofeo original del Mundial
La decisión de la FIFA de conservar bajo su propiedad el trofeo original de la Copa del Mundo tiene una explicación histórica: la copa anterior fue robada dos veces y desapareció para siempre tras un asalto en Brasil.
Por qué la FIFA decidió no entregar nunca más el trofeo original del Mundial
La decisión de la FIFA de conservar bajo su propiedad el trofeo original de la Copa del Mundo tiene una explicación histórica: la copa anterior fue robada dos veces y desapareció para siempre tras un asalto en Brasil.
La Copa del Mundo es uno de los trofeos más reconocidos del planeta, pero hay una regla que no siempre fue así: los campeones ya no pueden quedarse para siempre con el trofeo original.
La FIFA tomó esta decisión después de una serie de episodios que pusieron en riesgo la seguridad de la copa anterior, conocida como la Copa Jules Rimet.
Durante buena parte de la historia de los Mundiales, el trofeo podía quedar definitivamente en manos de una selección. El reglamento establecía que el país que ganara tres veces la Copa del Mundo podía conservarla para siempre.
Brasil fue el primero en alcanzar esa marca.
La Selección brasileña ganó los Mundiales de 1958, 1962 y 1970. Con ese tercer título, obtenido en México, el trofeo Jules Rimet pasó a ser propiedad definitiva de la Confederación Brasileña de Fútbol.
Sin embargo, la historia de la copa no terminó ahí.
El trofeo que desapareció en Brasil
El 19 de diciembre de 1983, la Copa Jules Rimet se encontraba en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro.
Durante esa noche, un grupo de ladrones ingresó al edificio y se llevó el trofeo.
Aunque se realizaron investigaciones y se siguieron distintas pistas, la copa nunca volvió a aparecer.
La principal hipótesis es que fue fundida para aprovechar el valor del oro. Por eso, el trofeo original que Brasil había ganado definitivamente se considera perdido para siempre.
El episodio marcó un antes y un después para la FIFA.
La Jules Rimet ya había sido robada en 1966
El robo en Brasil no fue el primer problema de seguridad que sufrió el trofeo.
Durante el Mundial de Inglaterra 1966, la Copa Jules Rimet fue robada mientras se encontraba en exhibición en Londres.
El caso tuvo un desenlace inesperado. Una semana después de la desaparición, un perro llamado Pickles encontró el trofeo escondido entre unos arbustos, envuelto en papel de diario.
El animal se convirtió en una celebridad y recibió una recompensa por su hallazgo.
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La copa pudo ser recuperada y volvió a estar en manos de las autoridades. Sin embargo, el episodio demostró que el trofeo podía ser vulnerable incluso cuando se encontraba bajo custodia oficial.
La FIFA cambió las reglas
Después de la desaparición definitiva de la Jules Rimet en Brasil, la FIFA decidió modificar el sistema.
La nueva Copa del Mundo, creada en 1974, nunca sería entregada definitivamente a una selección, aunque un país consiguiera ganar el torneo en varias oportunidades.
Desde entonces, el trofeo original sigue siendo propiedad de la FIFA.
Los campeones pueden recibirlo durante la ceremonia de premiación, levantarlo y celebrar con él en el estadio. Sin embargo, deben devolverlo antes de abandonar el lugar.
Después reciben una réplica oficial para conservar bajo la custodia de su federación.
La medida busca proteger el trofeo original y evitar que vuelva a repetirse la historia.
Una copa que se convirtió en una leyenda
La historia de la Jules Rimet explica por qué la FIFA mantiene un protocolo tan estricto alrededor del trofeo actual.
La copa que fue robada en Londres y luego recuperada por Pickles terminó desapareciendo definitivamente años después en Brasil.
A partir de esa experiencia, la FIFA decidió que ningún campeón volvería a quedarse para siempre con el trofeo original.
Por eso, cuando una selección levanta la Copa del Mundo después de ganar la final, tiene en sus manos un trofeo que sigue perteneciendo a la FIFA y que deberá ser devuelto poco después.
La tradición de levantar la copa se mantiene. Lo que cambió para siempre fue quién tiene la última palabra sobre su propiedad.