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Sociedad
TN hace 10 horas 5 min de lectura

A Europa no le alcanzó con vencer, eligió humillar a la Argentina y a Messi

Medios españoles, franceses y algunos latinoamericanos están lanzados a hacer picadillo de un derrotado, si es que el segundo puesto en un Mundial es una derrota. Descuartizar a la Selección y a su capitán es un ejercicio que, lejos de honrarlos, los

A Europa no le alcanzó con vencer, eligió humillar a la Argentina y a Messi
Foto: TN

España, merecido campeón del Mundial 2026, Francia, que parece dolida pese a haber alcanzado un honroso cuarto puesto, y las naciones de América Latina que arañaron nada en este magno torneo, se han lanzado contra el subcampeón mundial, Argentina, y sobre su capitán y figura máxima: Lionel Messi.

Ahora resulta que Messi, que hasta hace nada fue elogiado como lo que es y será, una gran estrella del fútbol mundial, un atleta excepcional y un tipo capaz de lo imposible con una pelota en los pies, es hoy poco menos que el jefe de una banda de torvos patibularios que en los últimos años se dedicaron a manchar y mancillar el límpido escenario del fútbol, en vez de haber hecho lo que hicieron: ganar un mundial en 2022 y ser subcampeones del mundo en 2026. Esos logros tienen un mérito que Europa no ve, o no quiere ver. La ceguera nunca es buena.

Media Europa está hoy lanzada a hacer picadillo de un derrotado, si es que el segundo puesto en un Mundial es una derrota. En especial españoles y franceses, también hermanos americanos, se han lanzado a machacar a los argentinos, a descuartizar a Messi en un ejercicio que, lejos de honrarlos, los desnuda, los baja del pedestal, los humilla.

Parece mentira, la Europa del iluminismo torna a conductas inquisitoriales.

Hay algo de injusto en esa conducta un poco artera. ¿Qué reprochan a los jugadores de Scaloni? Que durante la entrega de medallas a los justos vencedores del torneo, hayan dado la espalda a esa ceremonia. Bueno, quisieron dar la cara frente a sus seguidores. Es verdad que desairaron un poco el pasillo que los españoles les habían tendido, generosos, minutos antes. Pero no hubo nada más que eso: más que un desaire al rival, decidieron que era peor ignorar tantos miles de seguidores que compartían su dolor.

¿Un error? Posiblemente. Pero de allí a los insultos, a las falsas acusaciones, al ninguneo y a los agravios, hay varios pueblos de distancia. Es muy difícil mantener la grandeza en las derrotas. Pero mucho más difícil es ser grande en la victoria.

La suavísima y tersa piel europea, erizada hoy por la actitud acaso equivocada del plantel argentino, no se inmutó, no se inquietó siquiera cuando, hace cuatro años, Argentina fue premiada como campeón del mundo en Qatar y recibió sus medallas en absoluta soledad. No había un solo atleta francés, los derrotados entonces, en cincuenta o sesenta metros a la redonda; cuesta ubicarlos aún hoy y a la distancia, en aquellos videos de la oscura noche catarí. Sin embargo, nadie vio en aquella noche feliz para los argentinos, la conducta horrible que hoy les adjudican a los hombres de Scaloni. También es difícil ser justo en la victoria.

Los hoy indignados europeos, en especial españoles y franceses, tampoco vieron una actitud objetable en la forma en que Kylian Mbappe recibió aquella noche el Botín de Oro como goleador del torneo, y marchó con el trofeo a la altura de su rodilla derecha, con cara de chico enfurruñado, que lo estaba. Si el pasado domingo, un jugador argentino hubiese hecho algo similar, hoy sería linchado.

Lo mismo le hubiese ocurrido a un jugador del seleccionado nacional que hubiese dicho que Argentina y otro país, España, Francia, Inglaterra, eran las dos mejores naciones en el fútbol: el tipo colgaría hoy de un gancho. Pero lo dijo el joven Lamine Yamal y, qué simpático, qué ocurrente. No existe una regla para medir los dichos de alguien que, como Yamal, se habla encima, según sea su edad, su talento o su nacionalidad. Bueno, tampoco hubo ánimos alterados cuando Mbappe afirmó que el fútbol de Europa era superior al de América: nadie dijo nada ante esa afirmación que por lo menos huele a discriminación, aunque el crack francés se olvidaba de algo.

En esta campaña de hacer picadillo al caído, como en la Edad Media, no cuentan las redes sociales, ese antro de podredura que roza lo delincuencial, que exalta el odio, que empuja el encono y que defiende el rencor. En esta reacción un tanto cavernaria contra la Selección argentina, encarada por españoles y franceses, están embarcados periódicos respetables, periodistas de fuste, aunque algún que otro chantún también, y otra gente de renombre e influencia que por una extraña razón han decidido privilegiar la ofensa antes que celebrar su triunfo.

Una última cosa sobre Messi. La Europa encandilada por su talento le concedió ocho premios Balón de Oro, la máxima aspiración de un futbolista continental, en 2009, 2010, 2011, 2012, 2015, 2019, 2021 y 2023. Es algo. O Europa mintió entonces como una desorejada, o miente ahora con su campaña de desprestigio y de humillación.

Sin que esto que sigue implique un ejercicio de soberbia, nada más lejos de estas líneas, una modesta sugerencia para nuestros enconados adversarios de parte de un simpatizante argentino que tuvo la suerte de celebrar tres mundiales: disfruten la gloria del campeón mundial y la del cuarto puesto también, ambos ganados en buena ley. Gocen sin presentir de esa alegría única. Quedan muchos mundiales por delante.

No vaya a ser que tenga razón el gran escritor español, y flamante académico, Javier Cercas, que asegura que el deporte por excelencia de Europa no es el fútbol, es la guerra.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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