No queremos que haya un caso 20: la advertencia de dos pediatras sobre los arcos móviles de fútbol, que ya aplastaron a 19 chicos
La investigación reconstruyó casos graves ocurridos en la Argentina desde 2011, 12 de ellos fatales, y advirtió que la mayoría podría haberse evitado con una medida sencilla
No queremos que haya un caso 20: la advertencia de dos pediatras sobre los arcos móviles de fútbol, que ya aplastaron a 19 chicos
La investigación reconstruyó casos graves ocurridos en la Argentina desde 2011, 12 de ellos fatales, y advirtió que la mayoría podría haberse evitado con una medida sencilla
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Si ya no era necesario un Mundial para comprobar la atracción que genera una pelota entre chicos y adolescentes, este torneo terminó por multiplicarla de la mano de la campaña de la selección argentina que se consagró subcampeona del mundo. En línea con la promoción de la práctica segura de los deportes en equipo, dos pediatras advierten sobre un peligro que suele pasar inadvertido en canchas y espacios recreativos: los arcos móviles y las lesiones asociadas a la inestabilidad y la falta de control de esas estructuras. En el último mes, mientras la Argentina avanzaba rumbo a la final de este domingo, también creció en plataformas de comercio electrónico y redes sociales la oferta de este tipo de arcos.
Nuestro único objetivo es alertar para prevenir, insistió Juan Carlos Beltramino, exdirector de Docencia e Investigación del Hospital de Niños Orlando Alassia, de Santa Fe. Junto con Jesica Sforza, médica intensivista pediátrica de ese centro, realizó el primer relevamiento nacional sobre un riesgo que suele pasar desapercibido en clubes, campamentos, escuelas y otros espacios deportivos. El trabajo surgió a partir de la gravedad de dos casos atendidos en ese hospital: un niño de 8 años y otro de 12, ambos con traumatismos de cráneo y tórax.
Cada fin de semana, miles de familias llevan a sus hijos a jugar al fútbol convencidas de que el mayor riesgo será un golpe o una torcedura explicó Beltramino. Sin embargo, en los últimos 15 años, al menos 19 chicos y adolescentes argentinos sufrieron traumatismos gravísimos por la caída de un arco deportivo. Doce de ellos murieron. La mayoría de esos casos podría haberse evitado con una medida muy simple: fijar correctamente los arcos al suelo. La verdadera causa de estas tragedias no es que los niños se cuelguen de los arcos, sino que los arcos se caen. Queremos que las chicas y los chicos argentinos sigan jugando al fútbol, pero que lo hagan en condiciones seguras.
Ante la ausencia de estadísticas sistematizadas en la Argentina sobre lesiones graves provocadas por la caída de arcos deportivos, los profesionales relevaron casos que, por su gravedad o desenlace, habían tomado estado público a través de medios locales y nacionales, además de los registros del Hospital Alassia. Así lograron reconstruir una serie de 19 episodios ocurridos entre 2011 y junio de este año, que involucraron a 17 varones y dos mujeres.
Para los autores del trabajo, esos casos podrían representar apenas una parte visible de un problema mucho mayor. Por eso lo definieron como una tragedia infrecuente, pero al mismo tiempo devastadora y prevenible, debido a la gravedad de las lesiones, la complejidad de los tratamientos y las consecuencias que deben afrontar luego las familias. No por casualidad titularon el trabajo: ¡Peligro de arco!.
Los menores tenían entre 2 y 15 años cuando sufrieron lesiones graves en la cabeza, el tórax o el abdomen. Dos eran mujeres. Jugaban al fútbol o al handball. De los 19 casos relevados, 12 terminaron con la muerte de los pacientes, tres sobrevivieron con secuelas, otros tres se recuperaron sin secuelas y uno permanece internado, aunque ya dejó la unidad de cuidados intensivos.
Según la zona del cuerpo afectada, las secuelas pueden incluir trastornos neurológicos, dificultades para caminar, hablar o alimentarse sin asistencia, debilidad muscular asociada a internaciones prolongadas y la necesidad de extensos procesos de rehabilitación, apoyos posteriores al alta y pérdida de escolaridad.
Familiares de uno de los niños que continúan en contacto con los médicos les comentaron recientemente que en el club donde ocurrió el accidente todavía no se adoptaron medidas para asegurar el arco que provocó el incidente. El menor, de 8 años, jugaba un partido cuando la estructura móvil cayó sobre su cabeza en septiembre del año pasado. Como consecuencia, sufrió secuelas neurológicas permanentes.
Lamentablemente, la mayoría de estos casos son fatales y, cuando no lo son, generan lesiones muy graves o ponen en riesgo la vida. Si bien nuestra serie los define como infrecuentes, esa palabra debería ir entre comillas porque, en realidad, no sabemos cuál es la verdadera dimensión del problema, señaló Sforza, que también es docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Litoral.
No sabemos si esto es apenas la punta del iceberg porque refleja solo los episodios más graves o si existen muchos más casos que no conocemos. Sin duda, hay un subregistro de lesiones provocadas por la caída de arcos, agregó.
El primer caso documentado por ambos pediatras ocurrió el 8 de abril de 2011 en Las Rosas, Santa Fe, durante un partido disputado en un club local. Un grupo de chicos utilizó un arco metálico móvil para balancearse. La estructura, que no estaba correctamente asegurada, cedió hacia adelante y el travesaño impactó en la cabeza de un niño de 7 años. El traumatismo resultó fatal.
Luego se registraron episodios similares en Villa María (Córdoba) y Santo Tomé (Santa Fe) en 2015; Pilar (Buenos Aires) en 2016; Añatuya (Santiago del Estero) en 2017; Mendoza en 2018; El Central (Mendoza), Río Grande (Tierra del Fuego) y Valeria del Mar (Buenos Aires) en 2019; Pocito (San Juan) en 2020; Merlo (Buenos Aires) en 2022; Sarandí (Buenos Aires) en 2023; Gobernador Crespo (Santa Fe), Cipolletti (Río Negro), Quilmes (Buenos Aires) y Rawson (San Juan) en 2025; y Junín de los Andes (Neuquén), Jesús María (Córdoba) y Rafaela (Santa Fe) durante el primer semestre de este año.
Las lesiones ocurrieron en distintas circunstancias: al festejar un gol, colgarse del travesaño, mover un arco para iniciar un partido o quedar enredado en la red durante una práctica. En todos los casos, el denominador común fue el mismo: la estructura móvil no estaba correctamente fijada al piso y terminó desplomándose.
Uno de los episodios más recientes fue el de Joaquín, un adolescente de 12 años que sufrió graves lesiones en Junín de los Andes durante un campamento escolar realizado en enero pasado. Los pediatras lograron documentar las dimensiones del arco que cayó sobre su tórax: medía 7,40 metros de largo por 2,40 metros de alto y pesaba alrededor de 160 kilogramos.
Hace dos semanas, sus padres participaron de una reunión de la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados para impulsar la denominada ley Joaquín, una iniciativa destinada a garantizar la correcta instalación, sujeción y mantenimiento de arcos de fútbol, hockey y handball, además de aros de básquet, postes de vóley y juegos de plaza en espacios públicos y privados.
El proyecto, firmado por 29 diputados, fue girado a la Comisión de Familias, Niñez y Juventudes. Paralelamente, la Legislatura bonaerense informó recientemente la aprobación de una norma similar para esa provincia.
Es algo muy doloroso que no queremos que siga sucediendo, ni que ninguna familia tenga que pasar por esto, expresó Serena Campos Lobos, madre de Joaquín, durante la reunión legislativa.
La recopilación inédita realizada por ambos pediatras, a la que accedió LA NACION, pone de manifiesto la necesidad de invertir en medidas básicas de seguridad y prevención en clubes, escuelas y espacios recreativos donde miles de chicos y adolescentes practican deporte e intentan imitar a sus ídolos.
No queremos que haya un caso número 20, resumió Beltramino.
Para los investigadores, la solución no pasa simplemente por colocar carteles que prohíban colgarse de los arcos. Se deberían arbitrar los mecanismos necesarios para que las normas existentes se cumplan y haya controles efectivos sobre ese cumplimiento. Es realmente muy triste recibir a un paciente con lesiones tan graves y riesgo de vida por una actividad deportiva que debería ser segura y cuyo riesgo era completamente prevenible, sostuvo Sforza.
Es importante para nosotros, como médicos, advertir a la población de que esto está ocurriendo, agregó.
La especialista remarcó finalmente que clubes, ligas deportivas, escuelas y cualquier otro lugar donde chicos y adolescentes practiquen deporte deberían garantizar que puedan hacerlo de manera segura. Y concluyó: Este problema no afecta únicamente a sectores vulnerables. Pueden estar más expuestos por determinadas condiciones, pero la correcta sujeción de los arcos móviles es una responsabilidad que alcanza a todos. El peligro atraviesa a toda la población infantil y adolescente sin distinción.