Un ginecólogo fue descubierto filmando a sus pacientes mediante una cámara oculta en un bolígrafo
El hospital acordó pagar 190 millones de dólares a unas 8.000 mujeres que fueron grabadas sin su consentimiento. El médico fue despedido y se quitó la vida.
El Hospital Johns Hopkins, uno de los centros médicos más prestigiosos de Estados Unidos, aceptó indemnizar con 190 millones de dólares a cerca de 8.000 pacientes que fueron filmadas y fotografiadas sin su autorización por un ginecólogo durante consultas médicas.
El responsable fue el médico Nikita Levy, quien utilizaba una cámara oculta disimulada en un bolígrafo que llevaba colgado del cuello para registrar imágenes y videos de las mujeres sin que ellas lo advirtieran.
El caso salió a la luz en febrero de 2013, cuando una empleada del hospital alertó a las autoridades sobre las sospechas que tenía respecto del comportamiento del profesional. Tras la denuncia, Levy fue despedido y obligado a entregar el dispositivo con el que realizaba las grabaciones. Diez días después de su desvinculación, el médico se suicidó.
Durante la investigación, los agentes encontraron aproximadamente 1.200 videos y 140 fotografías almacenados en distintos dispositivos y servidores ubicados en la vivienda del profesional.
Los abogados que representaron a las víctimas señalaron que muchas de las mujeres sufrieron graves consecuencias emocionales tras conocer lo ocurrido. Algunas requirieron tratamiento psicológico, padecieron trastornos del sueño, dificultades laborales y problemas en sus relaciones personales, al considerar que se había quebrado la confianza depositada en su médico.
Si bien la investigación no halló pruebas de que el material hubiera sido distribuido o compartido con otras personas, el escándalo provocó un fuerte impacto en la reputación del Hospital Johns Hopkins.
Además, las autoridades no pudieron establecer con precisión cuántas pacientes fueron registradas ni identificar a todas las víctimas, ya que en muchas de las imágenes sus rostros no aparecían.
El acuerdo económico se convirtió en uno de los más importantes de Estados Unidos en casos vinculados con conductas sexuales inapropiadas cometidas por profesionales de la salud y puso fin a una causa que nunca derivó en un proceso penal contra el médico.