España pasó por arriba a la Selección argentina, pero con un árbitro vestido de rojo
Se acabó el Mundial con una Selección argentina que despegó por momentos y en la final fue totalmente apabullada por España con un arbitraje raro
Esta postura forzó a que la gran figura del equipo terminara siendo Emiliano Martínez, quien contuvo ocho remates directos con destino de gol, maquillando un desempeño general que a lo largo de la competencia fue para el olvido.
Las apuestas individuales del estratega de Pujato tampoco dieron los frutos esperados dentro del rectángulo de juego. Por un lado, la jerarquía que se esperaba de Rodrigo De Paul en el círculo central brilló por su ausencia; el novio de Tini completó un desempeño paupérrimo, digno de una calificación de apenas dos puntos.
En tanto, la insistencia por Nicolás González volvió a quedar en una eterna promesa: corrió hacia adelante de forma atolondrada, sin ideas claras ni variantes ofensivas concretas.
El panorama terminó de desmoronarse debido a los imprevistos físicos que obligaron a modificar casi toda la zaga defensiva. Este contratiempo desarmó los planes previos e impidió el ingreso de Lautaro Martínez en el ataque.
Para colmo de males, el combinado nacional afrontó el tramo final con un hombre menos por la expulsión de Enzo Fernández, una tarjeta roja totalmente errónea dictaminada por el colegiado esloveno que arrastra un pasado sumamente turbio.
...y un árbitro vestido de rojo
A pesar de los recurrentes señalamientos históricos que vinculan al combinado nacional con un supuesto trato cercano por parte de las autoridades de la FIFA, la designación de Slavko Vincic terminó resultando un factor completamente crucial.
La presencia del juez central pesó de manera directa en el MetLife Stadium, desbaratando cualquier intento de paridad y condicionando los intereses del equipo en los momentos más calientes del cotejo.
Las determinaciones del colegiado afectaron de manera particular a Enzo Fernández. En primera instancia, optó por apercibirlo tras un reclamo sumamente moderado que no justificaba semejante rigurosidad; posteriormente, sentenció su salida prematura del campo al mostrarle la tarjeta roja en una acción donde el mediocampista llegó a destiempo e impactó contra un rival, configurando una sanción desmedida y a todas luces precipitada.
Asimismo, cada una de las jugadas divididas y los fallos milimétricos cayeron sistemáticamente del lado de la Furia Roja. De todas formas, cabe reconocer que la Albiceleste jamás encontró su mejor versión ni estuvo a la altura del nivel de su adversario, que terminó alzando el trofeo de forma inobjetable.
A partir de ahora, comenzará una etapa de profundo balance interno para evaluar los aciertos y los severos desaciertos de un plantel que anduvo a los tumbos durante casi todo el torneo, más allá de aquellas ráfagas heroicas que encendieron la ilusión colectiva.