El Mundial, una selección al límite y el desafío de renacer después de Messi
El subcampeonato en Estados Unidos marca el cierre de la etapa más gloriosa de nuestra historia. Entre la gratitud a un estilo que conmovió al país y los cortocircuitos tácticos de la final ante España, un desglose profundo de las razones de un equip
El Mundial, una selección al límite y el desafío de renacer después de Messi
El subcampeonato en Estados Unidos marca el cierre de la etapa más gloriosa de nuestra historia. Entre la gratitud a un estilo que conmovió al país y los cortocircuitos tácticos de la final ante España, un desglose profundo de las razones de un equipo al límite y el complejo desafío de aprender a caminar sin Lionel Messi.
Messi sufrió mucho la derrota, lloró y se fue de la cancha con la certeza de que su tiempo en la selección se acaba. ¿Qué pasará con él en el futuro inmediato?
No se pudo en la final, el equipo estuvo ausente y no encontró respuestas tácticas, físicas y emocionales para revertir la superioridad de España. El resultado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey deja un sabor amargo, pero la lectura debe ser profunda. Esta selección no repitió la corona, pero conmovió desde la adversidad. Llegar a la final con un plantel diezmado por las lesiones y el desgaste físico ya constituye una hazaña en sí misma. El entrenador lo dejó en claro cuando, avanzado el campeonato, remarcó las dudas que tenía en cuanto a la respuesta que podían darle algunos jugadores. Ese desgaste quedó en evidencia en la final, arrancando por Messi. Pero este cierre de etapa la más importante de la historia del fútbol argentino por varios motivos-, obliga a sacar las primeras conclusiones:
* 1) La fidelidad y el respeto a un estilo. Más allá de los logros (cuatro títulos de campeón y un subcampeonato), estos siete años de Scaloni y este grupo de jugadores dejó en evidencia la fidelidad a un estilo de juego que entusiasmó a la gente. El hincha de fútbol se sintió representado por esta selección desde todos los lugares: el futbolístico y el emocional. No hubo nada que reprocharles a quienes se encolumnaron detrás de una idea que prendió en la gente y la gratificó. Frente a eso, la respuesta estuvo dada en el altísimo e inédito grado de aceptación que tuvo este equipo.
* 2) La gratitud de Scaloni a las bases. El director técnico apostó por la vieja guardia. Fue fiel hasta las últimas consecuencias con los héroes que le dieron la gloria eterna en Qatar. Esta lealtad blindó emocionalmente al grupo en los momentos de máxima tensión. Sin embargo, abrió el debate sobre si se retrasó el recambio necesario o no aparecieron las figuras nuevas que debían aparecer, como ocurrió en el Mundial pasado con Enzo Fernández, MacAllister y Julián Alvarez. Por ejemplo, Thiago Almada o Nicolás González debieron ser los abanderados de ese recambio.
Lionel Scaloni yu su llegada al MetLife Stadium para disputar la final del Mundial. Foto: Fernando Nicola
* 3) El gran torneo de Messi. A sus 39 años, el capitán argentino desafió cualquier expectativa previa. Messi dio mucho más de lo que la lógica futbolística suponía para la etapa final de su carrera. Ejerció un liderazgo total tanto dentro como fuera de la cancha, se sacrificó físicamente en contextos de extrema paridad y su magnetismo mantuvo con vida el temor de los rivales hasta el último segundo. No pesó en absoluto en la final, a la que llegó con los últimos jirones de su físico. Jugó los ocho partidos.
* 4) La mística de las remontadas espectaculares. Si algo caracterizó a este equipo a lo largo del certamen, fue su capacidad para emocionar al país. Argentina se convirtió en un sinónimo de resiliencia pura a través de reacciones memorables. Levantó partidos que parecían perdidos con puro coraje y fuego sagrado (por ejemplo, con Egipto). El punto de inflexión y mejor partido del torneo fue ante Inglaterra. Allí sintetizó todo en un segundo tiempo notable: temple, corazón y fútbol.
* 5) Los posibles errores en la planificación de la final. El duelo decisivo desnudó las limitaciones actuales del equipo. En los 120 minutos de la final, se cometieron fallas evidentes en el planteo táctico inicial. No hubo herramientas para quitarle la posesión del balón al mediocampo de España, el equipo careció de frescura y dejaron jugar muy solo a Rodri. Frente a un rival que juega a tener la pelota, no se marcó al que más la tiene. De allí, las consecuencias fueron la sumisión del equipo al planteo del rival y la derrota.
* 6) Los jugadores que no estuvieron en el nivel de otros momentos. El éxito de la selección en el ciclo previo se basó en la dinámica, el despliegue y el empuje de los volantes. Tanto Enzo Fernández como Alexis Mac Allister llegaron con un evidente desgaste físico y futbolístico acumulado. Estuvieron lejos de ser esa aduana de circulación rápida y presión asfixiante que deslumbró en Qatar. Y está clarísimo que están jugando en otras posiciones en sus clubes y les costó cuando debieron hacerlo de volante central. Allí, la única opción era Paredes.
Rodrigo De Paul entró bien con Inglaterra, fue titular con España y defeccionó, como casi todos. Foto: Fernando Nicola
* 7) El amor propio como bandera de muchas victorias. Argentina recién jugó bien al fútbol contra Inglaterra. Inclusive, ese partido nos hizo ilusionar porque le encontré mucho de parecido al proceso de Qatar. Si bien en el Mundial anterior se jugaba mejor que ahora en los partidos previos, lo mejor se vio en aquel choque de semifinales con Croacia. Acá fue igual, pero la gran diferencia se dio en la final, cuando Argentina no la jugó con el ímpetu y la confianza con la que jugó aquella ante Francia en Qatar.
* 8) El laberinto de los dos 9. El cuerpo técnico nunca logró consolidar un faro ofensivo indiscutido, replicando una vieja disputa que esta vez se pareció más a una falta de certezas que a una abundancia de recursos. Terminó eligiendo a Julián Alvarez por su sacrificio y un desgaste que lo liberaba a Messi. No puedo jugar con Julián y con Lautaro, porque ningún equipo puede darse el lujo de tener a dos jugadores que no marquen la salida, dio a entender en algún momento, haciendo referencia a que si se inclinaba, por ejemplo, con un 4-3-3 o 4-3-1-2, con Messi y los dos 9 (que en algunos partidos de todo el proceso, funcionaron), se quedaba sin referencias de marca para la salida del rival. En la final, dejó a Lautaro Martínez en el banco, el jugador que le había dado el gol en la semi con Inglaterra. Fue un error.
* 9) Un recambio inevitable que se viene. El pitazo final no solo marcó el subcampeonato, sino el cierre de una época dorada. Hay varios futbolistas emblemáticos que han cumplido su ciclo definitivo en la Selección. Con la inminente salida de Lionel Scaloni en diciembre (allí se termina el contrato y la Afa quiere renovar, pero Scaloni prefiere esperar) y el adiós definitivo de Lionel Messi de las copas del mundo, el panorama cambia drásticamente. Ya el grupo no será el mismo y este aspecto es clave. Otamendi, antes de empezar el torneo, dijo que somos una familia. Y eso se ha notado en la cancha, en la solidaridad, en la unión, en la forma de apoyarse unos a otros y en eso de pelear a muerte, por uno mismo y por el grupo. Habrá que reinventarse, intentando armar algo parecido. Tarea nada fácil.
* 10) Prepararse para el post Messi. Este es otro tema imposible de no tener en cuenta y de asumirlo como algo que puede marcar el futuro inmediato. Cuando Maradona dejó la selección, en 1990, el Coco Basile consiguió ganar dos Copa América, en 1991 y 1993, que trajeron mucho alivio. Pero luego hubo que ir a buscarlo a fines de ese 93, después de la goleada con Colombia en la cancha de River y para no quedarse afuera del Mundial 1994 en el repechaje con Australia. Messi lleva más de 20 años en la selección, le costó muchísimo llegar a la gloria de los títulos, pero los consiguió y batió todos los records. Además, hizo que el mundo entero (o casi) se convierta en hinchas de Argentina. De allí también esa marea incesante de camisetas celeste y blanca que se veía en cada rincón de la amplísima geografía de Estados Unidos. De grande, Messi conoció lo que es ganar algo con Argentina, porque su primera copa América fue cuando él tenía 34 años. Y no le quedó ninguna deuda por saldar con el pueblo argentino, ganándose la idolatría y el amor eterno. El final, si no llegó en el partido con España, está muy cerca. Y será otro desafío para el futuro.