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La voz hace 14 horas 8 min de lectura

La derrota de Argentina contra España: inusuales números para una final

La Scaloneta no pateó al arco durante 115 minutos. Su control de la pelota fue nulo y además, cuando la tuvo, falló muchísimo. Corrió, pero detrás del dominio español.

La derrota de Argentina contra España: inusuales números para una final
Foto: La voz

El Mundial en datos. La derrota de Argentina contra España: inusuales números para una final

La Scaloneta no pateó al arco durante 115 minutos. Su control de la pelota fue nulo y además, cuando la tuvo, falló muchísimo. Corrió, pero detrás del dominio español.

A todos nos seguirá doliendo la derrota contra España en la final del Mundial 2026. Porque pudo ser el último partido de Lionel Messi con la selección, pero sobre todo, por lo poco que hizo el equipo de Lionel Scaloni.

Seamos sinceros: la derrota por 1 a 0 es engañosa porque pudo ser mucho más amplia. Si nos atenemos al resultado, el marcador dice que fue una final cerrada. Pero los datos publicados por Fifa dicen otra cosa. España dominó el partido, el territorio, la pelota y la mentalidad, mientras Argentina apenas pudo resistir. La albiceleste no pateó al arco en casi 120 minutos, generó apenas 0,07 goles esperados (xG) y necesitó llegar al minuto 116 para acercarse a Unai Simón.

Nota: vale recordar que, hasta la final, la albiceleste promedió 2 goles por partido.

En la final, y aunque España ganó 1 a 0 con un tanto de Ferrán Torres a los 105 minutos, el partido había comenzado a inclinarse mucho antes. Porque Argentina sobrevivió y estiró la definición gracias a Emiliano Martínez, a la eficacia de sus defensores (sobre todo, dentro del área) y a la incapacidad española para transformar su superioridad en goles.

Casi lo logra. Pero igual, los números son inusuales, sobre todo por la pobreza ofensiva de la Scaloneta. Repasemos. España terminó con 20 remates, y Argentina con dos; España acertó 12 veces al arco; Argentina, ninguna. Los españoles produjeron 2,52 goles esperados contra apenas 0,07 de la selección de Lionel Scaloni.

Para graficarlo, vale decir que España generó un volumen de peligro 36 veces superior a la Argentina.

Y es que la derrota no puede explicarse sólo por una jugada. Argentina llevó el partido al alargue sin haber podido construir una sola ocasión de gol clara. Estaba viva, pero para ir a los penales. No para ganarlo.

Siguen los datos. En nada menos que la final del Mundial, Unai Simón no realizó una atajada durante más de dos horas. ¡Dos horas de partido! El primer intento argentino llegó a los 116 minutos, cuando un remate de Lionel Messi fue bloqueado por Merino (le dio en la cara). Luego, a los 119, un centro atrás de Giuliano Simeone fue desviado por Cubarsí en el área chica, y el tercero fue a los 121, ya en el descuento del alargue, cuando de nuevo Simeone agarró un rebote de un corner y la tiró por arriba.

Estadística negativa

Como dijimos, durante 115 minutos, Argentina no remató al arco. No se trata de una estadística negativa, sino que es la expresión cuantitativa de un problema táctico. Con su planteo, el equipo de Scaloni nunca consiguió trasladar la pelota hasta zonas donde los delanteros pudieran hacer daño (Julián Álvarez, por ejemplo, corrió 12 kilómetros y apenas la tocó 29 veces, siempre lejos del área).

La selección de Luis de la Fuente tuvo el 60,2% de posesión (contra el 32,5% de Argentina). Claro que tener menos la pelota frente a España no es algo anormal, porque casi todos lo sufrieron. El problema fue la calidad de esa posesión.

España completó 789 de 878 pases, con una precisión del 90% contra una Argentina que acertó 375 de 476, con un 79%. Lo recordamos al repasar el partido: cada pase español le permitió sostener la estructura, atraer rivales o avanzar, mientras que la circulación argentina fue para defenderse o para escapar de la presión.

Pero los números no terminan ahí. Por ejemplo, el dominio territorial resultó todavía más contundente. España logró 251 recepciones en el último tercio de la cancha, contra solo 52 de Argentina. Los españoles lograron instalar jugadores cerca del área rival casi cinco veces más que la selección campeona defensora.

Además, ellos completaron 182 quiebres de línea (se da cuando un pase o una conducción supera una línea rival y permite recibir más cerca del arco) contra 87 de la Scaloneta, y rompieron la última línea defensiva argentina 22 veces. ¿Cuántas veces lo hizo Argentina? Sólo cinco.

Ese último número ayuda a explicar el aislamiento de Messi y de Julián. No alcanzaba con recuperar ni los pases en el mediocampo, porque había que superar líneas, obligar a los centrales españoles a retroceder y encontrar receptores detrás de los volantes. Y no se logró.

Spain 1-0 Argentina

Opta Analyst (@OptaAnalyst) July 19, 2026

One team came out to play football in the World Cup final, and that team eventually won after extra-time.

Spain are the champions. pic.twitter.com/tIySyBivyx

Con la pelota en los pies, Argentina apenas pasó el 5% del tiempo en el último tercio. España alcanzó el 22%.

¿Plan lógico?

El plan de Scaloni parecía lógico en el comienzo. Ceder la posesión, proteger el centro y atacar los espacios que España iba a dejar al adelantar a sus laterales. El problema fue que la segunda parte de esa idea nunca sucedió. Argentina pudo defender mucho tiempo, pero no consiguió salir. Cada recuperación encontraba al equipo demasiado atrás, con los receptores (Alexis, Enzo, De Paul) desconextados y con España preparada para presionar tras de la pérdida.

El partido se volvió una secuencia repetida con España circulando y Argentina basculando; hasta que España aceleraba por afuera o encontraba pases interiores y Argentina terminaba retrocediento. Todo hasta que la selección lograba recuperar, intentaba un pase vertical, pero perdía y comenzaba nuevamente la persecución.

El informe refleja ese esfuerzo inútil. Argentina presionó 445 veces, frente a 300 de España, y realizó 57 presiones directas contra 39. Evidentemente, la Scaloneta lo hizo porque pasó más tiempo sin la pelota y corrió mucho... pero para resistir.

La estructura defensiva también revela hasta qué punto fue empujada hacia su arco. El equipo pasó el 33% de sus fases sin posesión en bloque bajo (muy cerca de su propia área) y el 25% en bloque medio (mediocampo). Sólo el 4% correspondió a presión alta y el 3% a bloque alto. España, en cambio, consiguió defender más lejos de su arquero y recuperar la pelota antes de que Argentina pudiera organizarse.

Como sea, Argentina pretendió ser compacta, pero terminó demasiado cerca del "Dibu". Tanto que España provocó 20 remates y 12 fueron al arco, lo que hizo de Martínez el principal responsable de que el partido se mantuviera sin goles durante el tiempo reglamentario. Detuvo remates de Lamine Yamal, Oyarzabal, Dani Olmo, Ferran Torres, Pedri, Cubarsí, Laporte y Nico Williams.

Messi

Hay que decir también que Argentina no logró que Messi interviniera cuando la posesión ya había generado una ventaja. Durante buena parte del Mundial, el equipo había conseguido liberarlo de la construcción del juego. Paredes, Fernández, Mac Allister y los laterales llevaban la la pelota, para que Leo la recibiera cerca del área.

Frente a España ocurrió lo contrario. Messi terminó bajando, lejos del arco y tratando de activar ataques desde atrás. Intentó 13 quiebres de línea y completó 5, una eficacia del 38%. Su único remate fue bloqueado a los 116 minutos. También fue el argentino que más centros intentó... con apenas dos y ninguno completado.

Julián tampoco encontró espacios ni conexiones y quedó atrapado entre los centrales españoles, obligado a perseguir la salida y sin pases que lo enfrentaran al arco, corriendo solo para intentar presionar la salida o buscando molestar a Rodri.

Los cambios no cambiaron el desarrollo. Paredes permitió mejorar la salida, pero España mantuvo el control territorial; Simeone aportó energía, aunque su único remate llegó cuando el partido ya estaba por terminar; y Molina (¿por qué entró?), Medina, Otamendi y Senesi reforzaron un equipo cada vez más condicionado.

Scaloni consiguió sostener el empate durante 105 minutos. No consiguió cambiar la naturaleza del partido.Ni con actitud. Porque, por ejemplo, el dominio de las segundas pelotas también fue de España (ganó 95, contra 69 de Argentina). No se trató únicamente de rebotes, ya que las segundas son los balones que quedan libres tras un rechazo, un duelo aéreo, una disputa o una pelota dividida.

En síntesis, que España fue mejor porque tuvo una idea más clara y porque logró imponerla. Movió a Argentina de un lado al otro, encontró receptores de pases (la capacidad para conseguir el "tercer hombre" es asombrosa), ensanchó la cancha y acumuló jugadores cerca del área. Cuando perdía la pelota, la recuperaba rápido; y cuando Argentina pretendía salir, cerraba las líneas de pase y obligaba al pelotazo.

Quedará la imagen del gol de Torres como el momento que decidió la final. Sin embargo, los datos dicen que hubo un partido en el que un equipo jugó para crear y otro para sobrevivir.

La voz Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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