ACV: la franja horaria de mayor riesgo y las señales para actuar a tiempo
Especialistas explican qué cambia en el cuerpo apenas amanece y por qué eso favorece la formación de coágulos. También detallan cómo reconocer el problema a tiempo y cuánto margen hay para actuar.
El accidente cerebrovascular, más conocido como ACV o derrame cerebral, es una de las principales causas de muerte y de discapacidad en el mundo.
Según la Organización Mundial de la Salud, en 2021 se registraron cerca de 11,9 millones de casos nuevos a nivel global. En la Argentina, se calcula que más de 50.000 personas lo sufren cada año.
Aunque el ACV puede aparecer en cualquier momento del día, los datos muestran un patrón llamativo: se concentra con más frecuencia entre las seis de la mañana y el mediodía.
Realmente puede ocurrir a cualquier hora del día, quiero dejar eso claro desde el principio. Pero cuando los epidemiólogos analizaron el tema, sí se ve un pico en el porcentaje de pacientes que llegan por la mañana, explicó el doctor Fan Caprio, neurólogo vascular de Northwestern Medicine, en Illinois, Estados Unidos.
Según el doctor Gregory Albers, director del Centro de Ictus de la Universidad de Stanford, en California, Estados Unidos, la explicación tiene que ver con la propia fisiología: La sangre es más viscosa durante las horas de la mañana, lo que aumenta la probabilidad de que se formen coágulos, y además nuestros mecanismos para disolverlos son menos eficaces a primera hora.
A eso se suma la presión arterial, que baja durante el sueño y vuelve a subir al despertar, un movimiento que los especialistas señalan como otro de los mecanismos detrás del repunte matutino.
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Detectar un ACV no siempre es sencillo, porque una obstrucción en el cerebro no necesariamente duele. Por eso los especialistas recomiendan prestar atención a cualquier cambio brusco en el equilibrio, la visión, el habla o la fuerza, sobre todo cuando afecta a un solo lado del cuerpo. Para memorizarlos existe un acrónimo, adaptado al español como RÁPIDO: rostro caído, alteración del equilibrio, pérdida de fuerza en el brazo, impedimento visual repentino, dificultad para hablar. Ante cualquiera de estos signos, obtener ayuda llamando al número de emergencias.
Hay un dato que ayuda a diferenciar el ACV de otros cuadros, según Albers: Los síntomas aparecen de forma instantánea. Si hace días que sentís que el brazo se debilita de a poco, eso no es un ACV.
Prevención y una ventana de tratamiento que no conviene perder
La buena noticia es que buena parte de estos episodios se puede evitar. En la actualidad, los ACV son altamente prevenibles: existe un 80% de probabilidad de evitarlos si se siguen ciertas intervenciones en el estilo de vida, sostuvo el doctor Dileep Yavagal, de la Universidad de Miami, en Estados Unidos. Entre esas medidas, organismos como la Asociación Estadounidense del Corazón recomiendan:
- controlar la presión arterial y el colesterol,
- mantener un peso saludable,
- dormir entre siete y nueve horas,
- hacer actividad física con regularidad y evitar el tabaco.
Cuando el ACV ya ocurrió, el tiempo se vuelve el factor decisivo: el tipo más frecuente, el isquémico, representa más del 80% de los casos y admite medicación para disolver el coágulo dentro de las primeras cuatro horas y media, además de la trombectomía, un procedimiento para extraer el coágulo mecánicamente, en instancias posteriores.
Se puede revertir un ACV si se llama a emergencias a tiempo y se llega a un centro especializado, remarcó Yavagal. La recomendación de fondo, coinciden todos, es la misma: cuanto antes se actúa, mejores son las chances de recuperación.