Escuchar para comprender: una de las habilidades que puede mejorar cualquier relación
La escucha activa, inspirada en la práctica terapéutica, fortalece los vínculos, reduce conflictos y favorece conversaciones más empáticas.
En una época marcada por la inmediatez, las interrupciones y las respuestas automáticas, escuchar con atención se convirtió en una de las habilidades cada vez más escasas. Mientras una persona habla, muchas veces el interlocutor ya prepara su respuesta, busca argumentos o intenta demostrar que tiene razón. Sin embargo, oír y escuchar no son lo mismo: la escucha requiere presencia, tiempo y disposición para comprender antes de responder.
Desde la psicología, esta diferencia resulta fundamental. Los terapeutas aprenden que comprender a una persona implica atender no solo a sus palabras, sino también a sus silencios, emociones, contradicciones y gestos. Esa forma de escuchar permite construir un espacio donde el otro puede expresar lo que siente sin temor a ser juzgado.
Escuchar es mucho más que oír
Las investigaciones en neurociencia muestran que cuando una persona percibe una escucha genuina disminuye su estado de alerta. La sensación de seguridad reduce las respuestas automáticas de defensa, reguladas por la amígdala, y favorece la activación de la corteza prefrontal, la región del cerebro vinculada con la reflexión, el razonamiento y la toma de decisiones. Esta capacidad también está relacionada con la mentalización, es decir, la posibilidad de comprender que detrás de cada conducta existen pensamientos, emociones y necesidades. Por eso, escuchar no implica necesariamente estar de acuerdo, sino intentar comprender la perspectiva del otro antes de emitir un juicio o responder impulsivamente.
Una práctica que mejora la vida cotidiana
La escucha terapéutica no busca convertir cada conversación en una sesión de análisis, sino incorporar una actitud basada en la curiosidad genuina, el respeto y la empatía. Hacer preguntas, tolerar los silencios y aceptar que no siempre existen respuestas inmediatas son recursos que enriquecen cualquier intercambio humano. Esta forma de comunicarse también está presente en los mejores docentes, líderes, padres y amigos. Todos comparten una misma característica: priorizan comprender antes que convencer. Al fin y al cabo, detrás de cada discusión suele haber una persona que necesita sentirse escuchada, y muchas veces esa experiencia resulta mucho más reparadora que cualquier consejo o explicación.
* Lic. Fabiana DAcunto. Psicóloga , docente.