La multitud acompañó hasta el final | El Dia
La bandera argentina flameó en New Jersey más allá del resultado, con el aliento de miles de hinchas que apoyaron al equipo y soñaron con el título hasta el último minuto
A pesar del resultado y de no poder defender el título mundial frente a España, el apoyo de los hinchas argentinos volvió a estar a la altura de la historia. Una multitud albiceleste copó el MetLife Stadium de Nueva Jersey y convirtió la final de la Copa del Mundo en una verdadera demostración de pasión, color y pertenencia.
La fanaticada nacional ya venía de dar la nota durante la semana con un banderazo multitudinario en Times Square, donde miles de argentinos se reunieron para acompañar simbólicamente a la Selección en la antesala del encuentro decisivo. Sin embargo, lo ocurrido ayer superó todas las expectativas. Desde varias horas antes del inicio del partido, los alrededores del estadio comenzaron a teñirse de celeste y blanco, en una postal que recordó a las grandes movilizaciones que suelen verse en suelo argentino.
La jornada comenzó temprano. Desde la mañana neoyorquina, las calles de Manhattan fueron escenario de un incesante desfile de hinchas argentinos y españoles que buscaban llegar a tiempo al estadio ubicado en East Rutherford, Nueva Jersey. Algunos intentaban conseguir entradas de último momento, otros buscaban alternativas de transporte y muchos simplemente caminaban envueltos en banderas, camisetas y canciones que transformaron la ciudad en una enorme previa mundialista.
Con el correr de las horas, la marea humana comenzó a desplazarse hacia el MetLife Stadium. Trenes, colectivos y vehículos particulares se vieron colmados por simpatizantes de ambas selecciones. Sin embargo, una vez más, los argentinos se hicieron notar. Familias enteras, grupos de amigos, parejas y fanáticos que recorrieron miles de kilómetros para acompañar al equipo de Lionel Scaloni fueron ocupando cada rincón de los alrededores del estadio.
Las largas filas para ingresar al recinto se transformaron en otro espectáculo aparte. Centenares de personas debieron esperar durante varias horas antes de que se habilitaran los accesos, en medio de controles de seguridad exhaustivos y una organización que por momentos mostró algunas complicaciones para absorber semejante convocatoria. Mientras tanto, el tiempo de espera se transformó en una fiesta improvisada.
Como sucede habitualmente en las inmediaciones de cualquier estadio argentino, la previa estuvo acompañada por bebidas, parrillas improvisadas, humo, bombos y música a todo volumen. Las canciones de cancha se mezclaron con clásicos del rock nacional y con el tradicional repertorio que acompañó a la Selección durante todo el Mundial. No importaba la procedencia ni la edad de los presentes: todos compartían el mismo objetivo, acompañar al equipo en una nueva final. Si algo divino tiene el fútbol y sobre todo el combinado nacional, es la unión que genera, similar a la de una hermandad
Ya dentro del estadio, la sensación era similar. A medida que las tribunas comenzaban a poblarse, el color celeste y blanco ganaba protagonismo. Banderas de distintas provincias, camisetas de clubes de todo el país y trapos con referencias a Diego Maradona, Lionel Messi y las Islas Malvinas aparecieron en cada sector ocupado por los argentinos.
Los cánticos tampoco se hicieron esperar. Desde mucho antes del pitazo inicial, los hinchas transformaron el estadio en una enorme tribuna popular. Muchachos, convertido ya en un clásico de las últimas grandes conquistas de la Selección, volvió a sonar con fuerza, acompañado por otros temas tradicionales del cancionero futbolero argentino, y el hit del Mundial, Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo.
Al mismo tiempo que en el estadio parecía que no cabía un alma más, en las inmediaciones del recinto, fueron varios los hinchas que quedaron sin la posibilidad de ingresar, ya que muchos agotaron instancias y llegaron al lugar sin entradas. Además de otros tantos que siguieron lo sucedido en el Fan Fest o en bares cercanos del MetLife Stadium. Allí ellos también vivieron el partido con la misma emoción y dolor de los presentes en el recinto.
Más allá de la tristeza que dejó el resultado final, el comportamiento de los simpatizantes volvió a demostrar el vínculo especial que existe entre la Selección y su gente. Durante todo el torneo, Argentina estuvo acompañada por miles de fanáticos en cada ciudad donde jugó, y la final no fue la excepción.
La Copa del Mundo terminó sin la cuarta estrella, pero dejó una imagen que se repitió durante toda la competencia: la de un pueblo que recorrió miles de kilómetros para estar cerca de su equipo, dejando atrás las deudas eternas generadas o los golpes de la vida cotidiana. Porque si algo quedó claro en Nueva Jersey es que, gane o pierda, la Selección nunca juega sola.