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AIM Digital hace 19 horas 6 min de lectura

Día del Amigo en tiempos de crisis: La importancia de cuidar los vínculos

Día del Amigo en tiempos de crisis: La importancia de cuidar los vínculos
Foto: AIM Digital

Este lunes 20 de julio se celebra en la Argentina el Día del Amigo, una fecha profundamente instalada en la cultura nacional que este año vuelve a encontrar a muchas personas atravesadas por dificultades económicas, incertidumbre laboral, agotamiento y preocupación por el futuro.

Aunque no se trata de un feriado oficial, la jornada suele movilizar reuniones, salidas gastronómicas, regalos y encuentros en distintos puntos del país. Para 2026, comerciantes y empresarios del sector gastronómico esperan que las celebraciones se extiendan durante varios días y generen movimiento en restaurantes, cafeterías, cervecerías, confiterías y comercios. Sin embargo, el contexto económico condicionará inevitablemente la manera en que muchas personas puedan festejar.

A esto se suman la precarización de las condiciones laborales, las consecuencias sociales del ajuste, despidos, el cierre de empresas, la informalidad y la desigualdad de ingresos. Los datos reflejan una realidad alarmante, donde la estabilidad, la protección social o los ingresos suficientes para vivir sin preocupación son un lujo que pocos pueden darse.

En este escenario, celebrar el Día del Amigo puede parecer secundario frente a necesidades más urgentes. Sin embargo, desde una perspectiva psicológica, los vínculos de amistad no son un lujo ni un simple entretenimiento. Constituyen una de las redes de sostén que permiten atravesar las crisis, compartir las cargas y disminuir la sensación de estar enfrentando los problemas en soledad.

La amistad como red de sostén emocional

Las amistades pueden ofrecer escucha, compañía, reconocimiento y un espacio en el que no siempre sea necesario aparentar fortaleza. Poder hablar con alguien de confianza, pedir ayuda, compartir una comida sencilla o sentirse tenido en cuenta puede funcionar como un factor de protección frente al estrés, la angustia y el aislamiento.

Esto no significa que una amistad reemplace la asistencia profesional cuando existe un padecimiento psicológico que necesita tratamiento. Significa que los vínculos significativos forman parte de las condiciones que favorecen el bienestar, la salud mental y ayudan a una persona a transitar momentos difíciles.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad. La problemática afecta a personas de todas las edades, pero se presenta con mayor frecuencia entre adolescentes, adultos jóvenes y habitantes de países de menores ingresos. El organismo también señala que la falta de conexión social tiene consecuencias importantes sobre la salud mental, la salud física, la calidad de vida y la longevidad.

Las redes de apoyo adquieren todavía más importancia en contextos de crisis económica y social. Cuando existe temor a perder el trabajo, dificultad para llegar a fin de mes, endeudamiento, cansancio o incertidumbre, el malestar no permanece solamente en el plano económico. También afecta el estado de ánimo, el descanso, los proyectos, la convivencia familiar y la manera de relacionarse con los demás.

La preocupación constante puede llevar a que las personas se aíslen, dejen de participar en actividades sociales o eviten contar lo que les sucede por vergüenza. Muchas veces, quien atraviesa dificultades económicas siente que no puede reunirse porque no tiene dinero para salir, comprar un regalo o sostener determinadas formas de consumo.

Por eso es importante recordar que encontrarse no debería quedar reducido a consumir. Una amistad puede cuidarse mediante una conversación, una visita, una caminata, un mate compartido, una llamada o un mensaje enviado con verdadero interés. El valor del vínculo no depende del costo económico del encuentro.

En tiempos de crisis, una amistad verdadera no siempre puede cambiar lo que nos pasa, pero sí puede transformar la manera y el ánimo con que lo atravesamos, evitando que el dolor nos aísle y que tengamos que transitarlo en soledad.

Cuidar los vínculos en lugar de exigirlos

Las amistades también necesitan cuidado. No se sostienen únicamente por la historia compartida ni por el afecto supuesto. Requieren presencia, reciprocidad, escucha y respeto por los momentos que atraviesa cada persona.

En tiempos de crisis, algunas personas pueden estar más irritables, retraídas o cansadas. Otras quizás no tengan disponibilidad para encontrarse, responder inmediatamente o participar de planes que impliquen gastos. Cuidar una amistad también supone no interpretar automáticamente esas dificultades como falta de cariño.

Preguntar cómo está el otro, escuchar sin minimizar lo que siente y ofrecer una ayuda posible puede ser más importante que intentar encontrar soluciones rápidas. A veces, acompañar implica permanecer cerca sin invadir y hacerle saber a la otra persona que no tiene que atravesar sola aquello que le sucede.

También resulta necesario revisar los vínculos que se vuelven unidireccionales. Una amistad saludable no exige que una sola persona escuche, cuide, resuelva y esté siempre disponible. Las redes de sostén necesitan cierta reciprocidad para no convertirse en una carga adicional para quienes ya vienen sosteniendo demasiado.

Frente al individualismo, recuperar la comunidad

Las crisis no son únicamente experiencias individuales. Las políticas económicas, los recortes, la pérdida de derechos, el debilitamiento de las instituciones y la incertidumbre laboral producen efectos concretos en la vida cotidiana y en la salud mental de la población.

Cuando las respuestas se concentran exclusivamente en que cada persona debe adaptarse, esforzarse más o resolver por sí misma las consecuencias de problemas colectivos, se corre el riesgo de profundizar el aislamiento y la culpa. No todo malestar puede explicarse como una dificultad personal para afrontar la realidad.

En la Argentina actual, las políticas de ajuste impulsadas por el Gobierno nacional recaen especialmente sobre trabajadores, jubilados, personas con discapacidad, familias y sectores que dependen de los sistemas públicos de salud, educación, ciencia y asistencia social. Más allá de las cifras macroeconómicas, sus efectos deben analizarse también en términos humanos: cansancio, incertidumbre, pérdida de proyectos y debilitamiento de las condiciones necesarias para sostener una vida digna.

Frente a ese escenario, la amistad no resuelve la desigualdad ni reemplaza la responsabilidad del Estado. Tampoco puede compensar por sí sola la pérdida de ingresos, derechos o servicios esenciales. Pero puede ayudar a evitar que el sufrimiento se viva de manera completamente aislada.

Cuidar las amistades es también cuidar los espacios en los que podemos ser escuchados, pedir ayuda y recordar que nuestra vida no se reduce a producir, rendir o sobrevivir. Es conservar una forma de comunidad en una época que muchas veces empuja hacia la competencia, la fragmentación y el individualismo.

Este Día del Amigo puede ser una oportunidad para recuperar el sentido más profundo de la fecha: no la obligación de consumir ni de mostrar grandes reuniones, sino el reconocimiento de aquellas personas que nos acompañan y de los vínculos que hacen que la vida resulte más habitable.

En momentos de crisis, la amistad no es algo menor. Puede ser refugio, compañía, memoria compartida y posibilidad de futuro. Por eso, además de celebrarla, es necesario cuidarla.

Andrea S. Varisco (Melody) | Lic. en Psicología | Mat. 2698.

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