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Contextotucuman hace 19 horas 5 min de lectura

Una ola de cierre de locales comerciales en Catamarca reaviva el debate sobre las ferias

El cierre de numerosos locales comerciales en el microcentro de San Fernando del Valle de Catamarca encendió las alarmas entre co...

Una ola de cierre de locales comerciales en Catamarca reaviva el debate sobre las ferias
Foto: Contextotucuman

Referentes del sector coinciden en que no existe una única explicación para la crisis. Entre los principales factores mencionan el elevado costo de los alquileres comerciales, la disminución del flujo de compradores, el incremento de las tarifas de servicios públicos, la competencia de las ventas informales y las diferencias en la carga impositiva.

Los alquileres en la zona céntrica representan uno de los mayores desafíos para los comerciantes. Según los testimonios recogidos, el alquiler de un pequeño local oscila entre los dos y los seis millones de pesos mensuales. A ese gasto se suman las facturas de servicios como electricidad y agua, que, dependiendo de la ubicación y de la época del año, pueden superar el medio millón de pesos.

A este escenario económico se agregan las modificaciones en el comportamiento de los consumidores. Los comerciantes sostienen que las familias priorizan cada vez más la compra de alimentos y productos esenciales, lo que redujo significativamente la demanda de rubros considerados no prioritarios. También advierten sobre el crecimiento de las ventas informales, una situación que obliga a muchos negocios habilitados a reducir precios o lanzar promociones para intentar sostener el nivel de ventas.

Una comerciante de la zona alta de la capital provincial describió con preocupación el panorama que atraviesa el sector. Señaló que la proliferación de locales vacíos genera una imagen desalentadora del centro y afirmó que la situación económica afecta directamente el consumo. Según explicó, la gente dejó de comprar ropa con la frecuencia de años anteriores porque concentra sus ingresos en necesidades básicas.

La empresaria también remarcó las diferencias entre el comercio formal y las ventas en ferias, al señalar que los locales habilitados deben afrontar impuestos y otras obligaciones que, según sostuvo, no recaen de la misma manera sobre quienes comercializan en espacios públicos.

No obstante, manifestó comprender la realidad de los feriantes. Reconoció que muchas personas recurren a esa actividad para obtener ingresos y consideró positivo que puedan generar recursos para sus familias, aunque admitió vivir con el temor de que su propio negocio deba cerrar. Asimismo, destacó que cada comercio representa una fuente laboral tanto para el propietario como para sus empleados.

Pese a sus cuestionamientos, la comerciante reconoció que la comparación entre ambos modelos no resulta sencilla, ya que muchos feriantes también deben afrontar costos para desarrollar su actividad.

Otro comerciante, dedicado desde hace más de dos décadas a la venta de joyas sobre la peatonal, afirmó que las ventas continúan existiendo, aunque con un comportamiento muy distinto al de años anteriores. Explicó que el movimiento comercial aumenta en fechas especiales, como el Día de la Madre o el Día de la Mujer, pero señaló que actualmente los consumidores priorizan cubrir necesidades básicas antes que adquirir productos como anillos o pulseras, aunque algunos siguen realizando esfuerzos para hacer regalos.

En contraste, un vendedor de artículos de bazar aseguró que su rubro logró sostenerse mejor frente a la caída del consumo. Indicó que, si bien existen jornadas con escasa actividad, otros días la demanda es tan elevada que no alcanzan a atender a todos los clientes. Atribuyó esa diferencia a que comercializa productos pequeños y de bajo costo, más accesibles para el bolsillo de los consumidores. Sin embargo, confesó que le resultó muy doloroso ver cerrar comercios, especialmente el de su hermano, quien no logró sostener el emprendimiento pese al esfuerzo realizado.

La situación también fue analizada por quienes desarrollan su actividad en la Plaza 25 de Mayo. Un emprendedor que obtuvo un espacio fijo destacó las dificultades que implica iniciar un negocio desde cero y explicó que, además de vender todos los viernes en la plaza, suele recorrer distintos lugares ofreciendo sus productos. También describió las complicaciones de trabajar a la intemperie, expuesto al viento, la lluvia y las altas temperaturas, protegido únicamente por una carpa.

Otra feriante recordó que debió afrontar numerosos obstáculos para conseguir un lugar donde vender. Relató que en varias oportunidades fue desplazada bajo el argumento de que esos espacios estaban reservados para quienes concurrían habitualmente y aseguró que debió anotarse en un listado y luchar durante mucho tiempo para conservar su puesto.

El panorama también abrió un debate político. Desde el bloque de concejales de La Libertad Avanza sostuvieron que la situación puede representar una oportunidad para los emprendedores. La concejal Eleonora Sopaga cuestionó que el municipio rechazara un proyecto impulsado por su espacio para digitalizar los trámites y permisos destinados a los feriantes, iniciativa que, según afirmó, buscaba garantizar igualdad de oportunidades para todos los emprendedores.

Además, sostuvo que no debería ser necesario pertenecer a ninguna agrupación ni realizar pagos para acceder a un espacio de venta en las ferias. En ese sentido, aseguró haber recibido denuncias de emprendedores que afirmaron haber sufrido malos tratos y exigencias económicas para conservar un lugar en la Plaza 25 de Mayo. Según uno de esos testimonios, una agrupación cobraría 10.000 pesos mensuales por permitir la permanencia en ese espacio, una práctica que Sopaga cuestionó al considerar que nadie debería lucrar con el trabajo de los vendedores.

Por su parte, el concejal Diego Figueroa planteó una visión distinta sobre el cierre de locales comerciales. A través de un video difundido en redes sociales, sostuvo que el fenómeno no necesariamente debe interpretarse como una crisis, sino también como una oportunidad de negocios.

En ese contexto, cuestionó si resulta conveniente afrontar alquileres de hasta 30 millones de pesos, impuestos, elevadas facturas de servicios, contratación de empleados y los trámites de habilitación municipal, cuando existe la posibilidad de vender en espacios públicos sin asumir esos costos. Como ejemplo, mencionó un local que anteriormente funcionaba como heladería y que, tras cerrar, fue ocupado por una panadería que calificó como una de las más emblemáticas de Catamarca.

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