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Surenio hace 20 horas 4 min de lectura

Las ciudades se detenían cada vez que jugaba Argentina - Diario El Sureño

Durante toda la Copa del Mundo las presentaciones de la Selección modificaron la rutina de cada una de las ciudades es la provincia. Calles casi vacías, gimnasios con poca actividad,

Las ciudades se detenían cada vez que jugaba Argentina - Diario El Sureño
Foto: Surenio

Durante toda la Copa del Mundo las presentaciones de la Selección modificaron la rutina de cada una de las ciudades es la provincia. Calles casi vacías, gimnasios con poca actividad, bares repletos y comercios con escaso movimiento dejaron imágenes que se repitieron a lo largo del torneo.

RIO GRANDE.- El Mundial 2026 dejó mucho más que fútbol. Durante varias semanas, cada presentación de la Selección argentina transformó la vida cotidiana de Río Grande y generó escenas poco habituales para una ciudad acostumbrada a un ritmo constante.

Con el pitazo inicial de cada encuentro, el tránsito disminuía notablemente, las veredas quedaban casi desiertas y numerosos comercios atravesaban uno de los momentos de menor movimiento del día. En contrapartida, bares, cafeterías y restaurantes que transmitían los partidos se convertían en puntos de encuentro para decenas de vecinos que elegían compartir cada jugada.

Los supermercados también modificaban su dinámica. Las compras se concentraban en la previa y, una vez comenzado el partido, los pasillos lucían prácticamente vacíos. Algo similar ocurría en bancos, estaciones de servicio y otros comercios, donde la actividad bajaba considerablemente hasta el final de cada encuentro.

Pero no todos vivieron el Mundial de la misma manera. Mientras la mayoría seguía cada partido frente a una pantalla, hubo quienes aprovecharon ese momento para realizar actividades que normalmente demandan más tiempo.

Uno de los vecinos consultados por El Sureño contó que eligió hacer las compras durante los encuentros de la Selección. «Era el mejor momento. Entraba al supermercado y recorría las góndolas sin cruzarme con casi nadie. En otro horario habría tardado mucho más».

En algunos gimnasios también se registró una situación particular. La asistencia disminuía durante los partidos y quienes concurrían encontraban todas las máquinas disponibles.

Una profesora de educación física señaló que el fenómeno se repitió durante todo el torneo. «Había personas que elegían venir justamente porque sabían que el gimnasio iba a estar tranquilo. Podían hacer toda la rutina sin esperar un solo minuto».

No todos, sin embargo, organizaron su agenda alrededor del fútbol. Un empleado de comercio explicó que nunca modificó sus hábitos durante el campeonato. «No soy muy futbolero. Aproveché esos horarios para hacer trámites o salir porque sabía que había menos tránsito y menos gente en todos lados». Algo parecido ocurrió en espacios culturales y bibliotecas, donde algunos vecinos encontraron un ambiente poco habitual. Una estudiante universitaria de la UTN relató que eligió visitar una muestra durante uno de los partidos. «Fue una experiencia distinta. Éramos muy pocos recorriendo las salas. Cuando salimos escuchamos los gritos de los goles desde distintos edificios y recién ahí nos dimos cuenta de lo que estaba pasando».

Entre quienes siguieron trabajando también hubo sensaciones encontradas. Un remisero comentó que la demanda disminuía mientras la pelota estaba en juego, pero aumentaba inmediatamente después. «Durante el partido había pocos viajes. Apenas terminaba, el teléfono empezaba a sonar otra vez y salía todo junto». Otro chofer tuvo una visión diferente. «Si me tocaba trabajar, trabajaba. Después veía el resumen. No siempre se puede dejar de trabajar para mirar un partido».

En el Hospital Regional Río Grande, como ocurre en cada competencia de estas características, la atención continuó desarrollándose con normalidad. Lo mismo sucedió en las fuerzas de seguridad, los servicios de emergencia y otras actividades esenciales, donde el Mundial no modificó las responsabilidades diarias, aunque muchos siguieron de reojo el desarrollo de los encuentros cuando el trabajo lo permitía.

Las imágenes se repitieron una y otra vez durante el campeonato. Calles silenciosas, oficinas con televisores encendidos, celulares apoyados sobre los escritorios, comercios atentos a los relatos radiales y festejos espontáneos que se escuchaban desde distintos barrios cuando llegaba un gol argentino.

Más allá del desenlace deportivo, el Mundial volvió a demostrar el lugar que ocupa el fútbol en la sociedad argentina. En Río Grande, durante varias semanas, la ciudad pareció ponerse de acuerdo en una misma pausa. Algunos para alentar a la Selección; otros para aprovechar una tranquilidad que sólo aparece cuando millones de personas miran el mismo partido al mismo tiempo.

Surenio Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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