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Economía
El Destape hace 20 horas 14 min de lectura

Una economía sin locomotoras: qué esperar del segundo semestre cuando los motores siguen apagados

Una economía sin locomotoras: los principales motores de la actividad sigue apagados

Una economía sin locomotoras: qué esperar del segundo semestre cuando los motores siguen apagados
Foto: El Destape

El Gobierno de Javier Milei asegura que la economía mejorará durante la segunda mitad del año. Sin embargo, los datos oficiales y privados empiezan a mostrar una característica distinta: el crecimiento parece perder cada vez más capacidad para trasladarse al resto de la economía. Mientras algunos sectores exhiben dinamismo, el consumo no despega, la industria opera lejos de sus niveles previos, la construcción continúa resentida por el freno de la obra pública y el empleo formal sigue sin reaccionar.

El punto no es menor. Una economía puede expandirse por el impulso de unos pocos sectores altamente especializados y, al mismo tiempo, mantener estancados el consumo, el empleo o la producción industrial. En ese escenario, el crecimiento deja de traducirse sobre el conjunto del entramado productivo y comienza a convivir con un mayor estancamiento en buena parte de las empresas, los trabajadores y las economías regionales. Esa es, precisamente, una de las principales incógnitas que abre la segunda mitad del año.

Demanda interna: ¿Hay quien compre?

Durante décadas, las recuperaciones económicas en nuestro país tuvieron un patrón relativamente previsible: el consumo volvía a crecer, las empresas respondían aumentando la producción, la construcción recuperaba dinamismo y el empleo acompañaba ese proceso. La incógnita que empieza a instalarse de cara al segundo semestre de este año es si esa lógica sigue aún vigente.

El primer interrogante aparece sobre uno de los motores tradicionales del crecimiento: el consumo. Aunque algunos indicadores agregados reflejaron una mejora respecto de los peores meses de la recesión, todavía no aparecen señales de una reactivación sostenida de la demanda interna. Los ingresos de buena parte de los hogares continúan condicionados por la pérdida acumulada de poder adquisitivo (abr/26: salario registrado privado -3,5% versus no/23 y el salario público -17,3% abajo de nov/23) y el crédito, que durante los últimos meses funcionó como un sostén para muchas familias, comienza a mostrar señales de agotamiento.

Un informe reciente del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) advirtió que el fuerte aumento del endeudamiento familiar y el deterioro de la capacidad de pago ponen un límite a la posibilidad de que el crédito siga apuntalando el consumo. La tasa de irregularidad de los préstamos destinados a las familias en el sistema tradicional ya superó el 12% (la más alta desde la salida de la crisis 2001-03), alrededor de siete millones de personas presentan problemas de calificación crediticia y más de una cuarta parte de quienes alguna vez tomaron un préstamo hoy se encuentran en situación de mora o fuera de los parámetros habituales para acceder a un nuevo financiamiento.

De hecho, en el ecosistema de billeteras virtuales y finanzas digitales, la mora en categoría de "irrecuperable" escaló al 10,8% del total prestado para marzo de 2026, cuadruplicando los niveles observados a inicios de 2025 (2,6%). Lejos de emplear el crédito como un mecanismo de inversión productiva o de adquisición de bienes durables, las familias argentinas recurren de forma sistemática al endeudamiento para cubrir necesidades básicas y gastos diarios de subsistencia (compras de alimentos con tarjetas de crédito, refinanciación de tarifas de servicios públicos y toma de microcréditos de rápido acceso), destacaron los economistas.

En ese contexto, el propio informe concluyó que el consumo difícilmente pueda transformarse en el principal motor de la actividad durante la segunda mitad del año. Incluso se advirtió que, detrás de los datos agregados, persisten señales de debilidad en indicadores más vinculados al consumo cotidiano, como las ventas en supermercados y centros de compras, que permanecen estancadas desde hace más de un año.

De esta manera, sin mejora sostenida del ingreso, es difícil que el consumo se convierta en un gran impulsor de la actividad en lo que queda del año.

Inversión productiva: ¿Hay quien invierta?

Si el consumo todavía no logra consolidarse como motor de la actividad, la otra variable sobre la que la gestión libertaria deposita sus expectativas es la inversión privada. Sin embargo, también allí aparece un interrogante: no alcanza con que aumente la inversión, sino que importa hacia dónde se dirige y qué capacidad tiene para dinamizar al resto de la economía.

Buena parte de los proyectos anunciados durante los últimos meses se concentran en sectores como el petróleo, el gas y la minería, impulsados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Se trata de actividades con un fuerte potencial exportador y capacidad para generar divisas, pero cuyo impacto sobre el entramado productivo y el empleo resulta más acotado que el de otros sectores históricamente asociados a las recuperaciones económicas.

Esa diferencia empieza a reflejarse también en los indicadores laborales. Desde el inicio de la gestión de Milei, la actividad económica aumentó 5,5% pero el empleo privado formal cayó 3,7%. Un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP) mostró que, mientras la Explotación de minas y canteras fue la actividad que más creció en el último año (+17,1%), el empleo asalariado formal en ese mismo sector cayó 5,0%. Algo similar ocurrió con la Intermediación financiera, que expandió su actividad un 4,5% pero redujo 4,6% sus puestos de trabajo registrados, incluso el Agro que verificó una mejora del 10,9%, prácticamente no generó nuevos empleos formales.

Del otro lado del mapa aparecen las economías regionales tradicionales. A diferencia de los grandes proyectos extractivos, estas actividades dependen de una combinación de consumo interno, exportaciones, empleo intensivo y una extensa red de pequeños y medianos productores. No obstante, en el último informe sectorial que publica Coninagro se observó que ocho de las principales economías regionales están en rojo, siete en amarillo y apenas cuatro en verde. Por ejemplo, la yerba mate y el vino acumulan doce meses consecutivos en situación crítica también se suman entre las actividades en rojo el arroz, hortalizas y algodón, maní, leche y mandioca.

El contraste con otros ciclos de crecimiento resulta significativo. Por eso, más que preguntarse si la inversión crece, la discusión para el segundo semestre pasa por determinar si ese perfil de inversiones puede compensar la debilidad que todavía muestran el consumo, la industria y la construcción, o si terminará consolidando una recuperación cada vez más concentrada en un puñado de sectores.

Construcción: ¿Hay quien traccione?

Otro de los motores que todavía no recupera el protagonismo comparado con anteriores ciclos económicos es la construcción. Históricamente, el sector funcionó como uno de los principales multiplicadores de la actividad: además de su impacto directo sobre el empleo, dinamizaba una extensa cadena de proveedores que abarca desde la producción de cemento, hierro y vidrio hasta el transporte y los servicios profesionales.

Ese papel comenzó a modificarse con la virtual paralización de la obra pública, uno de los ejes centrales del ajuste fiscal impulsado por el Gobierno. Según el Instituto Argentina Grande (IAG) el gasto de capital explicó la mayor parte del recorte del gasto público: cayó un 81%, en términos reales (considerando el impacto de la inflación).

Esa situación también se refleja en el mercado laboral ya que desde el inicio de la gestión libertaria, la construcción perdió más de 100.000 puestos de trabajo, según los datos del Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC). Junto con la industria manufacturera, concentra 6 de cada 10 empleos destruidos en el sector privado. El empleo registrado en la construcción está planchado desde hace dos años, luego de haber caído más del 20% entre agosto de 2023 y abril de 2024, destacó el investigador Luis Campos.

La pérdida de empleo vino acompañada por la desaparición del entramado corporativo. La disminución del número de empleadores alcanzó el 24,2% en comparación con el máximo de 2008. A su vez, las empresas ubicadas en las grandes jurisdicciones urbanas registraron un fuerte retroceso, tocando los niveles más bajos de los últimos 20 años, y ubicándose incluso por debajo del período de aislamiento en plena pandemia. De hecho, si bien el sector exhibió en mayo pasado una mejora mensual (Despachos de cemento +3,5% y el Índice Construya que mide venta de insumos, +1,9%), continúa rezagado ubicándose aún por debajo de 2022 (con caídas de -23% y - 30% respectivamente).

La pregunta de cara al segundo semestre es si la inversión privada podrá asumir el papel que durante décadas tuvo el Estado como impulsor de la construcción o si, por el contrario, y como ha ocurrido hasta ahora, el sector seguirá operando muy por debajo de su capacidad.

Industria: ¿hay quien produzca?

La industria completa el diagnóstico sobre los límites que enfrenta cualquier posible recuperación. A diferencia de sectores como la minería o el petróleo, su evolución depende en gran medida del comportamiento del mercado interno: consume más insumos cuando crece la construcción, produce más bienes cuando mejora el poder de compra de las familias y amplía inversiones cuando las empresas perciben una demanda sostenida. Por eso, suele ser uno de los mejores termómetros para medir la solidez de un ciclo expansivo.

El Índice de Producción Industrial (IPI) del INDEC se desplomó en mayo (-5,7% interanual; anotó 10 caída en los últimos 11 meses,) y acumuló una baja del 3,1% en el año. En relación una de las principales señales de la crisis es el bajo nivel de utilización de la capacidad instalada: en mayo se ubicó en 58,4% por debajo de igual mes del 2025. El bloque energético lideró el uso de plantas industriales gracias al procesamiento de petróleo crudo. En contraste, los sectores vinculados al consumo interno y la inversión, como la metalmecánica y el rubro textil, operaron con una elevada capacidad ociosa.

Ese diagnóstico también aparece en los relevamientos empresariales. La Unión Industrial Argentina (UIA) advirtió que persisten dificultades para consolidar una recuperación sostenida. Entre las principales preocupaciones que manifiestan las firmas aparecen la debilidad del mercado interno, el aumento de los costos y la creciente competencia de productos importados. La caída de la demanda interna continúa siendo la principal preocupación, mencionada por una de cada dos empresas. En segundo lugar, se ubicó el aumento de costos (21,3%), y la dificultad para competir con productos importados ocupó el tercer lugar entre las inquietudes empresariales (15,6%), detallaron.

La situación es aún más alarmante para las pequeñas y medianas empresas productivas. De acuerdo con el Observatorio Pyme, la caída de las ventas es el principal problema que afronta el sector afectando al 83% de las pymes. Sin embargo, el problema que enfrentan las firmas que sostienen más del 50% del empleo asalariado nacional ya no es solamente de caída en sus ventas, sino que incluso cuando venden, no logran cobrar: el 60% de las PyME industriales identificó los retrasos en los pagos de sus clientes como uno de sus principales problemas. Un año atrás esa preocupación alcanzaba al 35% de las firmas. A su vez, entre las escasas firmas que lograron incrementar sus ventas, el mejor desempeño correspondió a productos importados. Mientras el 24% de las empresas que comercializan bienes importados registró aumentos en sus ventas, esa proporción fue menor entre quienes venden productos nacionales (10 puntos por debajo).

Por su parte, los datos del empleo ratifican esa situación. La industria manufacturera perdió más de 83.000 puestos de trabajo registrados desde el inicio de la gestión Milei, convirtiéndose en la actividad que más empleo formal destruyó en términos absolutos. A su vez se destruyeron 28.262 empresas. La caída se da en 23 de 24 jurisdicciones. La más afectada es la Provincia de Buenos Aires: 7.625 empresas menos. Le siguen Córdoba (-4.647) y Santa Fe (-2.945).

Así las cosas, más que un problema exclusivamente industrial, el escenario revela una dificultad más amplia: sin una recuperación sostenida del mercado interno, la industria difícilmente pueda volver a desempeñar el papel que históricamente tuvo como uno de los principales motores del crecimiento económico.

El empleo: ¿cantidad por calidad?

El empleo aparece como el principal examen para medir la consistencia de la recuperación económica. En otros ciclos expansivos, el aumento de la actividad se traducía, tarde o temprano, en una mayor demanda de trabajadores, pero actualmente esa relación parece -como mínimo- haberse debilitado.

Desde el inicio de la actual gestión, el sector privado perdió más de 300.000 empleos registrados y siete de cada diez puestos destruidos corresponden a empresas privadas. Los 330 mil asalariados formales que perdieron su empleo en el período se explican principalmente por el sector privado (71,4%), mientras que el sector público explicó el 22,4% y el trabajo en casas particulares un 6,4%, se acuerdo con el documento del IPYPP.

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) los asalariados registrados representaron en el primer trimestre de este año apenas el 44,6% de los ocupados, el nivel más bajo de los últimos años y 2,4 puntos menos que en 2023. En contraste, creció la inserción laboral vía el cuentapropismo y el empleo asalariado no registrado que, en conjunto, ya abarcan a más de la mitad de los ocupados (51,4% del total), exclusivamente motorizados por el autoempleo. En ese esquema, si se pone la lupa en la calidad del empleo, se observa que 4 de cada 10 trabaja en la informalidad. Esto equivale a un total de 8,5 millones de trabajadores que se encuentran en condiciones informales.

Asimismo ese crecimiento del autoempleo presenta un marcado componente femenino. Así se desprende de un informe del centro Fundar que dio cuenta de una de las transformaciones más silenciosas del mercado laboral: lo que más viene creciendo es el cuentapropismo femenino. En concreto, en 2012, solo el 34% del empleo no asalariado eran mujeres y actualmente ya llegó al 42%, agravando las condiciones estructurales de precariedad de las trabajadoras.

Casi un 40% trabaja en comercio, principalmente de alimentos y ropa, detallaron. Se trata de mujeres feriantes, comerciantes y, que venden desde su casa por internet. Asimismo, un 14% adicional trabaja en Servicios comunitarios y personales, principalmente, servicios de peluquería y tratamiento de belleza, y otro 13% trabaja en Industria manufacturera, pero no se trata del empleo en la fábrica, sino emprendimientos de fabricación artesanal de distinto tipo.

El problema no es solamente el bajo crecimiento económico, sino la dificultad para transformar ese crecimiento en empleo productivo y protegido, señalaron al respecto desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Este fenómeno ayuda a explicar una de las principales paradojas del mercado de trabajo argentino: la economía logró sostener niveles reducidos de desempleo sin consolidar una expansión equivalente del empleo formal, productivo y protegido.

De cara al segundo semestre, en definitiva, el empleo sigue siendo el indicador que mejor muestra hasta qué punto una recuperación alcanza -o no- al conjunto de la sociedad.

Segundo semestre: ¿Quién sostiene el crecimiento?"

Si el consumo, la industria, la construcción o el empleo no están sosteniendo hoy el crecimiento, ¿en qué se apoya oficialismo? Los indicadores exhibieron que el impulso proviene, principalmente, de un conjunto acotado de actividades vinculadas a los recursos naturales y a los servicios financieros.

En detalle, la producción de petróleo y gas en Vaca Muerta, la expansión de la minería, el buen desempeño de algunos complejos agroexportadores y la intermediación financiera explican buena parte de la mejora que exhiben las estadísticas de actividad. Se trata de sectores estratégicos por su capacidad para generar divisas pero que presentan una característica que los diferencia de otros motores históricos de la economía argentina: requieren menos mano de obra, tienen cadenas de proveedores más reducidas o concentran buena parte de su dinamismo en segmentos específicos, con un efecto de arrastre limitado sobre el resto del aparato productivo.

Las empresas del RIGI estiman 15.194 empleos directos y 50.573 indirectos durante la etapa de construcción. Ahora bien, cuando se observa la fase de operación -es decir, los empleos permanentes de largo plazo- las cifras disminuyen considerablemente: se proyectan 8.196 empleos directos y 17.575 indirectos. Si se analiza la evolución del empleo registrado entre 2024 y 2026, puede advertirse que el RIGI todavía no compensa la caída general del empleo formal en otros sectores de la economía", detalló una investigación del Observatorio del RIGI (UNSAM-CONICET).

Por último, la discusión de fondo pasa por establecer si el posible crecimiento del PBI logrará extenderse al conjunto de la economía o si, como hasta ahora, continuará apoyándose en un número reducido de sectores, con escasa capacidad para generar empleo, dinamizar el mercado interno y arrastrar al resto del entramado productivo.

El Destape Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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