La ilusión no alcanzó: España jugó otra final y la Selección no tuvo respuestas para una superioridad evidente
La final expuso los límites en el momento más exigente y no dejó margen para la reacción. Aun así, el recorrido previo sostiene la memoria de un equipo que hizo feliz a su gente.
La pregunta brota naturalmente: ¿qué pasó en la final entre Argentina y España? La interrogación se repite en los chats de grupo, en cada conversación con los hinchas en el estadio MetLife. Y resuena una y otra vez en la cabeza. Y lo más doloroso es que la respuesta es simple. Pasó España, candente y lujosa, borrando de la cancha al campeón defensor, de la misma manera que había arrasado a Francia.
¿Quién tiene la culpa? Esta pregunta es el impulso reactivo ante la frustración... ¿Fue el planteo? ¿Pudo evitar Enzo Fernández la inoportuna expulsión? ¿Por qué Nahuel Molina volvió a comer el mismo error conceptual a la hora de cerrar? La respuesta es simple, otra vez. Es un poco de todo. Durante esta Copa del Mundo fueron los jugadores los que sostuvieron la ilusión. Pero España fue mucho mejor.
Está claro también que no hubo recambio que empatara a la base titular, que las lesiones en la previa condicionaron todo, y que el fuego sagrado de este equipo revirtió historias que parecían escritas. En la final, España fue mucho mejor.
¿Qué va a hacer Lionel Messi? ¿Cómo haremos nosotros para ver a la Selección sin el Diez? ¿Cómo será la era nueva, después de este sueño hermoso que duró veinte años? Estas, quizás, todavía no tengan respuesta.
Esta Copa del Mundo será tan recordada como la de Qatar. Aquella vez, un día antes de la final contra Francia, titulé: Los días felices. Porque sabía perfectamente que el hincha jamás iba a olvidar lo feliz que había sido por este cuerpo técnico y por este plantel. Aquella coronación fue el broche de oro, pero esta vez no se dio.
Y los días también fueron felices. Y serán felices en la memoria cuando se corra el dolor. Y la gente jamás va a olvidarse de esta Selección.