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Tiempo San Juan hace 20 horas 5 min de lectura

Las mismas lágrimas, dos historias diferentes: de Maradona en Italia 90 a Messi en el Mundial 2026

La derrota ante España reavivó una imagen imborrable del fútbol argentino. Maradona y Messi lloraron tras perder una final, pero sus historias y legados fueron muy distintos.

Las mismas lágrimas, dos historias diferentes: de Maradona en Italia 90 a Messi en el Mundial 2026
Foto: Tiempo San Juan

Hay imágenes que no necesitan una explicación. Quedan grabadas en la memoria colectiva porque resumen una época mejor que cualquier estadística.

Diego Armando Maradona, sentado sobre el césped del Estadio Olímpico de Roma, con el rostro empapado en lágrimas después de perder la final del Mundial de Italia 1990 frente a Alemania Federal. Lionel Messi, inmóvil sobre el campo del New York New Jersey Stadium, observando cómo España celebraba el título del Mundial 2026 mientras la ilusión argentina se desvanecía.

Treinta y seis años separan esas dos escenas. La emoción parece la misma. La historia, no.

Dos campeones que llegaron hasta la última noche

Hay una coincidencia que pocos seleccionados pueden contar. Tanto el equipo de Carlos Bilardo como el de Lionel Scaloni llegaron a la siguiente Copa del Mundo con la misión más difícil del fútbol: defender el título.

Argentina había conquistado México 1986 con un Maradona en estado de gracia. Cuatro años más tarde volvió a meterse en la final, aunque el recorrido fue mucho más tortuoso.

La generación de Messi vivió un proceso diferente. Después de levantar la Copa en Qatar 2022, conquistar una nueva Copa América y sostener una base que dominó el fútbol internacional durante varios años, la Selección llegó a Estados Unidos, México y Canadá como una de las máximas candidatas. También alcanzó la final. También terminó viendo celebrar al rival.

En ambos casos, el sueño del bicampeonato quedó a un paso.

Dos finales jugadas desde la resistencia

Las similitudes no terminan allí.

La final de Italia 90 fue un ejercicio de supervivencia. Argentina llegó golpeada física y futbolísticamente. Claudio Caniggia no pudo jugar por suspensión. Oscar Ruggeri arrastraba problemas físicos. Durante el partido fueron expulsados Pedro Monzón y Gustavo Dezotti. Maradona fue perseguido durante toda la noche por Guido Buchwald y Alemania terminó imponiéndose 1-0 con el recordado penal convertido por Andreas Brehme.

Treinta y seis años después, la historia tuvo varios puntos en común.

España monopolizó la pelota desde el inicio y obligó a Argentina a defender durante gran parte del encuentro. Lionel Scaloni perdió por lesión a Lisandro Martínez en el primer tiempo y a Cristian Romero en el complemento. En el cierre del tiempo reglamentario, Enzo Fernández fue expulsado por doble amonestación y la Selección debió afrontar toda la prórroga con diez jugadores.

Como en Roma, el arquero argentino fue una de las grandes figuras. Si en 1990 Sergio Goycochea había llevado al equipo hasta la final con sus atajadas en las definiciones por penales frente a Yugoslavia e Italia, en 2026 Emiliano Martínez sostuvo el empate durante más de cien minutos con una actuación extraordinaria. Pero ni siquiera eso alcanzó para evitar la derrota.

El camino hasta la final marcó una diferencia

Aunque las dos Selecciones terminaron perdiendo el último partido, el recorrido fue muy distinto.

La Argentina de Bilardo construyó una campaña épica. Debutó con una sorpresiva derrota ante Camerún, avanzó a los octavos de final como uno de los mejores terceros y sobrevivió a cada instancia eliminatoria. Eliminó a Brasil con una genialidad de Maradona para el gol de Caniggia, dejó atrás a Yugoslavia en los penales y silenció al Estadio San Paolo de Nápoles al vencer a Italia, otra vez desde los doce pasos.

Fue, probablemente, una de las campañas más sufridas de la historia de los Mundiales.

La Selección de Scaloni transitó un camino diferente. Llegó a la final respaldada por un proyecto consolidado, con una identidad de juego definida y el prestigio de haber dominado el ciclo posterior a Qatar 2022. No necesitó milagros para avanzar. Su derrota llegó recién en el último escalón.

Dos capitanes, dos momentos de sus carreras

También eran distintos los hombres que llevaban la cinta de capitán.

Maradona disputó Italia 90 condicionado por problemas físicos y por un contexto de enorme tensión. El recibimiento hostil del público italiano, especialmente después de que pidiera el apoyo de los napolitanos en la semifinal frente al seleccionado local, convirtió aquella final en una batalla emocional. Su llanto reflejaba la frustración de quien sentía que se escapaba una oportunidad irrepetible y que, además, consideraba injusto el desenlace.

Messi llegó a la final de 2026 desde otro lugar. Ya no cargaba con la mochila de las finales perdidas ni con la presión de demostrar que podía ser campeón con la Selección. Había conquistado la Copa América, la Finalissima y el Mundial de Qatar. Había roto todos los récords imaginables con la camiseta argentina y ya ocupaba un lugar indiscutido en la historia del fútbol.

Su legado no dependía de ganar una segunda Copa del Mundo.

Las lágrimas decían cosas distintas

Las fotografías unirán para siempre a Maradona y Messi.

Ambos aparecen derrotados. Ambos lloran después de perder una final del mundo. Ambos representan el dolor de un país que volvió a quedarse a las puertas de la gloria.

Pero esas lágrimas hablan de historias diferentes.

Las de Maradona retrataban a un campeón que todavía luchaba por sostener una corona conquistada cuatro años antes y que sentía que la historia le había sido esquiva en su última gran batalla mundialista.

Las de Messi, en cambio, encuentran a un futbolista que ya había cambiado para siempre la historia de la Selección Argentina. Aquel chico que durante años soportó comparaciones imposibles terminó construyendo una obra propia. Devolvió a Argentina a la cima del fútbol mundial, cambió la mentalidad de una generación completa y dejó una herencia que trasciende cualquier resultado.

Si la final de Nueva Jersey terminó siendo su despedida de los Mundiales, esa imagen no será recordada únicamente por la derrota frente a España.

Será recordada como el último capítulo de una historia que ya había encontrado su final feliz mucho antes del pitazo final.

Tiempo San Juan Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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