Las lágrimas ganaron la escena y otros festejaron el subcampeonato: la Plaza 25, otra vez teñida de celeste y blanco
Miles de sanjuaninos siguieron la final del Mundial en el corazón de la ciudad. Tras la derrota ante España, hubo abrazos, llanto y aplausos para una Selección que volvió a emocionar al país.
La ilusión era inmensa. Desde varias horas antes del comienzo de la final, la Plaza 25 de Mayo volvió a convertirse en el gran punto de encuentro de los sanjuaninos para acompañar a la Selección argentina.
Miles de sanjuaninos siguieron la final del Mundial en el corazón de la ciudad. Tras la derrota ante España, hubo abrazos, llanto y aplausos para una Selección que volvió a emocionar al país.
La ilusión era inmensa. Desde varias horas antes del comienzo de la final, la Plaza 25 de Mayo volvió a convertirse en el gran punto de encuentro de los sanjuaninos para acompañar a la Selección argentina.
Familias enteras, grupos de amigos, niños con la camiseta albiceleste y banderas gigantes le dieron color a una tarde cargada de expectativa que, esta vez, terminó con lágrimas, abrazos de consuelo y un reconocimiento unánime para un equipo que volvió a dejar al país en una final del mundo.
A medida que transcurrían los minutos del partido, el silencio comenzó a ganarle terreno a los cantos. Cada atajada de Emiliano "Dibu" Martínez era celebrada como un gol y cada avance argentino despertaba la esperanza de un pueblo que nunca dejó de creer. Pero cuando Ferrán Torres marcó el 1-0 para España en el tiempo suplementario, la plaza quedó inmóvil por unos segundos. Nadie quería aceptar que el sueño del bicampeonato se estaba escapando.
El pitazo final fue el momento más difícil. Muchos no pudieron contener las lágrimas. Hubo chicos llorando en los hombros de sus padres, jóvenes abrazados sin decir una palabra y adultos que, con los ojos vidriosos, aplaudieron a la pantalla gigante como una forma de agradecer el esfuerzo de la Selección.
Sin embargo, no todo fue tristeza. Entre la desilusión también aparecieron quienes eligieron destacar el recorrido del equipo de Lionel Scaloni. Los aplausos comenzaron a multiplicarse y, poco a poco, varios hinchas volvieron a entonar el clásico "Argentina, Argentina", reconociendo el enorme Mundial realizado por un plantel que, cuatro años después de la gloria en Qatar, volvió a ubicarse entre los dos mejores del planeta.
Otros recordaban el camino recorrido: la clasificación a la final, la eliminación de Inglaterra y el esfuerzo de un equipo que llegó diezmado físicamente al partido decisivo, pero nunca dejó de competir.
Las banderas celestes y blancas siguieron flameando incluso después del final. No hubo festejos multitudinarios como los de días atrás, pero sí una sensación compartida de orgullo. Porque, aunque la copa esta vez viajó hacia España, la Selección volvió a unir a miles de argentinos frente a una pantalla y regaló otro Mundial inolvidable.