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La voz hace 21 horas 4 min de lectura

No pasa nada, Messi: el final de una historia que ya es eterna

España venció 1-0 a Argentina en la final del Mundial 2026. La imagen de Lionel Messi sentado en el césped mientras los rivales iban a saludarlo resumió el final de una generación que cambió para siempre la historia del fútbol argentino.

No pasa nada, Messi: el final de una historia que ya es eterna
Foto: La voz

Mundial 2026. No pasa nada, Messi: el final de una historia que ya es eterna

España venció 1-0 a Argentina en la final del Mundial 2026. La imagen de Lionel Messi sentado en el césped mientras los rivales iban a saludarlo resumió el final de una generación que cambió para siempre la historia del fútbol argentino.

Ahí estaba Messi. Solo en su soledad. Sentado sobre el césped del MetLife Stadium mientras los jugadores españoles desfilaban para saludarlo, abrazarlo y rendirle pleitesía. El estadio entero seguía de pie, pero él permanecía quieto, como queriendo estirar unos segundos más un momento que nadie quería que terminara.

Esa fue la última imagen de Lionel Messi en un Mundial. Una escena que duele porque marca el final. Pero también porque resume la dimensión de un futbolista que obligó hasta a sus rivales a detener la celebración para reconocerlo.

Se terminó el recorrido del genio más grande de la historia del fútbol argentino. Del hombre que cerró todas las discusiones posibles. Del capitán que cargó durante años con el peso de un país que le exigía una Copa del Mundo y terminó regalándole mucho más que eso. Fue el argentino que sostuvo a la Argentina cuando todo parecía derrumbarse. El que convirtió las frustraciones en orgullo. El que transformó la eterna comparación con Maradona en una convivencia imposible de discutir.

Tres finales del mundo. Una ganada. Y alcanza. Porque esa conquista ya lo convirtió en leyenda para siempre.

No pasa nada, Messi.

No pasa nada, Argentina.

Gracias por Cabo Verde. Gracias por Egipto. Gracias por Suiza. Gracias por Inglaterra. Gracias por otro Mundial inolvidable.

Esta vez no salió contra España. Y punto. Así es el fútbol.

Claro que duele. El bicampeonato era un sueño hermoso. Hubiera sido perfecto. No ocurrió. Pasará el dolor. Lo que no pasará jamás será Messi. Ni el equipo que construyó alrededor suyo. Esa selección que volvió a poner a la Argentina entre las grandes potencias del planeta y que convirtió cada presentación en un acontecimiento mundial.

La final, en cambio, nunca encontró a la Argentina.

El primer tiempo fue todo de España. Messi recién tocó su primera pelota a los 15 minutos. Un dato que explica casi todo. El campeón europeo cerró los caminos, presionó alto, manejó la pelota y obligó varias veces a intervenir a Emiliano "Dibu" Martínez. Argentina jamás pudo progresar. Nunca encontró sociedades. Nunca logró liberar a Messi. El arco rival quedó demasiado lejos.

Esa sensación también bajó a las tribunas. Los miles de argentinos intentaban empujar desde afuera, pero ni los cánticos encontraban continuidad. Todo era pesado. Espeso. Faltaba esa chispa que tantas veces apareció cuando el equipo encontraba una conducción dentro de la cancha.

Y eso ocurría en un estadio preparado para el espectáculo. El MetLife respiraba clima de Super Bowl. Hubo un show de entretiempo con Coldplay, Shakira, Justin Bieber y otras figuras internacionales. Entre las tribunas aparecían celebridades como Tom Cruise, el campeón de la NBA Jalen Brunson y Novak Djokovic. Las cámaras iban de estrella en estrella.

Pero al hincha argentino nada de eso le importaba demasiado.

La cabeza estaba en otra parte.

La única pregunta era qué podía hacer Lionel Scaloni para cambiar una final que se escapaba de las manos. Había que darle vida al equipo. Había que encontrar juego. Había que acercar a Messi al área. Había que volver a competir.

El ingreso de Leandro Paredes levantó un poco al equipo y también a la tribuna. Argentina ganó algo de energía, pero siguió sin encontrar fútbol. España continuó controlando el partido y obligando a una resistencia permanente. Salieron Cristian Romero y Rodrigo De Paul, dos símbolos de este ciclo, exhaustos después de dejar absolutamente todo.

Entonces apareció el oficio.

Argentina empezó a sobrevivir como podía. El primer remate claro llegó recién sobre los 90 minutos con un centro atrás de Nahuel Molina. Después apareció la expulsión de Enzo Fernández y todo terminó de inclinarse hacia la resistencia.

"Dibu" Martínez sostuvo la ilusión con atajadas monumentales. Tapó, bloqueó, achicó y volvió a mantener con vida a un equipo que ya jugaba más con el corazón que con la pelota.

El suplementario fue una batalla.

Despeje tras despeje. Cruce tras cruce. Argentina resistía como aquella selección de Italia 90, aferrada a la épica porque el fútbol ya no aparecía. Pero ni siquiera esa mística alcanzó.

Llegó el 1-0 de España y se terminó todo.

No fue una cuestión de actitud. No fue falta de entrega. Fue fútbol. España jugó mejor, dominó la final y terminó siendo un campeón justo.

Mientras tanto, Messi seguía sentado sobre el césped.

Solo.

Y esa imagen, mucho más que el resultado, será la que quedará para siempre en la memoria del último Mundial del futbolista que cambió la historia de la Argentina.

La voz Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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