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Los Andes hace 21 horas 3 min de lectura

La plata en el pecho y el orgullo en el alma: Por qué esta derrota de la Selección Argentina también se honra

Entre el llanto, el desconsuelo y el aplauso a una España impecable, la Selección Argentina cayó de pie. Un recorrido memorable que nos enseña que la garra conmueve, pero la dignidad de un proceso se honra con la cabeza bien alta.

La plata en el pecho y el orgullo en el alma: Por qué esta derrota de la Selección Argentina también se honra
Foto: Los Andes

iHay momentos en los que el fútbol te arranca el corazón del pecho. Perder una final de un Mundial y colgarte la medalla de Plata en el pecho, duele en una zona lejana a la razón; duele en los recuerdos con amigos, en los abrazos con los viejos, en los llantos de los chicos y en esa ilusión colectiva que durante un mes nos mantuvo suspendidos en una realidad hermosa.

Ver a nuestra Selección caer frente a España en la final de esta Copa del Mundo 2026 deja un nudo en la garganta difícil de tragar, una sensación de vacío tan profunda como injusta para esta generación de jugadores (no durante los 120 minutos). Pero cuando la marea de la emoción empieza a bajar, es donde la madurez de nuestros grandes futbolísticas nos ofrece un faro para no encandilarnos con la rabia.

La trampa del "empujar" vs. la necesidad de jugar

Manu Ginóbili lo dijo mejor que nadie tras aquella derrota frente a Lituania en Río 2016: "Pensamos que todo se gana con huevos y no: se gana jugando bien. Después le tenés que agregar huevos y coraje... Por momentos creímos que lo podíamos dar vuelta empujando, pero no alcanza."

Frente a una España impecable, quirúrgica y dueña del ritmo del partido, la tentación de apelar al puro ímpetu volvió a aparecer. Nos sale del alma, está en nuestra identidad futbolera: creemos que cuando las papas queman, la mística y el coraje pueden torcer el destino por sí solos. Sin embargo, el deporte moderno no perdona las lagunas tácticas ni la desesperación. El empuje y el corazón son indispensables, sí, pero nunca reemplazan al juego.

Hoy, simplemente, nos tocó perder contra un rival que jugó mejor, que ejecutó su plan de principio a fin y al que la garra no alcanzó para desarticular.

Cambiar la perspectiva: No perdimos el oro, ganamos la plata

Allí es donde cobran una dimensión gigante las palabras del entrenador Sergio "Oveja" Hernández tras la final del Mundial de Básquet 2019 frente a la misma España: "Para resumirlo: creo que hoy no perdimos el oro, ganamos la plata. De eso no tengo absolutamente ninguna duda. Esto que acaba de ganar la Argentina es histórico, es motivo de orgullo... cuando hay un compromiso, trabajo y apoyo, y se hacen las cosas bien, se consiguen los resultados."

La verdadera valentía no está en ganar siempre, sino en sostener un proceso y llegar hasta la última instancia. Esta Selección no fracasó; esta Selección nos regaló un recorrido inolvidable, dejó el alma en cada pelota y compitió al más alto nivel del planeta hasta el último segundo. Reconocer la superioridad del rival en una tarde no borra el camino ni destruye lo construido.

El orgullo intacto a pesar de la derrota en la final

Mañana, cuando baje la calentura, nos va a quedar la certeza de haber visto a un equipo que nos representó con dignidad, trabajo y jerarquía. España fue un justo campeón y hay que saber aplaudirlo.

Perder una final duele, y va a doler por mucho tiempo. Pero no nos confundamos: este equipo no perdió el oro por falta de coraje, ni destruyó su legado en 120 minutos. Hoy nos toca masticar el sabor amargo de la plata, pero con la cabeza bien alta, sabiendo que el camino recorrido, el trabajo hecho y la ilusión que nos regalaron no nos los saca absolutamente nadie.

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