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La voz hace 21 horas 4 min de lectura

El adiós que hace llorar a todo un país: la última función de Messi en un Mundial

Argentina perdió la final con España y se quedó sin la Copa, pero el golpe más duro fue otro: Lionel Messi disputó su último partido mundialista y cerró una historia que marcó a generaciones.

El adiós que hace llorar a todo un país: la última función de Messi en un Mundial
Foto: La voz

Mundial 2026. El adiós que hace llorar a todo un país: la última función de Messi en un Mundial

Argentina perdió la final con España y se quedó sin la Copa, pero el golpe más duro fue otro: Lionel Messi disputó su último partido mundialista y cerró una historia que marcó a generaciones.

Hay derrotas que duelen por un resultado.

Y hay derrotas que duelen porque cierran una época.

La de este domingo fue de esas.

España levantó la Copa del Mundo y Argentina se quedó a un paso de volver a tocar el cielo. Pero cuando el árbitro marcó el final, quedó claro que la tristeza no nacía solamente del marcador. Había algo mucho más profundo que una medalla de plata.

Acabábamos de ver el último partido mundialista de Lionel Messi.

Y hay despedidas que ningún resultado puede suavizar.

Durante un par de horas creímos que todavía podía haber un capítulo más. Que la historia podía regalarnos otro milagro. Porque Messi nos acostumbró a desafiar la lógica. Cuando parecía que ya no quedaban páginas por escribir, siempre encontraba una más.

Esta vez no ocurrió.

Y, sin embargo, cuesta creer que la verdadera noticia sea una derrota.

Los resultados pertenecen a los archivos. Las emociones quedan en la memoria.

Dentro de veinte años habrá que buscar quién hizo los goles de esta final o cómo España conquistó el título. Pero nadie tendrá que hacer un esfuerzo para recordar qué sintió cuando vio a Messi caminar por última vez con la camiseta argentina en un Mundial.

Eso ya quedó grabado para siempre.

Durante más de dos décadas vivimos con la tranquilidad de saber que, cuando Argentina llegaba a una gran cita, había un número diez capaz de cambiar cualquier partido. A veces alcanzó. Otras veces no. Pero siempre estuvo.

Y ese "siempre" terminó esta tarde.

No estamos despidiendo solamente al mejor futbolista de una generación.

Estamos despidiendo una parte de nuestra propia vida.

Muchos crecimos mientras Messi seguía jugando. Terminamos la escuela, conseguimos trabajo, nos enamoramos, fuimos padres, despedimos a nuestros viejos. Mientras la vida hacía lo suyo, él seguía apareciendo con la camiseta celeste y blanca para recordarnos que todavía era posible ilusionarse.

Por eso esta derrota pesa distinto.

No porque sea la más dolorosa. El fútbol argentino aprendió hace mucho tiempo que perder también forma parte de su historia.

Pesa porque ya no habrá otro Mundial esperando a Messi.

Él fue muchas versiones de sí mismo.

Fue el chico de Rosario que se marchó para poder crecer.

Fue el fenómeno que conquistó Europa mientras aquí le exigían una prueba más de amor.

Fue el que perdió finales.

El que lloró.

El que llegó a pensar que su historia con la Selección había terminado.

Y fue el que volvió.

El que levantó la Copa América en el Maracaná cuando parecía imposible.

El que conquistó el Mundial de Qatar y les regaló a los argentinos una alegría que parecía reservada para otras generaciones.

El que, cuando cualquiera habría elegido disfrutar de la gloria, siguió. A los 39 años volvió a llevar a la Selección hasta la final del mundo.

Por eso la historia de Messi nunca dependerá de este último partido.

Si algo enseñó su carrera fue que el éxito rara vez llega por el camino más corto.

Perdió antes de ganar.

Lloró antes de sonreír.

Escuchó críticas que habrían derrumbado a cualquiera.

Y siguió.

Tal vez esa sea la mayor herencia que deja.

No los récords.

No los goles.

No las Copas.

La convicción de que el talento necesita paciencia. Que las historias verdaderamente grandes no se escriben en línea recta.

Durante años el fútbol buscó al nuevo Maradona.

Ahora buscará al nuevo Messi.

Ese cambio de pregunta explica mejor que cualquier estadística el lugar que ocupa Lionel en la historia de este deporte.

Ya no es una comparación.

Es la medida.

Por eso esta tarde hubo lágrimas.

No porque Argentina perdiera una final.

Las hubo porque entendimos que ya no volveremos a esperar un Mundial sabiendo que Messi estará ahí.

Habrá otras camisetas número 10.

Habrá otros equipos.

Habrá otras ilusiones.

Pero nunca volverá a existir esta certeza.

La de sentir que, mientras Lionel estuviera en la cancha, siempre era posible creer.

Los Mundiales tienen campeones.

La historia, en cambio, elige a sus propios inmortales.

Y pase lo que pase con las Copas, Lionel Messi ya ocupa ese lugar.

Porque España ganó una final.

Pero el tiempo ya había decidido otra cosa.

Que esta época del fútbol llevara, para siempre, el nombre de Lionel Messi.

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