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La voz hace 23 horas 2 min de lectura

De la camiseta en la calle al sufrimiento en los bares: así vivió Córdoba la final del Mundial

Las camisetas de la Selección dominaron las calles desde temprano. En cada barrio, en cada bar y en cada esquina, los cordobeses comenzaron a vivir la final del Mundial mucho antes del pitazo inicial.

De la camiseta en la calle al sufrimiento en los bares: así vivió Córdoba la final del Mundial
Foto: La voz

Mundial 2026. De la camiseta en la calle al sufrimiento en los bares: así vivió Córdoba la final del Mundial

Las camisetas de la Selección dominaron las calles desde temprano. En cada barrio, en cada bar y en cada esquina, los cordobeses comenzaron a vivir la final del Mundial mucho antes del pitazo inicial.

Córdoba amaneció distinta. O, mejor dicho, amaneció de celeste y blanco.

Desde las primeras horas del domingo, la camiseta de la Selección argentina fue el uniforme elegido por miles de cordobeses para afrontar una jornada que prometía quedar en la historia. La imagen se repetía en cada rincón de la ciudad: familias enteras, parejas, grupos de amigos y hasta quienes salían a hacer un trámite o las compras llevaban puesta la misma ilusión.

Con el paso de las horas, el centro comenzó a vaciarse. Los comercios cerraron antes de lo habitual, los bares ultimaban detalles para recibir a quienes eligieron compartir la final fuera de casa y las calles se transformaban en un enorme anticipo de lo que vendría.

Sobre avenida Colón, una pareja caminaba de la mano con la camiseta albiceleste. Un abuelo apuraba el paso con una bolsa de las compras y una bufanda de Argentina alrededor del cuello. A pocos metros, una niña elegía golosinas con un gran moño celeste y blanco en el pelo.

En cada esquina había una escena similar: alguien esperaba a un amigo, otro cargaba una conservadora, otro llevaba una bolsa con pan o una picada. Todos tenían el mismo destino. Reunirse para alentar a la Scaloneta.

No hacían falta demasiadas palabras. Bastaba una mirada o un "vamos, Argentina" al cruzarse con otro hincha para entender que toda la ciudad compartía la misma ansiedad.

Cuando el reloj marcó la hora del partido, la ciudad prácticamente se detuvo. Los bares quedaron colmados de hinchas que eligieron vivir la final en comunidad, mientras que en casas, clubes y salones se multiplicaron las reuniones familiares y de amigos. Cada mesa se convirtió en una tribuna improvisada. Entre abrazos, cábalas, gritos y silencios, miles de cordobeses decidieron sufrir juntos, porque una final del mundo, para los argentinos, nunca se vive en soledad.

El recorrido realizado por La Voz, a través del lente del fotógrafo Ramiro Pereyra, retrató esa postal que solo el fútbol puede regalar: una Córdoba que, por unas horas, dejó de lado la rutina para latir al ritmo de la Selección.

Porque antes de que empezara la final, la ciudad ya había ganado otra vez. Había vuelto a vestirse de Argentina.

La voz Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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