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Fenix 951 hace 17 horas 5 min de lectura

El último abrazo del fútbol: Messi y una final para quedar en la eternidad

El último abrazo del fútbol: Messi y una final para quedar en la eternidad
Foto: Fenix 951

10:53 | Domingo 19 de Julio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Hay partidos que no se explican con estadísticas, tácticas ni pronósticos. Hay partidos que se sienten en el pecho, que se viven con la piel erizada y que quedan grabados para siempre en la memoria de un país. La final del Mundial 2026 entre Argentina y España es uno de esos partidos. Porque detrás de la copa, detrás de la gloria y de la historia, puede esconderse algo mucho más profundo: el último baile de Lionel Messi con la camiseta de la Selección Argentina.

Pensarlo duele. Porque Messi no es solamente el mejor futbolista de todos los tiempos para millones de argentinos. Messi es infancia, es familia reunida frente al televisor, es lágrima después de una derrota y abrazo infinito después de una victoria. Messi es ese chico que vimos crecer desde Alemania 2006, cargar con el peso de un país entero, caerse una y otra vez, y volver siempre con la misma humildad de quien nunca dejó de amar estos colores.

Cuántas veces lo vimos llorar. Cuántas veces lo vimos caminar en silencio después de una final perdida, mientras el mundo le exigía más, como si no hubiera entregado ya su alma en cada partido. Y cuántas veces él respondió no con palabras, sino con fútbol. Con esa zurda mágica que convirtió la frustración en esperanza y la esperanza en felicidad eterna.

Qatar 2022 parecía ser el final perfecto. La imagen de Messi levantando la Copa del Mundo fue el abrazo más grande que recibió la Argentina en décadas. Era la coronación del héroe, la justicia poética para un futbolista que había dado todo sin pedir nada a cambio. Pero el destino, caprichoso y generoso a la vez, le regaló una página más. Una última oportunidad de escribir su nombre en el libro más sagrado del fútbol.

Esta final también representa algo histórico para la Selección Argentina. No es casualidad que el equipo de Lionel Scaloni haya llegado nuevamente a la definición de un Mundial. Detrás de este presente hay años de reconstrucción, de convicción y de un grupo que aprendió a ganar después de haber conocido el dolor. Desde la Copa América 2021, pasando por la Finalissima y la consagración en Qatar, Argentina construyó una identidad: la de un equipo que juega con el corazón, que no se rinde y que entiende que la camiseta albiceleste pesa, pero también inspira.

España llega como un rival enorme, joven, talentoso y decidido a conquistar el mundo. Con una generación encabezada por figuras como Lamine Yamal, Pedri y Gavi, la Roja representa el presente y el futuro del fútbol europeo. Su juego de posesión, velocidad y precisión será un desafío gigantesco para Argentina. Pero esta final no será recordada solo por quién gane o pierda. Será recordada por la emoción que rodea a Messi, por la sensación de que cada minuto puede ser el último de una historia que nos acompañó durante veinte años.

Lionel Scaloni y esta generación dorada lo saben. Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Rodrigo De Paul y Emiliano Martínez no juegan únicamente por una copa. Juegan por su capitán. Juegan por el hombre que los inspiró desde chicos, por el compañero que los abrazó en cada dificultad y por el argentino que nunca dejó de volver, aun cuando muchos le cerraban la puerta.

El camino hasta esta final no fue sencillo. Argentina debió superar obstáculos, soportar la presión de ser campeón vigente y demostrar, una vez más, que su grandeza no depende solo de un nombre propio. Sin embargo, cada victoria tuvo un hilo conductor: Messi. No solamente por sus goles o asistencias, sino por su presencia, por su liderazgo silencioso y por esa capacidad única de hacer creer a todo un país que nada es imposible.

Este domingo, cuando Messi salga al campo, no habrá argentino que no sienta un nudo en la garganta. Cada gambeta tendrá sabor a despedida. Cada pase será un recuerdo en construcción. Cada mirada al cielo nos hará pensar en todo lo que vivimos junto a él: las derrotas, las críticas, las finales perdidas, la Copa América, la Finalissima, Qatar y ahora esta nueva final del mundo.

Y si este es realmente su último baile, que el fútbol sea justo una vez más. Que Messi pueda despedirse rodeado del amor de su gente, con la camiseta celeste y blanca pegada al corazón y con un estadio entero de pie, agradeciéndole por haber hecho felices a millones de argentinos.

Porque Messi ya no necesita ganar nada para ser eterno. Pero nosotros sí necesitamos agradecerle. Agradecerle por habernos enseñado que los sueños, por imposibles que parezcan, también pueden cumplirse. Agradecerle por habernos devuelto la alegría. Y agradecerle, sobre todo, por haber elegido siempre volver a la Argentina, aun cuando el camino estaba lleno de espinas.

Tal vez el domingo no termine solamente un Mundial. Tal vez termine una era. Y cuando el árbitro marque el final, gane o pierda Argentina, el mundo entero sabrá que asistió a la despedida del futbolista más grande que haya vestido la celeste y blanca. Una despedida que no será tristeza, sino gratitud infinita.

Porque Messi no se irá jamás. Quedará para siempre en el corazón de un pueblo que aprendió a amar el fútbol a través de él. Y en esa final contra España, mientras el mundo contenga la respiración, Argentina no solo jugará por una copa: jugará por abrazar, una vez más, a la leyenda que le enseñó a soñar despierta.

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