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EL MUNDIAL QUE PERDEMOS - Diario La Mañana

EL MUNDIAL QUE PERDEMOS - Diario La Mañana
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El deporte serio es la guerra sin disparos. (George Orwell) El partido se jugaba con botines y fusiles. (Diego Armando Maradona) TODO MUNDIAL ES POLÍTICO Que el fútbol es político... ¿qué duda cabe? Lo ha dejado más que claro el Mundial de fútbol 2026 con sede en México, Canadá y Estados Unidos. La bandera blanca desplegada por Lo Celso con la consigna Las Malvinas son argentinas, al final de la disputa con Inglaterra el pasado miércoles en Atlanta, bastaría para probarlo. Pero hay mucho más que eso si le sumamos otros hechos al menos aberrantes, como los vetos migratorios de Estados Unidos a jugadores haitianos, iraníes y senegaleses en esta edición; las protestas en México en las inmediaciones del estadio Azteca en plena apertura; el caso Balogun y el telefonazo de Trump para levantar la suspensión del goleador de su equipo; el técnico egipcio Hossam Hassan ondeando la bandera de Palestina en su disputa con Argentina, y la del Estado genocida de Israel en la tribuna contraria ese mismo día. Todo ocurrió frente a nuestros ojos, no podemos negarlo. Es un hecho que no se pueda dirimir el fútbol sin alguna lectura política que le dé marco y sustento, lo que vuelve compleja la misión de posicionarse políticamente en este Mundial plagado a todas luces de corrupción, discriminación, racismo y capitalismo criminal. Todo valor o principio resulta trastocado y es evidentemente difícil disociar las pasiones de las convicciones, que en muchos casos colisionan en el vasto terreno de la contradicción. Más aun si contamos la representación oficial de nuestro país y su posicionamiento geopolítico internacional servil y obsecuente a los siniestros intereses de Estados Unidos e Israel, aliados estratégicos en una misión descabellada por torcer la voluntad soberana de cada país del mundo que se les cruce. Como agravante, no podemos obviar el rol de la FIFA como organización que opera a las órdenes del sionismo global; puertas adentro, nuestro Gobierno y sus principales medios de comunicación, con bufones xenófobos frente a la cámara sin el más mínimo reparo, también lo son y propalan sus discursos de odio que ponen finalmente a la Argentina en el foco de toda construcción discursiva que nos aborrece por motivos que trascienden el fútbol. ¿Cómo torcer esas narrativas que incluso desde dentro alimentan la argentinofobia de la que ahora somos víctimas y a la vez perpetradores? EL QUE NO SALTA El que no salta es un inglés, solemos cantar con fervor desmedido. Pero -guste o no- el discurso fervoroso se disputa también en la arena política. Al día siguiente del partido Argentina-Inglaterra, el oficialismo intentó por cuarta vez conseguir la media sanción en el Senado al proyecto denominado Inviolabilidad de la Propiedad Privada, eufemismo burlesco y servil de un plan macabro impulsado por Federico Sturzenegger. ¿Sabemos realmente cuánto nos afecta este proyecto, que no es más que una aceleración de la extranjerización del suelo argentino? ¿Somos capaces de defender nuestra soberanía territorial más allá de voceríos exitistas y discursos megalómanos de triunfalismo mientras dure la carrera argentina por el bicampeonato? Irónicamente, a lo largo de esos 97 minutos que duró el partido contra Inglaterra, el Gobierno de Milei le cedía nuestro Mar Argentino al país británico (Decreto 590), con 5.000 kilómetros cuadrados en el bloque marítimo CAN-200, frente a las costas de Mar del Plata, para explorar y buscar petróleo o gas en nuestra plataforma submarina. Una clara entrega de nuestros recursos estratégicos. Al mismo tiempo, el buque de guerra británico HMS Medway navegaba sin previo aviso ni autorización también en aguas de nuestro Mar Argentino. Había zarpado desde nuestras Islas Malvinas con destino a Montevideo. Doce días tardó Cancillería en pedir explicaciones. Doce. La operatoria no es azarosa, está calculada al más mínimo detalle. Aprovechan cada triunfo deportivo de la Selección para arremeter con sus leyes entreguistas en medio del estruendo de nuestro festejo. El jueves no tuvieron los votos suficientes y el debate cedió por una serie de razones que tensionaron la disputa discursiva. La más simbólica y heroica de todas fue un retazo de sábana de hotel pintado en aerosol reivindicando la soberanía territorial de la Argentina. Por quinta vez, volverán a intentarlo el 6 de agosto. LA ENTREGA SERVIL El trasfondo del proyecto lejos está de ser inocente. Se trata de la ley colonial y antinacional más vergonzante en la historia del país. Propone derogar la Ley de Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales N° 26.737, conocida como Ley de Tierras, sancionada en 2011, que desde su vigencia establece que los capitales extranjeros no pueden poseer más del 15% de las tierras rurales de la Argentina, ya que la legislación protege los ríos, los acuíferos y los bosques nativos de caer en manos de fondos y corporaciones internacionales. Hay un tope fijado de 1.000 hectáreas por titular extranjero en zona núcleo y además los imposibilita de ser propietarios de tierras ribereñas o con acceso a lagos y ríos. De derogarse esta ley, cualquier persona, empresa o corporación extranjera podría comprar extensiones sin tope y llevarse nuestro mapa en el bolsillo. Precisamente, lo que debate el Senado no es una simple derogación sino que propone a cambio un paquete de reformas de cuatro normas vigentes de una sola vez: la Ley de Tierras Rurales (26.737), la Ley de Manejo del Fuego (26.815), la Ley General de Expropiaciones (21.499), el Código Procesal Civil y Comercial en los procedimientos de desalojo. NOS VENDEN CON NOSOTROS DENTRO La letra chica del proyecto revela varios puntos que se pierden en el todo rimbombante. En cuanto a las tierras rurales, se propone eliminar los límites que impiden actualmente que más del 15% del territorio quede en manos extranjeras, y el tope de 1.000 hectáreas por titular extranjero en las tierras más productivas. Pueblos indígenas y comunidades campesinas enteras habitan esos territorios, que resultan estratégicos por su agua dulce, minerales, litio, bosques y por hallarse en muchos casos en zonas de frontera. La pérdida de esos límites comprometería seriamente la soberanía nacional al resignar recursos indispensables para el país. La modificación de la Ley de Manejo del Fuego implica otras consecuencias devastadoras, ya que se pretenden quitar las restricciones que impiden vender o cambiar el uso de tierras quemadas durante sesenta años luego de un incendio. La medida se contempla en la ley vigente con el fin de desalentar incendios intencionales, pero su eliminación comprometería seriamente no sólo la protección del medioambiente sino también la de las comunidades que habitan y dependen de esos territorios. También, las trabas a las expropiaciones por razones de utilidad pública, como la construcción de una escuela, una red eléctrica o un hospital por parte del Estado, estarían a la orden del día con la derogación de la Ley 21.499 vigente. Junto a la tierra rural, también se entregarían al mejor (o peor) postor las tierras pertenecientes a las comunidades originarias y barrios populares, con viviendas y todo lo que hay dentro, ya que el proyecto también propone derogar las competencias estratégicas establecidas en la Ley de Integración Urbana de Barrios Populares (27.453), favoreciendo el aumento de desalojos forzados. Actualmente, 13,2 millones de hectáreas del país se encuentran en manos extranjeras, de las 40 millones que permite la Ley de Tierras. Se trata precisamente de una superficie equivalente al país inglés, que disputó con Argentina las semifinales del Mundial el miércoles pasado. Argentina ganó esa disputa futbolística, pero en soberanía territorial perdemos por goleada. El Gobierno nacional quiere remover los límites vigentes para vender la tierra, precisamente por su valor estratégico. Pero hay un dato más revelador: según determinó el Observatorio de Tierras, en la escala subprovincial, hay al menos 36 departamentos que exceden el límite de extranjerización del 15% establecido, sobre todo en la zona de la Cordillera de los Andes, en el límite con Paraguay, con Brasil y a la vera de la principal cuenca fluvial navegable, la llamada Hidrovía del Paraná, zonas altamente requeridas por su importancia económica, ambiental y territorial, y el acceso a recursos hídricos, corredores logísticos y producciones de alto valor. JOE LEWIS, ARQUETIPO DEL MAL El caso Joe Lewis es paradigmático en Argentina porque nos da una imagen clara de cómo opera el silencio colonialista a contrapelo del estruendo patriotero de un triunfo en las tribunas deportivas. El enclave británico del magnate dentro del territorio argentino es apenas una muestra de lo que puede lograr el imperialismo extranjero cuando, puertas adentro, la Nación objetivo se encuentra conducida por meros esbirros entreguistas. El caso particular de Lago Escondido, en la provincia de Río Negro, desnuda cada año mayores verdades ocultas acerca de las enormes extensiones de suelo argentino en poder de capitales foráneos y tensiona el debate en torno a las sucesivas marchas al Lago Escondido que un grupo cada vez más numeroso de compatriotas emprende en el verano en defensa de la soberanía. Con la conformación de un aparato paraestatal a su entero servicio, el magnate Joe Lewis (la sexta fortuna de Inglaterra) se hizo en 1996 de unas 12.000 hectáreas de tierras a unos 45 km al norte de la localidad rionegrina de El Bolsón. En tiempos del menemismo, el británico compró ilegalmente una inmensa propiedad aledaña al Lago Escondido y hasta el día de hoy logra sortear todo fallo adverso de la Justicia argentina que le ordene reabrir el camino al lago, recurso natural del que también se apropió de manera fraudulenta, ya que el Código Civil argentino establece claramente el dominio público de sus ríos y lagos (art. 2.340) y la propia Constitución Provincial de Río Negro asegura el libre acceso a las riberas de sus espejos de agua (art. 73). Por otra parte, la ley argentina no permite la compra de tierras en estos términos, estableciendo que los bienes ubicados en zonas de seguridad de frontera pertenezcan a ciudadanos argentinos nativos, las que se extienden a 150 km desde la frontera terrestre y 50 km desde las costas (Ley 23.554), por lo que la adquisición del magnate es del todo nula, ya que su asentamiento se encuentra a apenas unos 5 km de la frontera con Chile. En estos 30 años, Lewis logró conformar un verdadero feudo dentro de sus dominios, con la construcción de una mansión de unos diez mil metros, con catarata artificial, centro de convenciones, hipódromo, kartódromo y canchas de golf, básquet, tenis y fútbol, gimnasio, establo para caballos, zoológico, centro recreativo con sala de cine y conexión a Internet y unas 12 turbinas generadoras de energía eléctrica. Además, claro, de grupos de matones que responden a sus intereses y quienes se encargan de reprimir con violencia indecible a los marchantes que cada verano se atreven a intentar llegar al Lago Escondido, con la total anuencia de la Policía rionegrina, ya que para lograr llegar a las orillas públicas, se debe sortear el territorio privado del magnate, cuyas instalaciones suelen recibir visitas de magistrados, funcionarios y empresarios de medios argentinos que, con total impunidad, rifan el país a gusto y antojo, con siniestros intereses geopolíticos. Cada vez que a viva voz cantamos por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré, se vende otra porción incalculable de nuestro país, con nosotros dentro. MAQUINARIA DE PROPAGANDA: SIONISMO Y ARGENTINOFOBIA El discurso anti-Argentina del que fuimos testigos en las últimas semanas -puertas afuera y adentro- tampoco es inocente. Ejércitos de bots tejiendo redes infinitas de ciberataques contra el país urdieron la trampa discursiva perfecta disfrazada de reclamo futbolístico. Pero va más allá. La embestida que más monetiza en Internet se propaga como pólvora en los algoritmos y utiliza la excusa de un arreglo con la FIFA -la compra del Mundial y arbitrajes amañados- para instalar en la arena discursiva cuestiones de otra índole, de raigambre política. Sabemos que la indignación y el desprecio monetizan mejor que una riña entre Lionel Messi y Jude Bellingham en mitad de la cancha e incluso que una épica deportiva igualando el resultado en el minuto 85. En todos estos días, el efecto repetición de la idea de que los argentinos somos racistas, tramposos y arrogantes pudo más en el amañado terreno virtual. Como si fuera poco, a todo esto se le suman otras razones más -o menos- descabelladas: las comparaciones nostálgicas con la figura de Diego Maradona, una Selección falta de compromiso político con su pueblo, cuyo capitán hace apenas unos meses osó escoltar y posar sonriente junto a un siniestro Donald Trump mientras se regodeaba en su cruzada personal contra Irán, a sólo días de haber bombardeado una escuela primaria de niñas en el país persa y de haber asesinado a unas 150 personas. Y a todo esto, la bandera israelí desplegada por hinchas con camisetas argentinas durante el partido con Egipto completó el estigma argentino ante el mundo, que acabó por catalogarnos como país sionista. Muy a nuestro pesar, la correspondencia no es del todo antojadiza vista desde fuera si analizamos el contexto geopolítico de Argentina y su posicionamiento oficial. Hay, de hecho, un telón de fondo que despliega el mapa siniestro del sionismo en el país, con israelíes incendiando bosques en el Sur, soldados que se insertan en colegios para dar charlas de vida que no sugieren ser más que adoctrinamiento político y militar. Me siento orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo, había dicho Milei en Nueva York en marzo pasado, al defender las ofensivas militares de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente y ratificar su alianza estratégica con ambos países. ¿Qué duda les cabrá entonces? ¿Cómo quitarnos esa etiqueta indigna? DESMALVINIZACIÓN: DISCURSO Y PROGRAMA Desde 1806, con las invasiones inglesas, los argentinos creemos que podemos encarar y salir airosos de cualquier disputa con Inglaterra y con cualquier país imperialista. La Batalla de Vuelta de Obligado (1845) ratificó esa gesta heroica. Malvinas (1982) es una herida abierta que arde con mayor intensidad cuando los hechos nos muestran, a cierta hora del día, que las venganzas poéticas del fútbol y las cruzadas épicas de nuestros héroes corren por carriles distintos. Un presidente argentino fanático de una criminal de guerra como Margaret Thatcher y un segregador racial como Winston Churchill nos da la batalla perdida desde el minuto uno en que propone desmalvinizar el inconsciente colectivo del país y entregar la principal cuenca fluvial navegable en el Paraná. Ese es el partido que nos permite seguir siendo un país soberano o dejar de serlo. Ese es el Mundial que perdemos, de la mano de un Gobierno que se ocupó de hacer lobby para borrar la Causa Malvinas del foco mundialista, hablando de un mapita provocador que los hinchas no debían llevar al encuentro. Pero las Malvinas no son un mapita. Rastrera y entreguista, su misión fracasó por un retazo de sábana de hotel que vio flamear el mundo entero en los días siguientes y libró su mayor batalla en la construcción de sentido que incluso resonó en el Senado un día después al dejar trunca otra sesión ignominiosa. En ese barro disyuntivo nos revolcamos. Mientras lloramos el sentimiento patriótico por nuestra Selección, rifamos al mismo tiempo cada porción de nuestra tierra a manos de las grandes corporaciones extranjeras. No es una dialéctica futbolística. Es un problema de soberanía. Antes que se apague el estruendo mundialista y despertemos, quieren entregarlo todo. LO QUE NO VIMOS DEL ENTRETIEMPO Con sus matices y bemoles, cada partido de la Selección desde la fase de grupos fue aumentando en intensión y fervor. En línea directa y en proporción desmedida, las decisiones por los despachos oficiales se fueron tomando de manera exprés mientras duraba el juego. Cada encuentro mundialista les sirvió para tapar un escándalo, un encubrimiento, una nueva entrega de soberanía: la resistida renuncia de Adorni a la Jefatura de Gabinete, el desplazamiento de los querellantes de la Causa Libra, la entrega de 1.800 kilómetros de rutas nacionales a privados por 20 años, las concesiones en las Cataratas del Iguazú para explotación comercial y la adjudicación de la Vía Navegable Troncal (río Paraná). Todo esto, sumado ya a una mecánica cipaya de remate de empresas públicas por 2.300 millones de dólares: AySA, el sector energético de las centrales termoeléctricas y el Belgrano Cargas, la transferencia de las represas del Comahue y la venta de las acciones de TRANSENER. Negocio redondo para todos, menos para los argentinos. LABORATORIO DEL DESGUACE A la luz de los acontecimientos, donde toda teoría de conspiración deja de serlo, Argentina se perfila hoy como un espacio perfecto para el laboratorio del proyecto sionista en América, perpetrado por Trump y Netanyahu, de la mano del imperialismo criminal que se asienta en el avance de regímenes de derecha en el continente. El plan no sólo se puede leer en el aire sino que lo confiesan desde su aparato bestial de propaganda. Eso sí: nos lo venden como progreso territorial, pero es despojo exprés con visión extractivista de nuestras tierras, que se incendian sospechosamente cada temporada estival. O hibernal. Da lo mismo. Mientras Argentina disputaba la fase de grupos contra Argelia, Austria y Jordania, ardía Cafayate. Cientos de hectáreas de bosque nativo. No lo vimos. La Patagonia también arde cada verano y despierta las más húmedas fantasías de los saqueadores: No hay muchos lugares en la Tierra con esas cualidades. Obviamente, el problema es que estas áreas están pobladas de argentinos. Así que esta es una de las cosas que hemos arreglado, había dicho Demian Reidel, entonces jefe del Consejo de Asesores Económicos de Milei, en el Latam Forum de 2025 en Buenos Aires. Y ahí van, por la concentración de tierras argentinas en pocas manos extranjeras. La propaganda anti-Argentina propicia el desguace ante los ojos del mundo. Y los nuestros. La operatoria colonialista actual en el país ubica a Milei como apenas un lacayo administrador local del capital transnacional. Si a eso le sumamos las promesas del multimillonario Peter Thiel de convertir a la Argentina en un laboratorio mundial de Inteligencia Artificial sin control alguno, y el compromiso oficial de no intervenir ni aplicar regulaciones, tenemos una idea clara de la magnitud de la obsecuencia al garantizar energía barata, desregulación y millones de litros de agua refrigerante para los Data Centers que buscan instalar en el Sur argentino. Jaque mate. MAPA DEL COLONIALISMO Ciertamente, llegamos a la final con España y nos ganamos el odio inexplicable -o no tanto- de países hermanos de la región. Pero también de naciones imperialistas de otras latitudes que han sido históricamente colonialistas y saqueadoras. ¿Desde qué lugar operan? ¿Con qué autoridad moral se atreven a juzgarnos? ¿Qué busca esta narrativa internacional que no sólo nos hace ver faltos de talento futbolístico sino también carentes de valores culturales? ¿Cómo leemos este consentimiento tácito exterior para desmantelarnos? La islamofobia propagada en el mundo en 2003 dio muestras claras de lo que pudo hacer la narrativa oficial estadounidense para justificar la avanzada militar contra Irak; el despojo financiero y patrimonial de Grecia en 2015 se afirmó también en el estereotipo del griego perezoso; Palestina pasa a ser hoy una consigna tabú por la construcción de un relato dominante donde siempre son ellos los terroristas, lo que habilita su masacre ante los ojos del mundo por parte de Israel. Así funciona esta maquinaria macabra que degrada a todo un pueblo entero para justificar su desguace. ¿Ahora nos toca a nosotros? Les estorbamos. Sólo les sirven nuestros recursos y un caballo troyano que nos gobierne. Mientras, el sionismo mira la Patagonia relamiéndose como un lobo hambriento. Su táctica colonial es clara: debilitar al Estado, destruir la industria, dividir al pueblo, entregar los recursos, endeudar y empobrecer a la población, y reformar sus leyes para ir contra derechos elementales. Todo en el mismo Mundial, en el mismo partido. Después no habrá tiempo adicional para remontarlo. Ganamos la Copa del Mundo, pero es otro el Mundial que perdemos. El profesor e investigador de la UBA Pablo Volkind, que dirige el Programa de Investigaciones sobre Historia Agraria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y coordina el Observatorio de Tierras, dialogó con Cronopio acerca de las consecuencias nocivas que implicaría la derogación de la Ley de Tierras en términos de soberanía. ¿Qué límites pone la Ley de Tierras vigente a la compra por parte de extranjeros y qué permitiría su derogación? - La Ley de Tierras vigente, aprobada en 2011 y reglamentada en 2012, fundamentalmente coloca tres tipos de límites. El primero y más importante es que coloca un límite de compra por parte del capital extranjero en la Argentina de un 15% de la tierra rural, tanto a nivel nacional como a nivel provincial y también a escala departamental. O sea, no puede haber más de un 15% de tierra extranjerizada ni en el total del país ni en una provincia, ninguna de las provincias argentinas, ni tampoco en ninguno de los departamentos dentro de las provincias. La segunda regulación que coloca esta ley es la superficie que puede comprar cada individuo o empresa en las diferentes regiones del país. Por ejemplo, en la denominada Región Pampeana, que es la que la ley toma como referencia, el núcleo sojero de la Argentina, no puede comprar un sujeto o una empresa más de mil hectáreas y así el equivalente en cada región, en el NEA, en el NOA, en la Patagonia y en Cuyo, en función de la productividad de la tierra; en general, son superficies un poco más amplias que 1.000 hectáreas, pero no las 900 mil hectáreas que tiene Benetton en la Patagonia, por ejemplo. Y el tercer límite que coloca la ley actual es que dentro de ese 15% que habilita extranjerizar, no puede haber más de un 30% de una misma nacionalidad. O sea, el capital norteamericano a escala nacional, a escala provincial y a escala departamental, por ejemplo, no podría tener más del 30% de la tierra en una provincia, en un departamento o en el total del país. Y yo te diría que el cuarto elemento fundamental de la ley actual, y que es uno de los núcleos que modifica el proyecto que tiene el Ejecutivo nacional, es cómo la ley caracteriza al capital extranjero. Porque en este momento, lo caracteriza como aquel sujeto, empresa o Estado foráneo, o sea, no originario del país, que viene e invierte, e inclusive en aquellas empresas que están compuestas por acciones, en donde el 50% está en manos del capital extranjero, aunque el resto esté en manos de capitales nacionales. Entonces, la categoría de extranjero en la ley actual es bastante amplia. Y alcanza a empresarios, a empresas y a Estados. A pesar de todo esto, en Argentina en este momento hay 13.200.000 hectáreas en manos extranjeras. Esa superficie es equivalente al tamaño de Inglaterra (tomando lo que fue la semifinal del Mundial) o inclusive el tamaño de la provincia de Santa Fe, completa. Dentro de esas 13.200.000 hectáreas que están adquiridas en nuestro país, 2,7 millones están en manos de norteamericanos, 2 millones están en manos de capitales italianos -entre ellos, Benetton, por ejemplo- y 1,7 millones están en manos de capitales españoles. Luego hay una infinidad de nacionalidades, inclusive con la gran problemática de lo que hoy denominamos paraísos fiscales. Por ejemplo, el principado de Liechtenstein tiene 60.000 hectáreas en la Argentina. O sea, un principado, que sabemos que es un lugar de elusión impositiva en Europa que tiene apenas 16.000 hectáreas, y posee en la Argentina 66.000.O sea, quintuplica su tamaño acá, prácticamente. Y lo mismo sucede, por ejemplo, con Luxemburgo, que posee 160.000 hectáreas; o sea, capitales de Luxemburgo han comprado 160.000 hectáreas en la Argentina. El Observatorio de Tierras determinó que en unos 36 departamentos, el dominio extranjero de tierras supera el 15% establecido por ley... - Justamente, la pregunta es: ¿Por qué el Gobierno quiere impulsar una nueva ley, si la ley actual habilita que la Argentina le venda al capital extranjero hasta un 15% de su territorio? Y actualmente sólo se ha vendido un 5%, o sea que hay un 10% más que se podría vender, que es el equivalente a 26 millones de hectáreas; o sea, dos provincias de Santa Fe más o dos superficies de Inglaterra más. Es cuantioso el volumen de tierras que todavía se podrían vender con la ley actual, sin necesidad de modificarla. Entonces la pregunta es: ¿por qué el Ejecutivo nacional quiere derogar la ley actual e imponer una nueva? Porque en realidad, acá aparece un punto que nosotros descubrimos en la investigación, y es que en el país hay 36 departamentos en diferentes provincias que superan el límite máximo que fija la ley actual. Esto sucede porque al momento de aprobarse la ley, en 2011, ya lo superaban; o sea, ya estaban por encima del 15% de tierra extranjerizada. Y como las leyes no pueden regular para atrás, no son retroactivas sino que regulan desde el momento que se aprueban hacia adelante, esa era una situación de hecho que estaba generada. Ahora, ¿cuál es la particularidad de estos 36 departamentos? Que la gran mayoría están ubicados en zona cordillerana, una zona estratégica por los cursos de agua, por los ojos de agua permanentes y por los recursos mineros e hidrocarburíferos que tiene nuestro país. Sabemos hoy de la disputa geopolítica mundial que existe en torno al petróleo, en torno al litio, en torno a las tierras raras. Lo que observamos es que, por ejemplo, hay departamentos en la provincia de Salta que tienen el 60% de la tierra extranjerizada. Y sucede lo mismo en otras localidades de la Patagonia, en donde superan -como Lacar- el 50%; en la provincia de Misiones también hay cinco departamentos fronterizos que superan el 15% de tierra extranjerizada. Otro punto sensible de nuestro mapa a escala nacional es la Cuenca del Paraná. Hace poco se acaba de concesionar nuevamente a esta empresa, en medio de este escándalo, toda la concesión de la mal denominada hidrovía, que es el control de nuestra principal vía navegable, el Paraná. Y a la vera del Paraná, muchas de las localidades tienen un porcentaje muy elevado de tierra extranjerizada. O sea, zonas estratégicas. A esto se suma un nuevo elemento del proyecto de ley y es que en nuestro país, hasta la actualidad, un decreto de 1944 vigente, regula que la tierra de frontera solo puede estar en manos de ciudadanos y ciudadanas argentinos. El proyecto que impulsa el Gobierno de Milei deroga este decreto y habilita la extranjerización también de las tierras de frontera. Allí en Formosa tienen mucha más cercanía que quienes estamos aquí en Buenos Aires en términos de frontera, pero hay que pensar en lo que habilitaría respecto de los límites de nuestro país. Por eso nosotros también planteamos que afecta profundamente la soberanía nacional. Porque eso, al mismo tiempo, facilitaría, como nunca antes se ha visto en nuestro país, todas las actividades vinculadas al tráfico de estupefacientes, de personas, de armas. Con lo grave que resulta esto y teniendo las experiencias de lo sucedido en otros países latinoamericanos. Este paquete de medidas modificaría también la Ley de Manejo del Fuego, la de Expropia-ciones y la de Barrios Populares - Sí. Es una ley que, como bien dijiste, modifica la Ley de Fuego, que hasta el día de hoy lo que impone es que una zona que ha sido devastada por un siniestro de este tipo no puede ser reutilizada a posteriori para otros usos. Justamente para limitar la posibilidad de que se propaguen los incendios intencionales con el objetivo después de vender esa tierra como tierra sin utilización alguna y que de bosque nativo se transforme en tierra sojera. El proyecto actual elimina esto. Entonces uno piensa potencialmente que vamos a ver incendiados todos los bosques de la Patagonia, todos los bosques de Tucumán, lo que queda en Chaco, en Jujuy, en Salta para reutilizar esa tierra con fines de mercado, en función de la lógica del capital. Y también modifica la Ley de Desalojos, o sea, las expropiaciones, con esta idea de acelerar la expropiación y el desalojo. Por eso le ponen el título rimbombante de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuando en realidad es una garantía absoluta para los grandes capitales nacionales y fundamentalmente extranjeros. En cuanto a los barrios populares y a las comunidades originarias de nuestro país, los afecta por vía doble, porque por un lado muchas de ellas están ubicadas en zonas estratégicas y, por lo tanto, porque en la zona cordillerana hay un proceso creciente de desplazamiento de las mismas para apropiarse de los recursos que existen. Y en el caso en donde no se trate de zonas estratégicas -aunque también puede ser zona de frontera, porque el capital extranjero está interesado en quedarse con el control de esos espacios para cualquier tipo de actividad ilícita- también les afecta en términos de barrios populares, porque si bien esa ha sido la parte de la ley que más modificaciones ha recibido, porque la Iglesia se ha manifestado y otras organizaciones, limita severamente la disponibilidad de tierra para la construcción de barrios populares, cosa que ahora estaba previsto, porque -como nosotros decimos- la ley nueva lo que hace es disminuir o casi eliminar lo que llamamos las capacidades estatales. En todos los países del mundo, las Constituciones, inclusive en la propia Estados Unidos, en la Constitución existe una enmienda que se llama De Dominio Inminente. ¿Qué quiere decir esto? Que el Estado guarda para sí la potestad de poder expropiar determinadas zonas, con el objetivo de garantizar lo que se llama el bien común. Y este proyecto de ley pone al derecho privado individual, a la propiedad privada individual, por sobre encima de todo tipo de necesidad social y de posibilidad de regulación estatal. Y niega la idea de entender a la tierra, al suelo, como un bien social con un fin de uso social. Este jueves se cayó la sesión, pero intentarán nuevamente aprobar el proyecto el 6 de agosto. ¿Cómo ven la puja desde dentro, en términos de votos y de debate? - Nosotros tenemos esperanzas, en el sentido de que el jueves de esta semana volvió a caer la sesión donde se intentaba aprobar y darle media sanción a este proyecto del Ejecutivo. Y fue la cuarta vez que se cayó la sesión. Pero la diferencia con las tres anteriores es que las otras estaban muy vinculadas con la causa de enriquecimiento ilícito del exvocero y exjefe del Gabinete, Manuel Adorni. Y por lo tanto, el Ejecutivo se veía muy complicado para abrir esas sesiones y dar tratamiento porque rápidamente ese era el tema que pasaba a cobrar el centro de la escena. Ahora ya no está el caso Adorni en el centro y se cae por los conflictos y las tensiones en el seno de los propios partidos, en muchos casos provinciales y algún sector de la UCR que hasta ahora vienen acompañando a la Libertad Avanza y al PRO en todas las votaciones. Y en esta ocasión tuvieron algunas fricciones internas; por ejemplo, en el Gobierno de Misiones, el ministro de Cultura renunció junto a otros funcionarios y adujo que la causa estaba vinculada con la posición de ese partido que gobierna en Misiones con respecto a la Ley de Tierras. Al mismo tiempo, yo creo que el triunfo de la Selección argentina en la semifinal contra Inglaterra y tener a los jugadores festejando y desplegando la bandera de Las Malvinas son argentinas también incide en términos de la escala que cobró el debate. Nosotros venimos con esta campaña y denunciando y haciendo estos análisis y elaborando el mapa de extranjerización de la tierra desde diciembre de 2025. Y veíamos que esto cobraba cada vez más relevancia, que más medios lo tomaban, pero todavía resultaba relativamente acotado. Y esta semana entendemos que hubo un salto cualitativo en términos de cómo lo tomaron los medios de comunicación de todo el país y cómo se transformó en parte de debate, por lo menos, de un sector de la sociedad. Y todo eso entendemos que ejerció una presión importante. Nosotros venimos al mismo tiempo comunicándonos y teniendo reuniones con senadores de diferentes bloques, fundamentalmente de un sector del peronismo, porque nos atendieron en primera instancia. Incluso convocaron a una reunión de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado para discutir el cuarto informe que elaboramos, que tuvo mucha repercusión. Y creemos que tenemos posibilidades de que esto no se apruebe el 6 de agosto, pero al mismo tiempo eso requiere una gran movilización. Y entonces, ahora lo que estamos organizando junto a otras entidades sociales, políticas, eclesiásticas, es una gran movilización al Congreso para el 6 de agosto, con comunidades indígenas, comunidades de productores de la Región Pampeana, de centros estudiantes universitarios, de sindicatos, de la Iglesia. Entendemos que esto es un golpe a la soberanía de todos y todas, y que nadie está exento. Nosotros estuvimos discutiendo con otras organizaciones que a la marcha del 6 de agosto, la convocatoria es un gran banderazo. Sólo bandera argentina, todos con la remera de la Selección. Independientemente de lo que suceda el domingo. Porque creemos que eso es lo que nos unifica a todos y a todas. Pensar que potencialmente se podría vender el 100% de la tierra alrededor de la Argentina nos resulta absolutamente alarmante. Desde el inicio del Mundial, el Gobierno ha acelerado todo tipo de deregulaciones: en el río Paraná, Cataratas, reactores nucleares ¿Qué tanto creés que se aprovecha esta distracción del fervor mundialista? - Efectivamente, han intentado utilizar el interés que despiertan en todos nosotros y nosotras el Mundial, y la preocupación y las ganas de ver los partidos para hacer avanzar leyes muy antipopulares y antinacionales. Pero al mismo tiempo, entiendo que el partido contra Inglaterra modificó la situación. Yo estuve en los festejos en el Obelisco, por ejemplo, y todo el tiempo se cantaba El que no salta es un inglés, se proyectaban en el Obelisco esas palabras desde la ingeniería popular con láser. Había excombatientes con parlantes donde se pasaba la Marcha de Malvinas y hubo una combinación entre la alegría de haber ganado la semifinal, que había sido contra los ingleses, y una reivindicación. Creo que eso implicó un cambio sustancial, en donde una cosa no implica necesariamente pan y circo, como algunos dicen. Creo que ese fervor y esa alegría que nos genera el avance de la Selección potencian la posibilidad de pelear por nuestros derechos y por la soberanía nacional.

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