Contacto

Volver a la portada
Cultura
La voz hace 15 horas 4 min de lectura

Para matarte mejor, primera parte

La precisión en el uso de venenos en las obras de Agatha Christie proviene de su entrenamiento químico, influenciando incluso a patólogos en casos reales.

Para matarte mejor, primera parte
Foto: La voz

Bajorrelieve. Para matarte mejor, primera parte

La precisión en el uso de venenos en las obras de Agatha Christie proviene de su entrenamiento químico, influenciando incluso a patólogos en casos reales.

Unos mueren de un disparo, otros por un golpe en la cabeza o de varias puñaladas certeras. Pero el arma favorita que empleaba la escritora británica Agatha Christie para matar en sus obras era el veneno.

De las cerca de 300 víctimas que aparecen en sus más de 70 novelas, la mayoría parte hacia el más allá por obra y arte de alguna sustancia tóxica. Para los amantes de las novelas de la "reina del crimen" esto no es ningún misterio. Pero lo que quizás no todos sepan es que a la hora de usar el veneno como arma, la autora no recurría a la ficción, sino a sus estudios..

Christie usaba el veneno con una precisión asombrosa", le dice a BBC Mundo Kathryn Harkup, química y autora del libro A, de arsénico: los venenos de Agatha Christie, publicado para el 125º aniversario del nacimiento de la escritora.

Los detalles del veneno elegido eran fieles, así como los síntomas que provocaba una sobredosis, la facilidad para conseguirlos en el mercado, la dificultad para ser detectados y la eficacia de los antídotos.

Tal era su pericia, "que durante un caso de envenenamiento en el Reino Unido (el del envenenador Graham Young en los años '70), a falta de literatura científica, los patólogos consultaron una de sus novelas", explica Harkup.

El conocimiento de la novelista en esta área comenzó a forjarse durante la Primera Guerra Mundial.

Muchas de sus historias fueron llevadas a la radio, a la televisión, y también al cine, donde se destaca uno de sus personajes, Miss Marple.

Christie se presentó como voluntaria para trabajar de enfermera en un hospital de Torquay, en el sudoeste de Inglaterra, pero fue seleccionada para trabajar en la farmacia y allí aprendió los rudimentos de la química.

En esa época, los remedios que se les suministraban a los pacientes no venían empaquetados en cápsulas como ahora, sino que cada píldora, poción o tónico debía ser elaborado a mano, cuenta Harkup. "Había que saber qué sustancias se podían mezclar y cuáles eran las dosis adecuadas", aseguró.

Muchas medicinas eran hechas a base de plantas, con lo cual la escritora debió aprender también a identificar las especies con usos medicinales y a extraer los compuestos para elaborar los fármacos que le solicitaban.

Christie complementó estos conocimientos prácticos con una serie de estudios teóricos y se sometió a exámenes para obtener la calificación de asistente de farmacia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a trabajar como voluntaria en la farmacia, esta vez en el University College Hospital en Londres, y continuó avanzando con su entrenamiento.

Lo que aprendió a lo largo de su experiencia lo fue desgranando poco a poco en la piel de sus personajes y en la trama de sus novelas, guiadas por el desarrollo de los efectos reales de las sustancias tóxicas en el cuerpo humano.

Aunque su dominio de la química pudo y puede haber pasado inadvertido para la mayoría de los lectores, no lo fue para la ciencia. Además del hecho de que una de sus historias se convirtió en manual de consulta para los patólogos del caso policial que mencionamos antes, otra de sus novelas fue reseñada por Pharmaceutical Journal, una de las publicaciones científicas de la época.

La autora también usó en sus libros venenos que no se utilizaban como medicamentos, como el cianuro y la ricina, usados en la fabricación de insecticidas, y que en ese momento se podían conseguir fácilmente sin dar muchas explicaciones.

Aunque el envenenamiento favorito de Harkup es el que ocurre en El testigo mudo, donde el asesino utiliza fósforo, uno de los elementos de la tabla periódica con el que ella trabajaba con frecuencia en sus años de laboratorio.

"Es brillante la forma en que lo detectan, porque el fósforo tienen la cualidad de brillar en la oscuridad", cuenta la estudiosa.

"El vapor verde que exhala la víctima durante una sesión de espiritismo antes de caer enferma y que en ese momento todos creen que es ectoplasma o una premonición de muerte es lo que le da la pista al detective", le dice a la BBC Mundo.

La exactitud de sus obras la hicieron susceptible de acusaciones, que equiparaban sus novelas a un compendio para asesinar.

La voz Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por La voz y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026