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Pasión Deportiva
Diario de Cuyo hace 15 horas 6 min de lectura

Con el corazón partío: la historia del mozo español que vive en San Juan y no sabe por quién hinchar

Nació en las Islas Canarias, pero hace dos años se instaló en San Juan por amor. En la previa de la final del Mundial, Raúl Ojeda confiesa que vive un dilema inesperado: quiere que gane España, pero también sueña con festejar junto a los argentinos.

Con el corazón partío: la historia del mozo español que vive en San Juan y no sabe por quién hinchar
Foto: Diario de Cuyo

Raúl Ojeda nunca imaginó que un partido de fútbol pudiera ponerlo frente al dilema más extraño de su vida. Nació hace 41 años en Las Palmas de Gran Canaria, creció en España, tiene a sus padres, hermanas y cuatro hijos viviendo allá, pero desde hace poco más de dos años encontró un nuevo hogar al otro lado del Atlántico. Vive en San Juan, trabaja como mozo en un bar céntrico y comparte la vida con Ornella, una sanjuanina a la que conoció hace un cuarto de siglo, cuando ella emigró con su familia a las Islas Canarias en busca de trabajo.

Hoy, cuando Argentina y España salgan a disputar la final del Mundial, él estará en medio de un conflicto que resume con una frase sencilla: tiene el "corazón partío", como dice Alejandro Sanz.

"No esperaba nunca que llegaran los dos a la final. Hubiera preferido que uno quedara en el camino, cualquiera de los dos. Así no tenía que pasar por esto", dice entre risas, aunque enseguida reconoce que el asunto tiene bastante de verdad.

Su historia con San Juan comenzó mucho antes de subirse a un avión. Durante años mantuvo una amistad a la distancia con Ornella. Se escribían de vez en cuando por redes sociales. "Nos saludábamos para los cumpleaños, nos decíamos que nos extrañábamos y poco más. Con el tiempo empezamos a hablar de otras cosas y la relación fue cambiando", recuerda.

Hace dos años decidió dar el paso y desde entonces no volvió a irse. En San Juan encontró un lugar que, asegura, le resulta sorprendentemente familiar. "Estar acá es como estar en Las Palmas de Gran Canaria. Uno piensa que cuando cambia de país todo va a ser distinto, pero el paisaje, la vegetación, el clima... hay muchas cosas que se parecen. Me sentí cómodo muy rápido."

Su vínculo con la provincia también quedó marcado por uno de los momentos más dolorosos de su vida. Junto a Ornella esperaban una hija, Mía, que falleció pocos días antes de la cesárea programada.

Raúl siempre trabajó en gastronomía. Lo hizo en España y ahora también en Argentina. Los fines de semana, las noches y los feriados casi nunca coinciden con el descanso. Por eso asegura que hace años dejó de seguir el fútbol con la intensidad de antes. "Mi equipo de toda la vida es el Real Madrid. Nunca pude ir al Bernabéu porque siempre me tocó trabajar cuando había partidos", cuenta.

Con la selección española sucede algo parecido. La acompaña, pero sin fanatismo. Sin embargo, durante este Mundial ocurrió algo inesperado: "Vi muchos más partidos de Argentina que de España porque en el bar estaban todos mirando los encuentros de la Selección. Terminé sufriendo como un argentino más. Me encontré haciendo fuerza para que ganara Argentina".

Y entonces llegó la final. Si hace unos años alguien le hubiera preguntado qué deseaba para un España-Argentina, la respuesta habría sido inmediata. Hoy ya no: "Si gana Argentina me voy a alegrar muchísimo. Muchísimo. Creo que incluso más que si gana España. Pero si gana España también me voy a poner feliz porque es mi país. Ese es el problema".

Raúl habla pausado, buscando las palabras justas para explicar una sensación que ni él mismo termina de comprender: "Lo que pasa es que acá descubrí algo que nunca había vivido. En España la gente festeja cuando gana un Mundial. Acá ganaron dieciseisavos de final y salieron todos a la calle".

El mozo todavía mira con sorpresa las caravanas, las banderas colgadas de los balcones, las bocinas sonando después de cada victoria y las calles llenas de familias celebrando incluso en fases muy tempranas: "Eso en España no existe. Allá nadie sale a festejar porque ganó un partido previo. Se celebra solamente el título. Acá cada partido es una fiesta impresionante". Para él, esa diferencia dice mucho más que cualquier análisis táctico.

"Entendí que para ustedes el fútbol dejó de ser solamente un deporte hace mucho tiempo. Es un acontecimiento cultural. Está ligado a la identidad del país, a Maradona, a Messi, a la bandera. Se vive con una pasión que nunca había visto", explica. Por eso hasta bromea con la situación que le tocará atravesar durante la final: "Si hace un gol España no sé si voy a poder festejar. Me voy a tener que reprimir un poco. Capaz pierdo el trabajo", dice entre carcajadas. Aunque enseguida aclara que habla en tono de humor.

Cuando se le pregunta qué debería preocuparle a Argentina del rival europeo, deja de lado las pasiones y habla del juego: "España tiene un funcionamiento colectivo muy fuerte. Hace años que juega de memoria. El fútbol europeo es muy táctico, muy estudiado. Todos saben dónde está el compañero sin necesidad de mirar demasiado".

Entre los futbolistas españoles de todos los tiempos elige sin dudar a Iker Casillas: "Para mí fue el más importante. Creo que el Mundial que ganó España se lo debe muchísimo a él."

Y del otro lado aparece Lionel Messi: "Es un extraterrestre. No es de este planeta. Aunque no toque la pelota ya genera miedo. Su sola presencia condiciona al rival".

Mientras espera el inicio del partido, Raúl sigue construyendo su vida en San Juan. Sueña con volver a tocar la guitarra, quizás formar una banda cuando el trabajo le deje algo de tiempo. También reconoce que la calidez de la gente fue una de las cosas que más lo conquistó, aunque admite que tuvo que aprender rápido sobre esa "viveza criolla" que, dice, obliga a ser más desconfiado.

Con el tiempo también adoptó nuevos colores futboleros. "Acá digo que soy de San Martín y de River. No es tanto por los clubes. Es por la gente que conocí. Mis amigos de San Martín tienen un corazón enorme. Y los hinchas de River que conocí me recuerdan mucho a los del Real Madrid", aclara.

Cuando esta tarde empiece la final, en el bar habrá clientes vestidos de celeste y blanco, gritos, nervios y promesas. Detrás de la barra estará Raúl, el español que llegó por amor a San Juan y que, por primera vez, deseará que el fútbol encuentre la manera de hacer ganar a dos equipos.

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