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AnalisisDigital hace 11 horas 8 min de lectura

El boom viajero y los dólares que se fueron detrás del furor de la Selección Argentina a los Estados Unidos | Análisis

Sin estadísticas oficiales, consultoras privadas estiman que entre 200 mil y 300 mil argentinos viajaron al Mundial de Estados Unidos y gastaron más de US$ 500 millones. Desde Entre Ríos también hubo una importante presencia, mientras el Estado no di

El boom viajero y los dólares que se fueron detrás del furor de la Selección Argentina a los Estados Unidos | Análisis
Foto: AnalisisDigital

Se estima que de Paraná viajaron no menos de 200 personas, además de otros oriundos de Villaguay, Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay. La mayoría de ellos hicieron compras directas de hoteles y entradas.

Los datos oficiales no existen, pero se calcula que entre 200 mil y 300 mil argentinos viajaron a Estados Unidos para seguir a la Selección en el Mundial 2026 y habrán gastado, cuando este domingo termine la final contra España en el estadio MetLife de Nueva Jersey, más de 500 millones de dólares. La cifra no la informó ningún organismo del Estado argentino: no la dio la Dirección Nacional de Migraciones, que registra cada salida y cada reingreso al país; no la dio el Banco Central, que recibe de los bancos los consumos con tarjeta en el exterior; y mucho menos la dio la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), la ex AFIP, que tiene bajo su órbita la Aduana de Ezeiza y la información fiscal de cada uno de esos viajeros. Todo lo que se sabe proviene de consultoras privadas. Desde Entre Ríos viajaron numerosos vecinos de las principales ciudades, como Paraná, Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, entre otros lugares.

La estimación más difundida pertenece a la consultora Qualy, dirigida por la economista Anastasia Daicich. Antes del inicio del torneo, el informe calculó que viajarían 45.500 argentinos, tomando como base los 35.000 que fueron a Qatar en 2022 -el 1,5 por ciento de las salidas aéreas de aquel año- y proyectando un incremento del 30 por ciento por la relativa cercanía geográfica con Estados Unidos y el volumen de turismo emisivo aéreo previo a la Copa. El desembolso promedio se ubicó en 10.000 dólares por viajero, en línea con los paquetes de los operadores mayoristas, que incluyen alojamiento, traslados e impuestos, pero no los pasajes. La cuenta inicial arrojaba una demanda adicional de divisas de 455 millones de dólares. No obstante, se quedaron cortos, porque la euforia fue creciendo por los partidos ganados por la Selección Argentina y la cifra trepó a entre 200 mil y 300 mil turistas de este país.

La clasificación a la final, tras la victoria sobre Inglaterra, agregó un capítulo extra. Qualy estimó que entre 4.000 y 5.000 argentinos más viajarían exclusivamente para presenciar el partido decisivo, con un gasto individual de unos 13.000 dólares. Solo la entrada para la final en el MetLife ronda los 8.000 dólares por persona; el resto se reparte entre pasajes comprados sobre la hora, un hospedaje inflado por la demanda y los traslados internos. Esa ola de último momento suma otros 58 millones de dólares y eleva el costo total del Mundial para los argentinos a unos 513 millones.

Daicich aportó dos precisiones que conviene retener. La primera: quienes viajaron al Mundial pertenecen a un segmento de ingresos medios y altos que no representa a la media de la población argentina, en un año en el que las salidas de turistas residentes acumulan una caída interanual del 12,4 por ciento en los primeros cinco meses, producto de la pérdida de poder adquisitivo de un segmento amplio de la sociedad. La segunda: no todos los que tiñen de celeste y blanco las tribunas de los estadios norteamericanos viajaron desde la Argentina; buena parte pertenece a la numerosa diáspora radicada en Estados Unidos, España y otros países. No obstante, hubo un número importante de personas de clase media-baja que viajaron tras vender terrenos o automóviles personales.

El contexto macroeconómico vuelve más llamativo el silencio oficial. Según el INDEC, la balanza turística cerró el primer trimestre de 2026 con un rojo de 3.184 millones de dólares: los egresos por viajes al exterior totalizaron 4.825 millones, contra ingresos de apenas 1.641 millones por los visitantes extranjeros. El rubro viajes explicó cerca del 79 por ciento del déficit de toda la cuenta de servicios de la balanza de pagos. Y el antecedente inmediato es peor: en 2025 los argentinos gastaron afuera 12.072 millones de dólares, el turismo receptivo aportó 4.852 millones y el saldo negativo superó los 7.200 millones, el peor resultado de la última década, casi el triple del año anterior. Las consultoras proyectan para todo 2026 un déficit de entre 7.000 y 8.500 millones. En ese esquema, los 513 millones del Mundial representan alrededor del 6 por ciento del rojo anual estimado: no alcanzan para desestabilizar el mercado cambiario, como se encargaron de aclarar los economistas, pero constituyen la salida de divisas más concentrada del año, comprimida en apenas seis semanas, en un momento en que el Banco Central sigue necesitando acumular reservas.

Ahora bien: si el impacto cambiario es acotado, la pregunta que nadie formula es otra. ¿Quién controla, o al menos registra, semejante movimiento de personas y de dinero? La respuesta, hasta donde pudo verificar este medio, es nadie. Y la comparación con el Mundial anterior resulta elocuente. En 2022, con otro gobierno y otro signo político, la entonces AFIP conducida por Carlos Castagneto montó un operativo de fiscalización específico sobre los viajeros a Qatar. El organismo cruzó información con las agencias de turismo para detectar quiénes habían comprado pasajes o paquetes, con la Dirección Nacional de Migraciones para verificar quiénes efectivamente viajaron, y con las emisoras de tarjetas de crédito para revisar los gastos realizados en el emirato antes y durante la competencia. De ese cruce surgió que 541 monotributistas habían adquirido entradas para ver a la Selección y que 151 de ellos no registraban ingresos que justificaran la compra. Semanas después, el organismo notificó a otros 181 monotributistas de las categorías A y B, las más bajas del régimen. En paralelo, el Gobierno de entonces creó el recordado "dólar Qatar" mediante el Decreto 682/2022 y la Resolución General 5272 de la AFIP, que aplicó una percepción adicional del 25 por ciento sobre los consumos en el exterior superiores a 300 dólares mensuales, y obligó a los bancos a informar movimientos de cuentas por encima de determinados montos.

Puede discutirse largamente si aquella persecución al hincha con capacidad de gastar tenía sentido recaudatorio o era apenas un gesto disciplinador en tiempos de cepo. Pero lo cierto es que el Estado, en aquel momento, midió, cruzó datos e informó públicamente los resultados. Cuatro años después ocurre exactamente lo contrario: no hay cepo, no hay percepciones diferenciales, y tampoco hay un solo dato oficial. ARCA no informó cuántos controles aduaneros realizó en Ezeiza durante junio y julio, cuántas declaraciones de equipaje procesó al regreso de los hinchas, cuántos egresos de divisas por encima de los 10.000 dólares -el tope legal que obliga a declarar- registró en los pasos de salida, ni si existió algún cruce entre la capacidad contributiva declarada de los viajeros y gastos que, según todas las estimaciones privadas, promediaron entre 10.000 y 13.000 dólares por persona. La política oficial de desarme de los regímenes de información sobre consumos personales, anunciada a mediados de 2025 como parte del plan para que los argentinos utilicen sus dólares sin dar explicaciones, completó el cuadro: el organismo recaudador renunció deliberadamente a buena parte de los instrumentos con los que en 2022 había radiografiado a los viajeros de Qatar.

El resultado es una paradoja que merece subrayarse. El mismo Estado que discute cada mes la escasez de reservas, que registra un déficit turístico estructural y que conoce con precisión quirúrgica cuántas personas cruzaron sus fronteras y hacia dónde, no produjo -o no quiso difundir- una sola estadística sobre el evento de turismo emisivo más importante de los últimos años. Migraciones sabe exactamente cuántos argentinos salieron hacia Estados Unidos entre mayo y julio de 2026 y cuántos regresaron. El Banco Central sabe cuántos dólares se consumieron con tarjetas argentinas en territorio norteamericano en ese período. ARCA sabe qué declaró en la Aduana cada pasajero que volvió con compras y qué perfil fiscal tiene cada uno de los que gastaron el equivalente a más de un año de salario mínimo en un viaje de dos semanas. Ninguno de los tres publicó nada. Las únicas cifras disponibles salieron de una consultora privada que debió reconstruir el fenómeno por proyección, a partir de los datos de Qatar 2022.

Desde Entre Ríos hubo cientos de viajeros, entre empresarios y profesionales -fundamentalmente-, algunos pocos gremialistas y dirigentes políticos de segunda y tercera línea, de diferentes partidos, aunque -como pocas veces- todos ellos se cuidaron de no aparecer públicamente. No obstante, algunos aparecieron en notas sorpresivas realizadas por los numerosos movileros de canales enviados a Estados Unidos y no podían evitar los reportajes. De Paraná viajaron no menos de 200 personas, como también de Villaguay, Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay. La mayoría de ellos hicieron compras directas de hoteles y entradas, evitándose así la adquisición de paquetes turísticos.

AnalisisDigital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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