¿Qué pasa cuando un pueblo desaparece? El relato de Daniella Tasca, la comodorense que anticipó el presente
El cuento habla de un pueblo que desaparece, que es una realidad Patagónica, pero sobre todo habla de cuando desaparece un mundo y una manera de vivir y ver las cosas, dice Daniella Tasca al referirse a Marea Baja, el escrito que formará parte de
Marea baja cuenta lo que sucede en un pueblo en el que se acaba el petróleo, en que el exilio de muchos y la partida se vuelve una realidad, y solo queda la Patagonia, el horizonte y en algunos casos el mar, como acá, en Comodoro y Rada Tilly.
El viejo miró por la ventana un rato largo, hasta que le empezaron a doler los riñones de estar sentado en la misma posición. Solo entonces se levantó, dio la vuelta a la mesa, se sentó del otro lado y volvió a mirar por la ventana hacia el mismo punto, hacia la línea de la costa. Así comienza la narración escrita por Daniella Tasca, una comodorense que hoy vive en Portugal pero nunca dejó de mirar con los ojos de la Patagonia.
CRECER EN COMODORO
Daniella es la mayor de tres hermanos. Su papá, un italiano que llegó a los 12 a Argentina, conoció a su mamá en Comodoro, la ciudad donde también nacieron su abuela y su bisabuela. Con orgullo cuenta que su tatarabuela era tehuelche y que la Patagonia forma parte de su ser más profundo. Para mí significa un poco quién soy, mi silencio, mi mirada interior y mi herencia.
En su infancia vivió en Río Gallegos y también en Mendoza, pero sus recuerdos son de Comodoro y Rada Tilly. Tuve una infancia muy linda, con mucha libertad y muy salvaje. Una época en que nos íbamos a la mañana y volvíamos a la noche y nadie preguntaba nada. Pero mi primer recuerdo de Comodoro, creo, es el mar y el viento: es la presencia que tengo adentro mío y que nunca se fue. Cuando pienso en Comodoro pienso en eso y las veces que he vuelto, vuelvo un poco con las ganas de querer reencontrarme con esa sensación de ese paisaje tan mío que me marcó tanto, esa vastedad de la estepa patagónica y el mar.
La autora estudió en la escuela N.º 1, el Colegio Universitario Patagónico (CUP) y el Instituto Austral, el lugar donde comenzó con la escritura. Fueron los mejores años de mi vida con un grupo maravilloso, reconoce. Éramos muy pocos y un grupo humano muy lindo. Y tuvimos un director, Julio Núñez, que me dio el espacio necesario para comenzar a escribir. Empecé a escribir poemas sobre la Patagonia y después para los actos y fechas importantes. Siempre te los hacían leer. Me volví un poco la poeta del colegio. Así que estoy súper agradecida, dice con una sonrisa nostálgica.
Hace poco Daniella estuvo en Argentina y, precisamente, uno de sus poemas llegó a su entorno cercano casi por casualidad. En el chat del grupo de amigos de esa primera camada del Austral, un compañero le dijo: mirá lo que pasó, Julio Núñez. Era un poema que ella había escrito a los 17 años.
Admite que al principio sintió algo de vergüenza por ese escrito adolescente, pero pensó que iba a terminar allí. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando su madre le dijo que una amiga suya, de Neuquén, le había enviado su poema a la bandera. Fue decir wow, estoy en casa, reconoce con alegría.
DE LA PATAGONIA AL MUNDO
Daniella hace 9 años se fue de Argentina. Por ese entonces, ya vivía en Buenos Aires, la ciudad que eligió para estudiar cuando cumplió 18 años. Cuenta que intentó cursar la carrera de abogacía, pero solo un día bastó para darse cuenta de que no era lo suyo. Así, se inclinó por el periodismo. Es que, a fin de cuentas, lo suyo tenía más que ver con las letras.
A los 16 años, la autora publicó su primer libro. Fue luego de que participó en Eisteddfod, el tradicional festival literario de origen galés, donde uno de sus cuentos ganó el primer premio, el Sillón Bárdico. Luego llegaría Poemas capitales, su segundo libro, cuando ya vivía en Buenos Aires y estudiaba en la Universidad de Belgrano.
El destino quiso que su familia fuera trasladada a la capital y, desde entonces, la Patagonia se convirtió en un lugar de regreso para visitar amigos y familiares, pero nunca la olvidó, como tampoco a la escritura.
Soy más bien poeta que escritora de cuentos, dice al explicar su faceta. Ahora estoy por editar un nuevo libro: La otra orilla, y Marea baja formará parte de él. Habla de un pueblo que desaparece, que es una realidad patagónica, pero sobre todo habla de cuando desaparece un mundo y una manera de vivir y ver las cosas. Habla un poco del silencio patagónico y, luego, releyendo, de alguna manera habla un poco también del exilio mío. La historia es de un pueblito patagónico que desaparece porque se acaba un pozo y la gente se empieza a ir; y está este viejo que resiste, que representa un poco la Patagonia y que permanece siempre, que no se va y que se queda sentado en la playa. Y aparece también un fenómeno que siempre fue tan mágico en la Patagonia, que son las mareas tan bajas, porque yo no lo volví a ver en ningún otro lugar del mundo: esa marea que se va y no la ves. Es algo muy mágico, algo muy nuestro, parte de nuestra Patagonia, que, en ese caso, cuando el mar se va, refleja un poco el olvido.
Al leer el cuento, es inevitable no pensar en lo que hoy sucede en Comodoro. La producción de petróleo bajó y la industria y el país miran a Vaca Muerta. Ya nadie quiere migrar para estos lados. Añelo es el sueño americano de muchos. Mientras, otros resisten mirando por la ventana, buscando opciones.
UNA REGIÓN Y UN PAÍS QUE SIENTE DIFERENTE
Para la autora, el cuento también habla de su identidad. Vivió en Buenos Aires, en París, en Suecia y ahora en Portugal, pero siente que el paisaje y el sentir de esta región la acompañan.
Me di cuenta de que siempre llevo el mismo paisaje dentro mío. Todos los paisajes que yo veo dialogan con mi paisaje primogénito, que es de la Patagonia nuestra, de la costa. Por eso digo que no escribo de la Patagonia, sino desde la Patagonia. Esa mirada del mundo que nunca perdemos. Es como una forma de estar en el mundo, de mirar las cosas muy distintas.
Daniella asegura que estar en otro país la ayuda a reflexionar de manera distinta sobre lo que somos, no solo en la Patagonia, sino también en Argentina. Es un lugar muy especial: eso de vivir aislados y en un paisaje tan vasto te da una mirada distinta, como que nunca te abandona, reflexiona.
Pero también nos pasa un poco a los argentinos", continúa. "Yo me dedico a la enseñanza de idiomas. Antes de saber que nos íbamos a ir, casi por casualidad, hice un posgrado en la Universidad de Buenos Aires para enseñar español como lengua extranjera. En Suecia me tocó trabajar en escuelas con mucha inmigración, rodeada de ese desarraigo a través de la enseñanza; son realidades muy lindas e interesantes. Hay mucha migración de Medio Oriente y, en el exterior, pasa que no se termina de entender a la Argentina. Pero lo que yo veo es que nosotros incorporamos a las otras culturas. Acá no se habla de 'afroargentinos' o 'orientales argentinos': nosotros argentinizamos, somos una cultura que abraza, y eso afuera, cuando lo ves, lo valorás un montón.
VOLVER A LAS RAÍCES
Lo curioso de Marea baja es que el cuento fue escrito hace 7 años, como un anticipo de lo que iba a pasar en estas tierras costeras, y hoy, mientras la nieve cae en medio de la lluvia, vuelve a ser protagonista a través de este libro que pronto se editará. Para Daniella es una forma de volver a las raíces, justo en un momento en que busca reencontrarse.
Estoy en un momento especial: mi hijo decidió irse a estudiar a Holanda y yo me mudé ahora a Portugal con mi marido y siento que fue otro exilio diferente, a un lugar nuevo, sin ese papel de madre que ocupó mucho espacio, y es un poco volver a reencontrarme conmigo. Sentí la necesidad de volver a mis raíces, mi Patagonia, mi Argentina, y volver a escribir. Dejé de hacerlo durante muchos años porque no encontraba el espacio, y hoy lo estoy encontrando y siento que me tengo que reconectar para volver a empezar a escribir desde un lugar más genuino.
Quizás para nosotros sea lo mismo: el momento de reencontrarse con nuestras raíces, pero pensando en este nuevo Comodoro; sabiendo que el hijo pródigo creció y partió, pero que debemos buscar opciones, quizás mirando a la costa y sabiendo que el futuro está acá, con esa mirada patagónica tan nuestra que tan bien supo reflejar la autora.