Rodolfo Buján con el corazón dividido: 100 años, una trompeta prodigiosa y la final entre su tierra natal y su Patria adoptiva
De zapatero en la Guerra Civil Española a músico en Rawson. La vida de Rodolfo Gumersindo Buján Mejuto es la crónica de un emigrante que nunca olvidó sus raíces pero entregó su alma a la Argentina que lo recibió con los brazos abiertos.
El mundo del fútbol contiene el aliento. Argentina y España se enfrentarán en la final del Mundial 2026 en un duelo que trasciende lo deportivo para convertirse en un encuentro de dos culturas, dos historias y dos naciones hermanadas por un idioma y un pasado compartido.
Pero en la previa de este acontecimiento global, hay una historia que merece ser contada porque se trata de una vida que condensa en un siglo la esencia de este vínculo profundo entre ambos pueblos.
Se trata de Rodolfo Gumersindo Buján Mejuto quien cumplió 100 años el 26 de mayo de 2026. Nació en el pueblo de Ventosa (provincia de Pontevedra) pero - hace varias décadas - vive en Rawson, capital de Chubut.
Su historia de vida es tan apasionante como la final que se disputará en Mundial en el que la selección Argentina nos entregó todo tipo de emociones al máximo nivel.
Buján vino al mundo en una España convulsionada. Su niñez y adolescencia transcurrieron en el Ventosa rural entre juegos de hermanos, travesuras propias de la vida de pueblo y la memoria imborrable de los apodos que marcaban la identidad de cada vecino.
Su padre era zapatero de oficio y se especializaba en la confección de zuecos de madera en una tarea en la que el joven Rodolfo colaboraba desde temprana edad.
La Guerra Civil española marcó su juventud como a toda una generación. Buján fue testigo de un país partido en dos bandos bien diferenciados: los republicanos y los falangistas con sus ideales de la forma de gobierno.
Un conflicto fratricida que dejó heridas profundas en el alma de España y que él presenció desde la perspectiva de un joven que intentaba comprender el mundo que se desmoronaba a su alrededor.
Como todo ciudadano de la época, le llegó el momento de cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Fueron dos años exactos de instrucción básica tras los cuales fue destinado como asistente del Jefe de Regimiento que - según recuerda con una sonrisa pícara - era "áspero como la gran siete".
Sin embargo, había una debilidad en ese hombre de carácter duro: le encantaban los llamados "pancitos de leche" que el joven Buján debía ir a buscarlos para su superior.
Lo que ocurrió después cambiaría su destino para siempre. Culminado el servicio militar, regresó a Ventosa por algún tiempo. Fue entonces cuando el propio Teniente Coronel le sugirió marcharse a la Argentina.
"Era en aquel entonces el mejor país de Sudamérica", le dijo. Buján rechazó la posibilidad en dos ocasiones pero - en un acto de fe y valentía - tomó la decisión de emigrar.
Se vino con una autorización temporaria por dos años pero en su interior estaba el convencimiento de no volver. Una de las condiciones para emigrar era tener un oficio por lo que se registró como labrador que era la mayor pretensión argentina para recibir a los inmigrantes.
En el viejo continente recién terminaba la Segunda Guerra Mundial y ya se rumoreaba una tercera contienda bélica. Europa ardía bajo la sombra del horror y América se presentaba como un faro de esperanza.
El 8 de mayo de 1951, Rodolfo Buján zarpó en el vapor "Buenos Aires". Durante 16 días surcó las aguas del Océano Atlántico en una travesía que marcaría el resto de su vida.
El 24 de mayo arribó al puerto de Buenos Aires y - jocosamente - recuerda que llegaron "a todo vapor, a toda velocidad" en coincidencia con el fin de semana con la fiesta patria argentina.
"La llegada a tiempo no era casualidad. Obedecía a cumplimentar trámites administrativos en la aduana y migraciones", explicó Rodolfo.
Si llegábamos después, debíamos permanecer arriba del barco hasta el día hábil lo que significaba dos o tres días encerrados", señaló.
El barco había llevado un cargamento de cereales a España y a su regreso volvía con inmigrantes, muchos de ellos italianos. Había también un polizonte a quien detectaron durante el trayecto y lo castigaron haciéndole realizar diversas tareas.
Lo esperaban familiares y amistades de su pueblo que ya estaban instalados en Argentina quienes le dieron la bienvenida en un clima de algarabía. Pero los primeros años no fueron fáciles.
Buján se desempeñó como tornero en una fábrica en un oficio duro que matizaba con su verdadera pasión: la música. Con los acordes de su trompeta, integró distintas orquestas que amenizaban las noches porteñas.
"Siempre me gustó recordar el valor del peso argentino en esa época", evocó. "Con un día de trabajo, podía comprarme un par de zapatos de excelente calidad y me quedaba un remanente. La Argentina de aquellos años era un país próspero con muchas oportunidades".
Fue precisamente la pasión por la música lo que modificó radicalmente su estilo de vida y sus obligaciones laborales.
Al poco tiempo, surgió la propuesta de integrar una Banda de Música en Chubut.
Otro viaje en una semana en barco junto a otros músicos fue una bisagra en su vida. Durante el trayecto, aprovecharon para conocerse y ensamblar las notas musicales de sus instrumentos.
En Punta Alta, hicieron una escala para reacondicionar el barco y aprovecharon la ocasión para hacer una presentación en un restaurant.
Llegaron justo para el aniversario de la capital chubutense, el 15 de septiembre de 1956. Esa noche hicieron su debut en la cena aniversario. Era el comienzo de un nuevo camino en su vida laboral y familiar.
En la zona, continuó como integrante de la Banda de Música de la provincia y luego de la Policía del Chubut pero también se desempeñaba en algunas orquestas locales.
Entre una y otra presentación, conoció a quien lo acompaña hasta hoy en su vida: su esposa. De cuya unión nacieron gemelas y hoy celebran juntos un siglo de vida terrenal.
Rawson - donde reside Buján - se prepara para celebrar 161 años desde su fundación en recuerdo al 15 de septiembre de 1865. En un año de celebraciones, la ciudad se prepara ahora para vivir con pasión la final del Mundial entre Argentina y España.
Su vida es la prueba de que los lazos entre España y Argentina son más fuertes que cualquier diferencia. Y este domingo, en la final del Mundial, su historia se entrelazará con la de dos naciones que - enfrentadas en la cancha - están llamadas a unirse en el mundo real para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Y mientras el mundo entero mire el partido, la historia de este inmigrante español que cumplió 100 años hace dos meses nos permitirá tener presente que la verdadera final se juega en la construcción de un futuro de soberanía, justicia y unidad para todos los hispanohablantes del mundo.