La otra cara del ajuste: menos empleados, más tareas y empresas con rentabilidad en baja
Aunque el desempleo no ha crecido fuerte, los empleados que se van no se reemplazan y eso genera sobrecarga. Detrás del ajuste, el impacto en las empresas.
Por otro lado, la irrupción de las herramientas con Inteligencia Artificial (IA) son una realidad cada vez más palpable en los diversos rubros que han venido a transformar la manera en que se trabaja. En palabras de la economista al frente de la consultora Gestión, Paula Pía Ariet, la IA es una posibilidad para o hacer más eficientes a las empresas o aumentar la productividad. Con esto, muchas tareas se realizan en menos tiempo y claramente se precisan menos personas, expresó Ariet. Al no haber necesidad de mayor productividad por la capacidad ociosa, se utilizan para mejorar la eficiencia y hacer lo mismo con menos persona o más rápido.
Andrés (54) es uno de los que se quedó sin empleo por estos días. Aunque él se desempeñaba como visitador médico en un laboratorio chico que fue comprado por otro grande, su caso se puede asemejar a otros en los sectores financieros y petroleros por el nivel salarial. María Paz Gómez, licenciada en Recursos Humanos y cofundadora de Pizca, Cultura y Liderazgo Humano, expresó que se observan situaciones de despido y cambios en Mendoza.
Entre los rubros que mencionó se encuentra el petrolero que de la mano de la reconversión de YPF que dejó las áreas maduras- la reducción de personal continúa todas las semanas. Algo similar sucede en los rubros productivos y en las industrias que achican todo lo que se pueda. Dentro de esto, una de las áreas más afectadas es la administrativa que suele ajustarse en tiempos de crisis.
Sergio Giménez, secretario general de La Bancaria, comentó que si bien en el sector financiero no hay una campaña para reducir dotaciones, sí ha habido retiros voluntarios de manera específica y jubilaciones que no se han reemplazado. En lo que va del año, hubo dos movimientos en este sentido. Por un lado la prejubilación que ofreció el Banco Nación (hasta finales de febrero) que fue tomada por unos 100 empleados en Mendoza. Por el otro, la fusión de dos grandes bancos que también implicó un movimiento de trabajadores. Cuando mirás en perspectiva, nosotros tenemos unos 5.000 trabajadores menos que hace 6 o 7 años, lo que se ha profundizado en los últimos dos años, calculó Giménez.
Este sector, como muchos otros, ha tenido una fuerte incidencia por la llegada de la tecnología y la inteligencia artificial. Por eso, desde el gremio trabajan fuerte en la capacitación de sus afiliados con un instituto propio de formación universitaria. Si lo comparás con diez años atrás, la cantidad de cuentas que administra un bancario ha aumentado entre 100% y 150%, comentó el sindicalista. Aclaró que su sector mantiene en general la cantidad de trabajadores en donde, sin embargo, hay una fuerte competencia desleal de las billeteras virtuales que tienen las mismas capacidades que un banco, pero ni la mitad de controles o regulaciones.
Un goteo que desgasta
Frente al escenario de crisis, las empresas se vuelcan con fuerza a la IA y a la automatización de procesos. Lo dicho: En un contexto donde el consumo interno no acompaña y no se puede aumentar la productividad por la vía de producir y vender más, las empresas buscan eficiencia. En este marco, la tecnología se aprovecha para absorber tareas repetitivas o administrativas que antes recaían sobre el personal que se fue. De esta manera, las organizaciones buscan alivianar la carga de los colaboradores actuales y consolidar ese ahorro de costos fijos.
Sin embargo, la tecnología tiene un límite en el sentido de que puede automatizar procesos, pero no suplantar las horas de trabajo, la creatividad y la sinergia de un equipo motivado. Si el clima interno está quebrado, ni la mejor herramienta digital logrará salvar la productividad de una empresa que ha descuidado su capital más valioso. En este sentido y en el mediano plazo, la ecuación no cuadra en la mayoría de las empresas.
En palabras de María Paz Gómez de Pizca, hay un ciclo que se repite en diferentes pymes y es que se achica la planta y la masa salarial con costos que solo se asocian a tener personas registradas. A partir de ahí, las tareas del personal que se fue se redistribuyen entre los que quedaron. Culturalmente, estamos muy predispuestos a dar ese poquito más y a aportar porque comprendemos la situación y porque es el trabajo de todos, reflexionó la profesional. Agregó que hay un tiempo en el que todos están de acuerdo en cubrir esos espacios que quedaron vacíos.
Así, las personas suelen aguantar bastante porque cuidan su fuente de trabajo y entienden que la crisis los afecta a todos. Sin embargo, el compromiso no es infinito cuando choca contra el desgaste físico y la imposibilidad de una mejora económica. Pasados unos meses, ese asumir tareas extra, comienza a impactar en la salud y aparecen síntomas conocidos como el síndrome del quemado, el estrés, la depresión y la ansiedad. Pese a todo, las personas igual salen a trabajar todos los días.
Luego de un tiempo con sobrecarga de tareas, comienzan las lógicas solicitudes de revisiones salariales. Cuando el empleador dice que no pueden pagar mejor por la crisis, empieza un ciclo de desmotivación. Un empleado desmotivado y físicamente agotado no solo trabaja más lento sino que comete más errores con resultados que bajan y ausentismo que aumenta, advirtió la profesional. Este es un ciclo vicioso se da en la mayoría de las organizaciones y suelen durar entre un año y un año y medio. Al achicarse la rentabilidad por la crisis, las pymes no aumentan los salarios, pero en el medio sus colaboradores comienzan a rotar por enfermedad o se van a otras organizaciones que los remuneran un poco mejor.
Cuando estas personas renuncian, se llevan conocimientos de los procesos, de la industria y de la organización, recordó Gómez. Agregó que luego las firmas necesitan periodos de inducción que son costosos del mismo modo que los procesos de selección de personal. Además, el que se queda con este panorama, se desmotiva aún más y todo eso afecta a la producción. Esto sucede en el mundo pyme ya que el corporativo funciona diferente con otros mecanismos de retención, remuneración variable, fidelización y el prestigio que se vincula a esas marcas, aclaró la licenciada en Recursos Humanos.
Y si bien casa organización empuja los límites a los extremos, lo cierto es que el clima interno no es un punto a menospreciar. Así lo indicó un informe presentado por Randstad, una compañía de talento a nivel global. El Randstad Employer Brand Research 2026, destacó que los trabajadores argentinos consideran que un buen ambiente laboral es el principal factor (64%) que contribuye al balance trabajo-vida personal.
Le siguieron, en orden de importancia, el crecimiento y la realización personal, el tiempo libre y el descanso, las modalidades de trabajo flexible, una carga de trabajo y expectativas razonables, un fácil acceso al trabajo, el apoyo social y familiar, el apoyo a la salud y el bienestar y un liderazgo con cultura colaborativa. Al analizar la importancia de estos factores por generación, el estudio de marcó que para la generación Z y los millennials el tiempo libre y el descanso ocupan el segundo lugar como drivers que contribuyen al balance trabajo-vida personal (45% frente a 39%). En tanto, para las generaciones mayores, ese espacio lo ocupa el crecimiento personal y la realización (52% frente a 43%).
Autoempleo y uberización
Un estudio presentado por la Universidad Católica Argentina (UCA) sobre el mercado de trabajo argentino mostró una estructura ocupacional crecientemente resquebrajada. Es decir, se explicó, que hay una mayor persistencia del autoempleo, un deterioro de la regulación laboral y transiciones segmentadas. La pauta de movilidad se ha vuelto más regresiva, con mayor protagonismo del sector microinformal de refugio, de la precarización y los bajos ingresos, definió la investigación desarrollada por el área de Pobreza, Condiciones de vida y Mercado de trabajo del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA.
El informe buscó comprender la desintegración laboral sin desempleo, con un patrón de crecimiento incapaz de articular demandas de empleo de calidad con la expansión de sectores productivos dinámicos. En este sentido, el caso argentino constituye una expresión de informalidad estructural, flexibilización creciente y deterioro remunerativo bajo condiciones de estancamiento. El trabajo analizó lo sucedido en esta área entre 2010 y 2025.
En este marco, se expresó que el período 2023-2025 presentó una especificidad propia: tanto el empleo asalariado registrado como el empleo registrado total tuvieron una dinámica inversa a la del PIB. Es decir que el trabajo cayó en la misma medida en que este se incrementó el Producto Bruto. Durante este lapso, tuvo lugar una fuerte fragmentación entre las ramas dinámicas y el desempeño de las actividades vinculadas al consumo interno, y rezagos salariales importantes en distintos sectores. Este comportamiento muestra que la recuperación del producto no garantiza, por sí misma, una recomposición equivalente del empleo formal.
Los datos de empleo del Indec publicados en junio detallaron que a nivel nacional prácticamente se mantuvo entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. Lo que más creció fue la subocupación y la subocupación demandante de empleo. Es decir, las personas que necesitan trabajar más horas para llegar a fin de mes. En conjunto, la estructura del mercado de trabajo argentino evidencia una forma de absorción laboral regresiva durante los últimos quince años: el empleo se expande o se sostiene en términos cuantitativos, pero con crecientes dificultades para traducirse en puestos del sector formal, productivos, regulados y mejor remunerados. En el período más reciente, el sector microinformal refuerza su papel como espacio de recepción y refugio como salida a la desocupación.
Es aquí donde entra el crecimiento de la informalidad ya que, por un lado, el empleo registrado paga poco -o al menos no lo suficiente para llegar a fin de mes- y, por el otro, la necesidad de un trabajo extra se hace con las llamadas changas. Así, algunos renuncian completamente para manejar un taxi a través de las aplicaciones de autos y otros suman ingresos vía delivery y tareas similares. La llamada uberización de la economía se ve en una creciente informalidad laboral que en parte y según los profesionales- ha sido avalada por la ley de modernización laboral. Es cada vez más común que los empleados que se despiden o no se reemplacen o se sustituyan con servicios a terceros que pueden facturar un fijo, pero siempre menor al del salario formal.