La felicidad en una bolsita de bombones
A los 9 años llegó a la Argentina con sus padres desde China; siguió alimentando a su millón de seguidores en Instagram a los que conquistó con sus recetas para chicos que no quieren comer
Se define emprendedora serial, dice que es una yeta con suerte y que cultiva el vasollenismo. Es seguramente eso lo que hizo que allá por 2020, embarazada de cinco meses de su tercer hijo, con Covid y a punto de ser intubada, con un pronóstico sombrío, sólo se le ocurriera pensar qué buena vida había tenido. Además de grabar tres videos: uno para su marido, otro para sus chicos -lo único que lamentaba era no poder verlos crecer- y un tercero para sus padres, agradeciéndoles y pidiéndoles perdón porque no iba a poder cuidarlos.
Pero Karina Gao emergió del coma, parió a su tercer hijo -que nació el mismo día que sus hermanos mellizos- , salió adelante con la misma garra con que hizo todo, desde que a los 9 años llegó a la Argentina con sus padres desde China; siguió alimentando a su millón de seguidores en Instagram a los que conquistó con sus recetas para chicos que no quieren comer, publicó un libro y, el año pasado, cumplió el sueño de su vida: abrir su propio restaurante. En todo eso prefiere centrarse ella, y no en el bullying que sufrió en el colegio, lidiando con un idioma que le era completamente desconocido, tanto como esa ciudad de la que no tenía ni idea; cuando le contó a un amigo en su Fuzhou natal que se iba a Buenos Aires, la respuesta fue: Eso queda donde el pájaro perdió el nido. Era así de lejos.
Cuando se le recuerda que en los duros comienzos en Buenos Aires tuvo que dormir sobre una cómoda que su padre encontró en la calle, se encoge de hombros y dice que por lo menos tenía algo sobre lo cual dormir, y que hay gente que está peor. En el estudio de Radio Cultura, frente al micrófono de Marianne en el aire y a punto de emprender una nueva aventura -la vuelta al mundo por un año con marido e hijos- escucha atenta la pregunta. ¿Qué es para vos una bolsita con cinco bombones?, y no duda en responder: La felicidad. Es lo que le pudo comprar su papá, haciendo reparto para un supermercado, con la propina de un peso que le dio una señora. La nena que fue jamás lo olvidó. A veces no hace falta más. La felicidad puede caber en un bombón.
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