La bandera más cara de la historia lo confirma: las Malvinas, son argentinas
El diario The Guardian publicó una columna de opinión que insta a negociar el tema Malvinas. El disparador fue el mundial y la inventiva argentina.
De las muchas hazañas, anécdotas y sucesos que se vivieron durante el Mundial de Fútbol 2026, uno es especialmente caro al sentimiento argentino y caro, en términos económicos, pero gozó de una gratuidad impensada en favor de la Argentina. Las Malvinas son argentinas, y la picardía es un elemento soberano de la cultura nacional
La victoria de la Selección Argentina frente a la inglesa trascendió ampliamente una cuestión meramente deportiva, por más imposturas que ensayen técnicos, funcionarios y periodistas, colegas que cambian de opinión más que Didier Deschamps de jugadores en la final de Qatar (*). Una demostración concreta fue la contundente opinión de Simon Jenkins, en The Guardian, que instó al gobierno británico para que se siente a negociar el tema Malvinas. No es mérito de la Cancillería argentina, es el resultado del resultado de la semifinal y esa bandera escrita con un profundo sentido soberano.
Los 7 minutos
La Selección de Argentina, revirtió la segura derrota frente a los ingleses, precisamente, en 7 minutos. Siete minutos, famosa novela de Irving Wallace, que cifra ese tiempo como el promedia que requiere una mujer para alcanzar el orgasmo. Justamente esa novela aborda temas muy vigentes durante este Mundial: la censura pretendida, la importancia de la auténtica libertad de expresión y la hipocresía. política y social. Demasiadas coincidencias.
Mirá vos, números impresionantes
Las estimaciones de rating ubican al partido de semifinal entre Argentina e Inglaterra en el fenómeno de mayor teleaudiencia en la historia, alcanzando picos en los que hubo más de Mil Cuatrocientas Noventa Millones de Personas viéndolo, en vivo, en simultáneo, a pesar de los diferentes husos horarios.
Sobrecogedor pensar que el 18% de la población mundial veía cómo Argentina (en futbol) derrotaba a Inglaterra, y conmovedor admitir que el 99% de esas personas se enteraron minutos después que existían las Islas Malvinas y que son argentinas. Difícilmente esa enorme cantidad de ciudadanos del mundo se hubiera enterado de los reclamos de Argentina por gestiones diplomáticas, por la ONU o por otras vías. Lo supieron gracias a la inventiva y osadía de hinchas argentinos, a la voluntad y coraje de un puñado de jugadores profesionales (principalmente de Giovani Lo Celso y de Lisandro "Licha" Martínez) y debido a la popularidad única que goza el fútbol en todo el Planeta
Es la economía, estúpidos
Aquél concepto tan rotundo de Clinton, hoy bien cabe en este asunto del Mundial, de la bandera que rezaba "Las Malvinas son Argentinas" y del fenomenal negocio del fútbol.
Ni el más cándido habitante futbolero encuentra razonable esa interrupción novedosa del tiempo de hidratación, asunto por el que Maradona ya había advertido. El objeto es generar otro espacio apto para "la tanda", para poder emitir avisos publicitarios. Bien. La cuenta más simple que proponemos aquí -certificada por las entidades que de ello se ocupan- es así: el valor del segundo publicitario, solamente desde la transmisión original, o sea, la que da cobertura en los países anfitriones, es de U$U 26.000.
La estimación mínima es que en cada uno de esos momentos de hidratación, en medio de cada tiempo, la recaudación es de tres millones ciento veinte mil dólares. Y esos cuatro minutos por partido son insignificantes frente a los entre tiempos, previas, aperturas, auspicios de jugadas. Si tiene una calculadora a mano y la envidia no es su pecado capital preferido, puede empezar a multiplicar. Ahora calcule cuánto hubiese debido pagar en publicidad un Estado Soberano para exhibir su reclamo ante la mirada de miles de millones de personas en todos los países del Globo. Por otro lado, no lo hubiese admitido el Comité Organizador.
Un gracioso plagio involuntario
Argentina le dijo al Mundo que las Malvinas son Argentinas, sin abonar el espacio publicitario, y obtuvo otro resultado inconmensurable. Y decimos Argentina, ninguna institución. Los medios convencionales, oficiales, de la orbe mundial, además de los particulares, influencers, comunicadores de ocasión, replicaron esa imagen y dieron su opinión. Aquella estrategia de Oliverio Toscani en favor de Benetton, que con unos pocos pesos y enorme creatividad consiguió escandalizar a todos con una inversión mínima, esta vez lo llevaron a cabo argentinos que tomaron un riesgo relativo para conquistar una hazaña que tal vez aún no se dimensiona.
Off side de Milei, amarilla para Monteoliva
La ministra de seguridad de la Nación, el día previo al partido entre Argentina e Inglaterra, paseó por todas las señales noticiosas advirtiendo las prohibiciones de ingresar al estadio con símbolos que pudieran afectar la paz en el partido. No eludió pronunciarse para que no hubiese exhibición del Mapa de Malvinas, situación irrefrenable. A esa innecesaria sobreactuación se sumó el presidente Milei, ya con el hecho consumado, refiriéndose al tema, evadiendo la intención de la pregunta y amonestando la actitud, aunque sin el histrionismo violento que lo caracteriza. Esta vez, ser más trumpista que Trump le jugó en contra. Primero fue el asesor del rubicundo presidente de Estados Unidos, Andrew Giuliani, a la vez Director Ejecutivo del estado norteamericano del Mundial 2026, quien se refirió al hecho, destrozando la timorata y concesiva postura de Javier Milei, aludiendo nada más y nada menos que a la Primera Enmienda, ley sagrada del gendarme mundial: la Libertad de Expresión está por sobre cualquier estatuto y pretensión. Como remate para quienes se ufanan de ser liberales pero no terminan de asimilar el profundo concepto, fue el propio inimputable Donald Trump quien se manifestó avalando a los jóvenes futbolistas y apoyando el gesto, no el tema de fondo. Amarilla para Monteoliva.
Un trapo en tela de juicio
Otra vez es el fútbol quien consigue lo que desde la dirigencia política no logran conectar: el espíritu colectivo. Incluyendo críticas, reproches, posturas divergentes, opiniones antagónicas, el fenómeno Selección Nacional obtiene resultados adentro y afuera del campo de juego, encomiables. Con un líder contingente, como es el caso de Scaloni, con un ídolo en su etapa de despedida, Messi; con un grupo de exiliados voluntarios; con una Asociación de Fútbol, con sus principales autoridades cuestionadas e imputas por el Poder Judicial, se ha logrado llegar hasta aquí, y con ese desempeño, el mejor del Mundo, es un signo de esperanza, por un lado, y de gran frustración, por el otro. ¡Cómo no vamos a poder establecer acuerdos mínimos! ¡Cómo vamos a persistir en la destrucción de las capacidades propias! ¡Cómo vamos a admitir que personajes ocasionales que ocupan lugares preeminentes en el Estado Nacional, digan que el problema de la Argentina son (somos) los argentinos ! tal como dijo Demian Reidel, sí, el mismo que dilapidó dineros públicos en asuntos licenciosos privados.
Tentación
Cuando desde presidencia de la Nación anunciaron que la intención era permitir que el plantel y el cuerpo técnico de la Selección ocupara la Casa Rosada, para celebrar el enorme desempeño, sin la intervención de actuales mandatarios y funcionarios, a más de uno se le coló por el pensamiento, también una idea irreverente, tanto como cabecear con las manos, la tentación de ofrecerles que si van a la Rosada, se queden ahí, hasta el mundial que viene
(*) El técnico del seleccionado galo, en la final de Qatar 2022 frente a Argentina realizó 7 cambios.