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Economía
Clarin hace 12 horas 6 min de lectura

La macro es la sumatoria de la micro

La deuda argentina no es solamente una cifra que se acumula en los informes oficiales o en los vencimientos del calendario. Es una forma de condicionamiento político.El Banco Central planteó para 2026 una estrategia de remonetización y compra de divi

La macro es la sumatoria de la micro
Foto: Clarin

La economía argentina vuelve a pararse frente a una escena conocida: los números grandes empiezan a mostrar cierto orden, pero la vida de todos los días todavía no termina de sentir alivio.

La deuda sigue siendo el telón de fondo, las reservas del Banco Central son la obsesión del programa económico y la microeconomía el changuito, la cuenta del almacén, el crédito que no aparece, la pyme que duda antes de contratar es el territorio donde se define si el rumbo se convierte en estabilidad o queda apenas como una planilla prolija.

La deuda argentina no es solamente una cifra que se acumula en los informes oficiales o en los vencimientos del calendario. Es una forma de condicionamiento político. Cada pago que se acerca obliga a mirar el mercado, a negociar con acreedores, a cuidar el riesgo país (que está cerca de quebrar la barrera psicológica de los 400 puntos, pero así y todo es el doble que el de Brasil) y a administrar expectativas.

El problema no es únicamente cuánto se debe, sino cómo se consigue que el país vuelva a refinanciarse sin vivir pendiente de la próxima licitación, del próximo desembolso o del próximo movimiento del dólar, aunque este último parece estar relativamente encorsetado.

Por eso la acumulación de reservas aparece como una condición necesaria. El Banco Central planteó para 2026 una estrategia de remonetización y compra de divisas (ya sumó US$ 12.000 millones cuando el objetivo anual era de US$ 10.000 millones) compatible con la baja de la inflación y la estabilidad financiera.

En los papeles, el objetivo es claro: recomponer el balance externo, fortalecer la liquidez y ganar credibilidad. Pero en la Argentina las reservas no son solo dólares guardados, sino confianza acumulada. Y la confianza, como se sabe, tarda años en construirse y puede evaporarse rápido. Por eso el trabajo del Ministerio de Economía es ir paso a paso.

El punto crítico es la microeconomía. La macro puede celebrar que baja la inflación mensual, que el dólar se mantiene dentro de un esquema previsible o que el Banco Central compra divisas. Pero si el salario corre desde atrás, si el consumo se achica, si el comerciante vende menos y si el crédito sigue caro o escaso, la estabilización se percibe como una promesa lejana. En la calle no se discute la base monetaria: se discute si alcanza para pagar el alquiler, reponer el stock o cambiar el televisor.

Ahí está la tensión de fondo. Para acumular reservas, hay que comprar dólares sin desordenar la cantidad de pesos. Para pagar deuda hay que sostener el superávit, el acceso al financiamiento o ambas cosas. Para que la economía crezca, hay que devolverle aire al sector privado. Y para que la sociedad acompañe, la mejora tiene que bajar de los logros macro a la mesa familiar. Si alguna de esas piezas falla, el programa puede mostrar disciplina, pero no necesariamente construir bienestar para todos. Obvio que es difícil, de hecho, nunca el bienestar es para todos.

La Argentina ya aprendió que no alcanza con ordenar la macro por decreto ni en confiar que los mercados harán el resto. Pero también aprendió que sin cuentas públicas consistentes no hay estabilidad duradera. El desafío es evitar que el péndulo vuelva a moverse entre el facilismo fiscal y el ajuste sin horizonte. La deuda exige seriedad; las reservas, paciencia; la microeconomía, sensibilidad. Gobernar la economía es atender las tres cosas a la vez.

El verdadero examen no será sólo cuántos dólares acumule el Banco Central ni cuántos puntos baje la inflación. También si esa estabilidad empieza a traducirse en inversión, empleo, crédito y consumo sostenible.

La economía argentina necesita reservas para defenderse, deuda administrable para no vivir al borde del abismo y una microeconomía que deje de ser la variable de ajuste. Si la macro ordena, pero la micro no respira, la recuperación será estadística; si ambas empiezan a caminar juntas, tal vez esta vez la estabilidad deje de ser una excepción y empiece a parecerse a un país normal.

La Argentina de Milei ordenó la macro y hay éxitos en ese punto. Solo a modo de enumeración se puede resaltar que la inflación bajó, la deuda se paga, el superávit está (el resultado de junio tuvo déficit, pero fue inusual por la postergación del pago de Ganancias y los compromisos de pagos de aguinaldos del sector público), las reservas comenzaron a acumularse, los subsidios se limitaron y las tarifas son más reales que las que se pagaron durante años en el país.

A esto se suman desregulaciones y leyes que se siguen festejando en el mercado como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), o la apuesta por Vaca Muerta como política de Estado. También está del lado de los aciertos el impulso al desarrollo de la minería.

La micro, como contrapartida, tiene dos caras, al menos para la clase media. Por un lado, una parte de la sociedad tiene mayor acceso a vacaciones en el exterior, a colmar recitales y restaurantes, y otra parte que antes llegaba a fin de mes, hoy recorta gastos y tampoco llega.

En la economía hay una frase que dice que una torta se observa o se come. En otras palabras, el camino que se toma no puede dejar conformes a todos. En el Gobierno lo saben, pero están convencidos de que la decisión tomada es la correcta.

Además de una parte de la clase media y de los jubilados, la industria tradicional y las pymes industriales son los más castigadas por el modelo. Los miles de puestos de trabajo que se pierden por mes son un indicador realista. En el Gobierno también lo saben y la respuesta es que en la Argentina el que no es competitivo tiene que lograrlo para no cerrar la persiana.

La macro es la sumatoria de la micro. Esto no quiere decir que a todas las empresas les tenga que ir bien. Hay un nuevo modelo, basado en la inversión y competencia, y el que no se adapta, corre el riesgo de quedar en el camino, dicen en Economía.

Se terminó la Argentina donde los ciudadanos subsidian a las empresas ineficientes, debiendo pagar por un bien 3 o 4 veces lo que vale en cualquier otro país. La transición está siendo ordenada, por eso la economía crece. Si no fuera así, estaríamos en una megarecesión, sostienen.

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