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Economía
Clarin hace 13 horas 3 min de lectura

La enfermedad argentina no es la "enfermedad holandesa"

El atraso cambiario a lo largo de las administraciones no fue porque sobraran dólares, sino para bajar la inflación.

La enfermedad argentina no es la "enfermedad holandesa"
Foto: Clarin

A comienzos de los años 1980, el economista australiano Max Corden propuso un modelo para explicar la enfermedad holandesa.

La dolencia es resultado de un efecto vía el mercado de trabajo y otro a través del exceso de demanda de no comerciables.

La apreciación cambiaria resulta, por un lado, del aumento de salarios en moneda internacional en el nuevo sector comerciable de alta productividad, que se extiende a todo el mercado de trabajo y empuja al alza los precios en esa moneda.

Por otro lado, también contribuye a la apreciación el vuelco de la demanda hacia sectores no comerciables causado por el aumento de los comerciables. El exceso de demanda induce el aumento de los no comerciables.

Nuestra experiencia muestra la escasa significación del primer efecto: en abril del año en curso, el RIPTE y el salario privado formal en dólares corrientes resultaban prácticamente iguales a los valores de noviembre de 2023, último mes del gobierno de Fernández, antes de la asunción de Milei y la maxi devaluación.

En cambio, con respecto al segundo efecto, sí se verifica un incremento del precio relativo y del precio en dólares de los no comerciables. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el IPC se multiplicó por 4,12, los servicios privados por 5,16, los servicios públicos por 6,62 y los servicios como agregado por 5,54.

¿Es el aumento del precio relativo de los no comerciables consecuencia de un exceso de demanda? No parece. Tomemos como indicador la actividad de Comercio y Reparaciones. El PBI a precios constantes y desestacionalizado de este sector es en el primer trimestre de 2026 un 3% inferior a su equivalente de 2023 (desestacionalización de Equilibra).

Para evitar el problema de la estacionalidad consideremos el año que finaliza en el primer trimestre de 2026. La comparación con el año que finaliza en el tercer trimestre de 2023 muestra una caída de 4,1%.

Nuestro atraso cambiario no es resultado de la enfermedad holandesa sino de la política cambiaria que se ha venido ejercitando para reducir la inflación, como se hizo tantas veces en nuestro país.

Carlos Rodriguez fundamentó en 1979 la enfermedad holandesa con el salto de la productividad agropecuaria que habría ocurrido con la introducción de soja sobre trigo desde la campaña 1975-76. En la Convertibilidad, los fundamentos fueron las privatizaciones y las reformas estructurales. No fue así en el caso de Cristina Fernández, con Mercedes Marco del Pont en el Banco Central. En esta oportunidad el atraso cambiario fue ideológico y político, pero nadie argumentó que sobraban dólares. Terminó en control de cambios para evitar un nuevo default. En la fase inicial de Macri, el atraso cambiario sorprendió al gobierno y puso en marcha la crisis que dio paso al gobierno de los Fernandez.

El fenómeno de una enfermedad holandesa que se espera pero no ocurre podría llamarse la enfermedad argentina.

(El autor agradece la colaboración de Lorenzo Sigaut Gravina).

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