Más que un partido de fútbol
El partido entre Argentina e Inglaterra fue el mejor jugado hasta aquí por el equipo nacional durante todo el campeonato. Tuvo un desempeño incomparable, yendo de menor a mayor, logrando los goles en la parte final del juego. Presenciamos una Selección Argentina pura garra, convicción y entrega. Un equipo con gran talento para superar la adversidad, puro corazón. En este escenario, Lionel Messi ha adquirido la estirpe de un gigante. Estamos, sin dudas, ante la mejor Selección de su tiempo.
Pero Inglaterra vs. Argentina no fue solo un partido de fútbol. Excedió lo estrictamente deportivo. Lo expresó después del encuentro el mismo Messi: si bien habíamos dicho antes de empezar que era solo un partido de fútbol, en el Himno empezamos a sentir cosas diferentes, especiales, sin dejar de lado que era un partido de fútbol, creo que ninguno de nosotros queríamos perder y que la gente de Argentina no quería perder contra Inglaterra. También afirmó: poder regalarle esta alegría a la gente, sabemos que los mundiales son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar, que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo o que no llega a fin de mes, que la vive peleando, que es la vida nuestra, la que nos tocó siempre, y, nada, poder regalarles esta alegría a ellos.
Desde la fuerza con la que se cantó el Himno hasta el despliegue final de la bandera con la consigna Las Malvinas son argentinas, el encuentro movilizó un fuerte sentimiento nacional. Ello se expresó también en los miles que festejaron luego en las calles de las ciudades y pueblos de todo el país. Una épica contenida estalló en la piel emocionada de un pueblo necesitado de vivir una alegría en un contexto bastante desolador.
El canto el que no salta es un inglés, además de explotar en las tribunas, se generalizó en cada uno de los lugares donde hubo festejos. Nada raro: está todos los fines de semana en las canchas del fútbol argentino.
Los triunfos de la Selección Argentina no son una casualidad. Obedecen a un proceso social y cultural de larga data. Entre muchos otros factores, es necesario tomar dimensión de la importancia de los clubes de barrio en la formación en valores y en el desempeño deportivo de nuestros jóvenes.
Es también una buena oportunidad para seguir discutiendo acerca de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). El objetivo de éstas va en contra de la idea de los clubes de barrio, instituciones sociales actualmente muy afectadas por la crisis y el aumento de las tarifas de los servicios públicos. Por allí circulan valores como, por ejemplo, el esfuerzo, la perseverancia, la entrega y la apuesta por lo colectivo, atributos centrales del actual seleccionado argentino. Por el contrario, las SAD son entidades comerciales con fines de lucro que no están preocupadas por la construcción de comunidad ni por la inclusión social de los jóvenes.
Volviendo al partido del miércoles, finalmente, la aparición de la bandera con la inscripción Las Malvinas son argentinas fue espectacular. Los jugadores no pudieron sustraerse a la toma de posición sobre el tema y se las ingeniaron para desplegar la consigna más allá de la prohibición del gobierno argentino y de la posición de la FIFA.
No se trató de una ocurrencia de dos o tres jugadores. Estuvieron casi todos. No importa si lo tenían pensado o lo improvisaron en el momento, pero esa imagen de la bandera y los jugadores saltando y cantando alrededor de ella me parece que es uno de los saldos más positivos que nos deja este Mundial como enseñanza. De algún modo, marcan un camino para toda la sociedad argentina.
En paralelo, el gobierno nacional no pudo tratar el jueves el proyecto de ley de Inviolabilidad de la propiedad privada en el Senado porque no contó con los votos necesarios. La iniciativa del oficialismo intenta suprimir las restricciones para que empresarios extranjeros puedan comprar tierras rurales sin límites, modificando la Ley N° 26.737, denominada oficialmente Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales sancionada en diciembre de 2011; el actual proyecto del oficialismo autoriza desalojos y termina con las protecciones a los bosques nativos y las tierras arrasadas por el fuego.
Mientras los jugadores de la Selección, en la cancha, y el pueblo, en las calles en toda la Argentina, reivindicaron la soberanía sobre las Islas Malvinas, el gobierno intenta sancionar una ley que extranjeriza el territorio nacional. Está claro cuál es el camino a seguir.
*Presidente del Partido Solidario.