Literatura y alergia
¿Cuál es el tiempo de la espera? ¿Y el de la espera activa?
Saldo deudas con Témoins du futur, de Pierre Bouretz. Deudas que se saldan como un choque, no como una articulación, un consenso. El choque entre la noción de impase y la filosofía del mesianismo. Bouretz comienza su libro con una frase brutal y a la vez cierta, tan cierta: El siglo XX (): un cementerio del futuro. Es la paradoja del choque frontal entre el futuro y el impasse. Se hace necesario entonces detenernos en la cuestión de la temporalidad. ¿Cuál es el tiempo de la espera? ¿Y el de la espera activa? Es decir, ¿cuál es el tiempo de la paradoja? Porque ese tiempo paradójico como forma de desarticular la sintaxis dominante, la lengua sin atributos del mal, la lengua burocrática de la crueldad; ese tiempo paradójico, entonces, es el tiempo de la espera activa, el tiempo de la espera activa de la justicia radical. Ese tiempo, pues, aquí y ahora, entre nosotros, es el tiempo del impasse. ¿Será por eso que la frase de Kafka ¿Hay esperanzas, pero no para nosotros me resultó siempre de un optimismo insoportable?
Ahora recuerdo otra frase de Kafka: Leopardos irrumpen en el templo y beben hasta vaciar los cántaros del sacrificio. La escena se repite una y otra vez hasta que puede predecirse con antelación. Entonces se la incluye como parte de la ceremonia. Es interesante esta frase de Kafka, porque plantea uno de los temas menos investigados de su obra: la repetición como gesto vanguardista. Como es sabido, el autor favorito de Kafka era Flaubert y el de Flaubert, Sade. Esa genealogía, también poco analizada, nos informa sobre buena parte de los principios literarios de la modernidad. Si se lee con atención las principales novelas de Sade se verá que, en el fondo, el esquema de la repetición guía la narración. Sin exagerar, puede decirse que su obra se reduce a una única gran escena (una chica a los que se le enseña los placeres del sexo) repetida una y otra vez hasta el cansancio. Incluso La filosofía en el tocador, si se le saca su excursus político (el manifiesto ultrarevolucionario Franceses, un esfuerzo más, si quieren ser republicanos) responde a ese modelo. En Flaubert es aún más evidente. ¿Cómo está estructurado Bouvard y Pécuchet? Ellos aprenden un saber (la agrimensura, etc.), intentan aplicarlo a su vida cotidiana, fracasan en el intento, le echan la culpa al libro y no a sí mismos, prueban con otro saber, vuelven a fracasar y así hasta el final. Hasta el final inconcluso. Se dirá: inconcluso porque Flaubert murió sin llegar a terminar la novela. Error: ocurre que cuando una narración procede bajo el modelo de la repetición, no puede haber desenlace posible. Simplemente, en un punto dado, de manera arbitraria, en la repetición número 27, el autor decide terminar el libro. Y en ese gesto, el autor termina con buena parte de los lugares comunes de la literatura moderna; termina con la trivialidad de que debe haber tramas ascendentes, tramas arquitecturales, personajes bien construidos, discursos argumentados, diálogos estructurados, obras completas. Por supuesto que la palabra termina es una ilusión: ese tipo de literatura reaparece una y otra vez como el retorno de los muertos vivos, como la repetición que no repite nada. Reaparece como reaparece la alergia en primavera: como el efecto no deseado de una época maravillosa: la época en que aún existía la literatura.