Ocurrencias: fútbol, hinchas y cotorras | El Dia
En Madrid se la agarraron con unas cotorras argentas muy barulleras, fieles embajadoras de un país palabrero. Y después del Covid, dicen los madrileños, se han vuelto más chismosas que nunca. Volaron para allá en plena campaña de hace cinco años en b
En Madrid se la agarraron con unas cotorras argentas muy barulleras, fieles embajadoras de un país palabrero. Y después del Covid, dicen los madrileños, se han vuelto más chismosas que nunca. Volaron para allá en plena campaña de hace cinco años en busca de mejores oportunidades. Y llevaron en su memoria la parla ensordecedora de encuestadores y candidatos. Algunas siguieron aquí, pero las que partieron, por añoranza o por lo que sea, se han convertido en unas chismosas gritonas que han terminado asustando a un pajarerío hispano que se siente invadido por estas intrusas que les roban silencio y comida. Como los españoles las rechazan, la campaña de aniquilación sigue en vigencia. Y la nota que da el diario El Pais, justamente en la edición de ayer, sostiene que han tenido que recurrir a la carabina de aire comprimido para hacer callar a estas invasoras que encima no se plegaron a ningún control de la natalidad y se reproducen a lo loco. El plan sería matar a las más parlanchinas para que las sobrevivientes reaprendan a convivir quietitas y en voz baja. Pero este cotorrerío, inspirado quizá en Scaloni, no se entregará fácilmente. Y hasta sus métodos de subsistencia parecen replicar la Selección: Es un animal dice un exterminador oficial- tan listo, que capturas el primer día y ya se aprenden las trampas, por lo que no vuelven a entrar en los siguientes días a ese lugar. Y no hay VAR que las ubique en posición prohibida.
El partido de esta tarde pondrá a prueba un tironeo que hasta ahora no fue necesario enfrentar
Ese informe periodístico de ayer aporta una mirada crítica sobre estas conversadoras que vienen aturdiendo a la capital española desde hace un lustro. Pero resulta sugestivo que a esta advertencia la hayan publicado 24 horas antes de la gran final. Aunque no hay pruebas, el plan anticotorras quizá sea una manera de ir abriendo el paraguas y reclamando controles por si Messi alza la copa otra vez y bandadas de argentinos salen a festejar ruidosamente en Madrid, teniendo como aliadas a este bicherío chillón.
La nota dice que el Ayuntamiento de Madrid mató a 1.191 cotorras a tiros y ha capturado 17.143, reduciendo la población de estas aves invasoras de 13.000 a 10.000 ejemplares. Uno de los aspectos más controvertidos de la campaña fue el uso de carabinas de aire comprimido para abatir ejemplares.
Las cotorras argentinas quizá hablen constantemente para que sus compatriotas se encariñen con ese murmullo
Da que pensar este informe tan detallado a 24 horas del súper encuentro, aunque su revelación acabe añadiéndole más rasgos singulares a este gran partido. Es la única final de un Mundial donde los protagonistas hablan un solo idioma. Veremos peleas de fondo entre jugadores de las dos selecciones que comparten equipo durante casi cuatro años pero que a lo largo de este mes dejan de ser compañeros para ser encarnizados adversarios. Por eso la colonia argentina se debatirá entre estos dos amores en cancha visitante. Y de alguna forma, acabaran sintiéndose algo infieles, cualquiera sea la preferencia. Los que viven allí desde hace mucho han ido perdiendo lenguaje y modos lejanos, pero seguramente nunca dejaron de ser hinchas de los equipos que eligieron cuando eran chicos. Por eso esta vez, con hijos y nietos españoles, algunos pueden pensar que no son del todo leales ni a su pasado ni a su presente. Pero gracias al fútbol, serán infieles autorizados que continuarán siendo hinchas sufridos y seguidores que mirarán extasiados un partido con el alma un poco repartida pero siempre apegada a lo que dejaron atrás.
Las cotorrras, sin duda, son migrantes indeseables acostumbrados a que les saquen tarjeta roja, pero no se van a retirar del campo de juego. Quizá hablen constantemente para que sus compatriotas se encariñen con ese murmullo. El partido de esta tarde, más que ningún otro, pondrá a prueba un tironeo que hasta ahora no fue necesario enfrentar. El Himno, el color de las camisetas, algunos recuerdos, los cantitos de la hinchada, todo remite a esa nostalgia, tenue pero invencible, que estallará cuando entren a la cancha los jugadores, esos intermediarios entre nuestra alegría y el destino.
Por supuesto, en casa ajena, habrá que moderar festejos a la sombra de un partido que los obligará a ir y volver por los recuerdos, un embeleso que a muchos se gane o se pierda- los llevará otra vez en vuelo instantáneo hacia la lejana infancia.