La Matemática, ese cuco que delata las deudas de la enseñanza | El Dia
Especialistas, docentes y funcionarios coinciden en que revertir la tendencia exige estrategias que van más allá de las aulas
Después de haber instalado a la alfabetización como una prioridad educativa, los ministros de Educación de las 24 jurisdicciones del país avanzaron este año en un nuevo objetivo común: mejorar los aprendizajes en Matemática, la materia que desde hace más de una década concentra los resultados más magros en las evaluaciones nacionales e internacionales. Elevar el desempeño en esa asignatura aparece hoy como una de las principales prioridades del sistema educativo, especialmente después de que los tests nacionales e internacionales volvieran a mostrar las dificultades que enfrentan los estudiantes argentinos en esa área.
El Compromiso Federal por la Matemática plasmó el acuerdo pedagógico interjurisdiccional. Aprobado por el Consejo Federal de Educación, establece lineamientos comunes para todo el país y, al mismo tiempo, deja en manos de cada provincia el diseño de un plan jurisdiccional propio, adaptado a sus necesidades y diagnósticos. La iniciativa busca replicar el esquema implementado en 2024 con el Plan Nacional de Alfabetización. En ese contexto, la provincia de Buenos Aires puso en marcha una serie de estrategias que combinan más tiempo de enseñanza, evaluaciones diagnósticas, capacitación docente y acompañamiento pedagógico, con el objetivo de fortalecer los aprendizajes desde la escuela primaria y consolidar las bases para el ingreso al secundario.
Los primeros indicios de ese trabajo comenzaron a reflejarse en los resultados de las Pruebas Aprender 25. En el ámbito nacional, el porcentaje de alumnos de sexto grado de primaria con desempeños satisfactorios o avanzados en Matemática pasó del 51,5% en 2023 al 55% en 2025, mientras que en Lengua el incremento fue de 66,4% a 76,9%.
En la provincia de Buenos Aires la mejora fue incluso superior al promedio nacional. Según los datos oficiales, el 56,3% de los estudiantes alcanzó niveles satisfactorios o avanzados en Matemática, lo que representa un crecimiento de 4,7 puntos porcentuales respecto de la evaluación de 2023. Desde la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense destacaron que, pese a concentrar la mayor matrícula del país, la Provincia logró ubicarse por encima del promedio nacional y registró una de las mejoras más importantes en el puntaje medio, y lo vincularon con los logros del Plan Jurisdiccional de Matemática.
De todos modos, el desafío sigue siendo enorme. Un informe reciente de Argentinos por la Educación, basado en el análisis de ejercicios liberados de la prueba PISA de Matemática, muestra la magnitud de las dificultades que aún persisten. El estudio revela que solo uno de cada cuatro estudiantes argentinos de 15 años puede resolver correctamente un ejercicio de regla de tres simple, una habilidad considerada básica para la vida cotidiana y para el desarrollo de aprendizajes más complejos.
Con tres décadas de experiencia enseñando Matemática tanto en escuelas como en clases particulares, en un recorrido que lo llevó a acompañar a varias generaciones de estudiantes, desde padres hasta sus hijos, el platense Héctor Occari sostiene que el deterioro del aprendizaje responde a una combinación de factores que excede el aula.
A su juicio, uno de los cambios más profundos se produjo en el vínculo entre las familias y la escuela. Antes los padres seguían de cerca lo que hacían sus hijos, preguntaban si habían estudiado y acompañaban el proceso. Hoy eso ocurre mucho menos y, cuando aparecen dificultades, suele buscarse la responsabilidad fuera del hogar, observa.
El docente también considera que las transformaciones en los sistemas de evaluación fueron debilitando la cultura del esfuerzo. Recuerda que primero comenzaron a relativizarse las calificaciones tradicionales para evitar la estigmatización de los alumnos con bajo rendimiento y que, tras la pandemia, ese proceso se profundizó con esquemas de acreditación como alcanzó o en proceso. Señala que se reforzó el acompañamiento, pero muchas veces se perdió una referencia clara del mérito y del esfuerzo individual.
Aprobar no es aprender
Según su experiencia, esa lógica terminó por instalar una confusión entre aprobar y aprender. No se reconoce de la misma manera al estudiante que trabaja y se esfuerza. Todo parece orientado a contener a quien tiene más dificultades, pero cada vez se valora menos el mérito, afirma.
El profesor advierte sobre un cambio de actitud frente al estudio, favorecido por la disponibilidad permanente de información. Se instaló esa idea de lo sé, pero no me acuerdo. En realidad, muchas veces significa que el alumno entendió la explicación, pero nunca estudió ni consolidó ese conocimiento, explica. Se trata de una percepción que afloró asimismo en los espacios de evaluación que realiza con sus propios cursos. Al finalizar cada cuatrimestre suele reunirse con los estudiantes para revisar el funcionamiento de las clases. En los últimos años me encontré con una respuesta que antes no era habitual: me dicen que las clases están bien, que el problema es que ellos mismos no tienen ganas de hacer las cosas. Esa sinceridad también habla de un cambio de época, concluye.
Las provincias firmaron un Compromiso Federal por la Matemática
Quien también observa a diario esa realidad es Luna Giusti, que desde 2020 dicta clases de apoyo escolar y prepara alumnos para exámenes de Matemática. A partir de su experiencia con estudiantes de distintos niveles, sostiene que el aumento de chicos que se llevan la materia responde a una combinación de factores pedagógicos, sociales y familiares. Estos temas son, literalmente, los que hablamos todo el tiempo con mis compañeras y colegas, afirma, antes de señalar el que considera el principal problema: la pérdida progresiva de los aprendizajes básicos. La matemática es correlativa. No puede aprenderse de forma aislada. Es muy complicado aprender la matemática de cuarto año si no entendiste la de tercero, la de segundo y la de primero. Todo el tiempo estás usando contenidos de años anteriores para resolver los temas nuevos, explica.
Según Giusti, esa falta de bases sólidas se hace cada vez más evidente. Los chicos vienen con una base peor. Las fracciones, por ejemplo, les cuestan muchísimo. Y muchas veces también cuesta explicarlas porque no logran relacionar lo material con las cuentas. Entonces terminan viendo fracciones en primaria, después en primero de secundaria, en segundo... una y otra vez. Y eso pasa con muchos temas. A su entender, la consecuencia es que los docentes quedan atrapados entre dos alternativas, ambas con costos importantes. A veces pierde el sentido avanzar en los contenidos del año si no pudieron aprender algo básico. Es difícil enseñar algo más avanzado a chicos que no entienden cómo resolver una ecuación, una suma de fracciones o cálculos combinados, porque después todo eso se aplica en los contenidos nuevos.
Sólo uno de cada cuatro estudiantes de 15 años puede resolver un ejercicio de regla de tres
Algunos profesores optan por seguir avanzando y el resultado es que muchos chicos desaprueban. Otros prefieren volver sobre los temas anteriores una y otra vez para intentar consolidarlos. Es una situación muy difícil, resume Giusti, que también pone el foco en las condiciones en las que hoy se enseña. El aprendizaje es súper individual. Tener un curso de 30 chicos, donde cada persona es un mundo y trae problemas, angustias y situaciones diferentes, hace muy complejo acompañar los tiempos de cada uno, sostiene.
A ese escenario suma el impacto del uso de las nuevas tecnologías. Veo otra problemática muy clara: el mal uso de la tecnología. Muchos chicos usan la inteligencia artificial para hacer los trabajos prácticos y sacárselos de encima. Eso no implica aprendizaje.
La estrategia provincial se apoya en un sistema de seguimiento permanente de los aprendizajes. El Plan Jurisdiccional se centra, durante el primer ciclo, en la consolidación de los números naturales, la geometría, la medida y las nociones espaciales; y en el segundo ciclo, especialmente entre cuarto y sexto año, en contenidos como las fracciones y los números racionales. También contempla una articulación específica con el nivel secundario.
Giusti advierte además sobre otro fenómeno que observa con frecuencia. Hay cada vez menos tolerancia a la frustración. Lo hablamos mucho entre los profesores. A muchos chicos les cuesta aceptar que les salga mal un ejercicio o equivocarse. Y es muy difícil aprender si uno no puede aceptar ese error, analizarlo y volver a intentarlo, porque precisamente ésa es la mejor forma de aprender. Finalmente, considera que la actitud de las familias también influye en el proceso. Muchas veces los padres viven una mala nota como un fracaso, y para los chicos eso representa un peso enorme. Pero equivocarse es parte del aprendizaje. El problema es cuando ese error se transforma en miedo y deja de ser una oportunidad para seguir aprendiendo.
El consejo final de Giusti está dirigido tanto a los estudiantes como a las familias. Que no bajen los brazos, que no se rindan. Es difícil, pero no imposible. Todos los chicos tienen su propio tiempo de aprendizaje y que algo cueste más no define sus capacidades. Los padres tienen un papel muy importante para marcar responsabilidades y transmitir la importancia del aprendizaje. Los chicos necesitan entender desde pequeños que desarrollar la cabeza, dedicar tiempo al estudio y sostener el esfuerzo también forman parte de la vida.