Boom de nuevos consumos para animales de compañía en La Plata | El Dia
La forma de convivir con perros y gatos cambió profundamente en los últimos años. Alimentación premium, estética especializada y el acompañamiento profesional crecieron al ritmo de un vínculo cada vez más estrecho. Especialistas destacan una mayor co
Hace tiempo que el alimento balanceado y una visita ocasional al veterinario dejaron de ser los únicos gastos destinados a perros y gatos. Hoy, quienes conviven con animales de compañía consultan a etólogos, buscan alimentos con mayor contenido proteico, incorporan suplementos nutricionales a la dieta, invierten en rascadores de varios pisos, contratan peluquerías con servicios personalizados, adquieren ropa para el invierno o el Mundial y hasta reservan turnos en verdaderos spa caninos.
El fenómeno no responde únicamente a una moda. Detrás de ese cambio aparecen transformaciones sociales, culturales y demográficas que alteraron el lugar que ocupan los animales en nuestro cotidiano y la forma en que las familias interpretan su bienestar. En esta realidad nueva el mercado acompaña la demanda, pero los especialistas invitan a reflexionar sobre un aspecto central: mejorar la calidad de vida de un perro o de un gato no significa tratarlos como si fueran personas, ni proyectar sobre ellos expectativas humanas .
El vínculo entre personas y mascotas cambió mucho estos últimos 20 años, no sólo en la medicina veterinaria sino también en tratar de complacerlos al igual que complacemos a una pareja o un hijo, donde en muchos casos toma un papel casi similar, explica el médico veterinario y etólogo Jesús Bianchi Tarquino.
LOS VÍNCULOS SE HAN HECHO MÁS FUERTES
Para este experto en comportamiento animal, la diferencia con otros tiempos es evidente. Los vínculos se han hecho más fuertes. Las mascotas han ocupado espacio en nuestros corazones, lo cual nos lleva a querer complacerlos; a veces bien y a veces mal. El cambio más importante registrado es que sí, cada vez se gasta más plata en ellos con productos y servicios que en otras generaciones hubiera sido impensado.
A ese fenómeno se suma una mayor preocupación por la salud. Hay también más atenciones médicas, ya que optamos por cuidar de su salud como si fuera la de un integrante humano de la familia y entendemos que a veces sufren, lo cual nos lleva a tener actitudes más responsables con cada uno, agrega.
Bianchi Tarquino considera que, detrás de ese proceso, también hubo una mayor difusión del concepto de bienestar animal. Hay mayor conciencia del bienestar animal, o por lo menos lo vemos más. Desde el Comité Brambell, en 1965, ya se hablaba de cuáles debían ser las condiciones mínimas para una buena vida, pero ese concepto llegó mucho más recientemente al público en general. Hoy pasamos a ser nosotros, las familias, los guardianes de esos animales.
Sin embargo, el etólogo marca un límite entre procurar bienestar y humanizar. Esto ya es otra cosa, aclara, normalmente lo llamamos antropocentrismo y es creer que los animales ven al mundo igual que nosotros o sienten lo mismo que sentimos nosotros por los estímulos del mundo.
Esa mirada, explica, suele generar falsas expectativas. No todos los animales responden de la misma forma sólo por su especie o raza. Muchas veces pretendemos que un perro se comporte igual que el anterior que tuvimos o esperamos determinadas respuestas sólo porque pertenece a cierta raza. Y advierte que esas interpretaciones pueden terminar afectando la convivencia cotidiana. Las peores consecuencias pueden ser las agresiones a los tutores por la mala interpretación de los mensajes de ambos lados, lo que muchas veces genera decepción y abandono.
Todos estos cambios también se perciben detrás del mostrador. Juan trabaja en un pet shop de las inmediaciones de Plaza Paso que, más que un comercio tradicional, parece una boutique para animales de compañía. Entre góndolas repletas de alimentos premium, suplementos, ropa, juguetes y accesorios, funciona además un spa canino. En estos días mundialistas, todo el ambiente luce decorado de celeste y blanco.
Desde allí observa una transformación que, asegura, se aceleró después de la pandemia.
Desde aquellos días de confinamiento las mascotas comenzaron a formar parte de la familia desde otro lugar. Antes era común que el perro durmiera afuera, difícilmente comiera un alimento con los nutrientes proporcionales a lo que una buena alimentación requiere. Hoy se ve al mundo desde otra perspectiva, reflexiona.
MÁS PAREJAS BUSCAN UN APOYO EMOCIONAL
En esta línea, considera que la caída de la natalidad también incidió en ese cambio cultural. Las parejas incorporan cada vez más un animal como apoyo emocional. La realidad está difícil, se nota mucho la baja del consumo, pero se escatima poco si se trata de las mascotas, porque es un gasto emocional.
Aunque el bolsillo obliga a elegir, las prioridades no cambian. Nuestros clientes evalúan más la calidad que la diferencia en el precio, porque esa diferencia la compensan con un alfajor, una gaseosa o una botella de aceite. Saben que si bajan la calidad terminan gastando más en veterinario.
EVOLUCIÓN EN LA INDUSTRIA
Según Juan, cuando las familias encuentran una buena alimentación para su perro o su gato la mantienen y la complementan con fibra, verduras o ingredientes que no están en la croqueta seca. Las marcas mejoraron mucho el porcentaje de proteínas y eso hoy los clientes lo miran.
Aunque el precio sigue siendo una variable importante, ya no es el único criterio de compra. En el local conviven primeras marcas con otras nacionales que fueron ganando terreno gracias a mejoras en la calidad nutricional. También aparecen nuevos hábitos vinculados con la practicidad. Las bolsas de gran tamaño, por ejemplo, ya no son siempre la primera opción. Muchos prefieren envases más pequeños para evitar que el alimento pierda calidad una vez abierto o porque se adaptan mejor a la cantidad de animales que viven en cada hogar.
En promedio, una bolsa grande de un alimento premium ronda los 120 mil pesos y alcanza para alimentar durante poco más de un mes a un perro de unos 20 kilos, dependiendo de cómo se complemente la dieta.
DE LAS PIPETAS A LAS PASTILLAS
También cambió la manera de prevenir enfermedades. Durante el verano, cuando aumentan pulgas y garrapatas, las tradicionales pipetas comenzaron a compartir protagonismo con comprimidos de acción prolongada. Hoy lo más efectivo son las pastillas que duran tres meses. Son menos invasivas, permiten olvidarse del tema durante noventa días y, además, ayudan a evitar los aumentos de precio mes a mes, explica Juan.
A eso se suman los snacks saludables, que fueron desplazando a las golosinas tradicionales, y una oferta creciente de juguetes diseñados para estimular conductas naturales. Los gatos tampoco quedaron afuera de esta transformación. Al pasar la mayor parte de su vida dentro de departamentos o viviendas, requieren espacios especialmente pensados para trepar, esconderse y descargar energía.
Un gato no pasea. Toda su actividad o forma de desestresarse ocurre dentro de la casa. Por eso necesita un ambiente preparado para él. Hoy un rascador torre de cinco pisos ronda los 250 mil pesos, cuenta.
PONERSE LINDOS
El auge del mercado también alcanzó a la estética. Y Cinthia conoce esa evolución desde hace años. Durante ocho años fue paseadora de perros -una de las más conocidas de La Plata, dice-, luego se capacitó en peluquería canina, realizó cursos específicos de cortes según razas y hasta de tinturas aptas para animales. Hoy tiene su propio local, donde además vende ropa y accesorios y ofrece un servicio de guardería con pocos huéspedes para garantizar una atención personalizada.
Mientras acomoda a Bono, un caniche blanco, explica que la peluquería dejó de ser una cuestión meramente estética para transformarse en un servicio de bienestar.
Algunos dejan que pasen varios meses sin recortarles el pelo y después hay que pelarlos por completo, incluso en invierno, lamenta. El trabajo requiere paciencia y conocer el comportamiento de cada animal. Por eso procura que la experiencia sea lo menos estresante posible. Prefiero que no vean a sus humanos cuando están en el baño porque se alteran mucho. Si el cliente quiere verlos, le sugiero que lo haga desde el auto, comenta. Lejos de la imagen de un simple corte de pelo, el trabajo incluye distintos tipos de shampoo según las necesidades dermatológicas, herramientas específicas para cada tipo de pelaje o corte y procedimientos que contribuyen a prevenir problemas de salud.
Yo les despejo la mirada y les hago el corte higiénico, explica sobre una técnica que consiste en recortar el pelo en zonas sensibles para facilitar la higiene diaria.
El baño y corte para un perro de raza pequeña ronda actualmente los 40 mil pesos, mientras que la ropa también acompaña la tendencia. Las prendas más sencillas cuestan alrededor de 15 mil pesos, aunque los tapados y diseños más elaborados pueden alcanzar los 50 mil. Como ocurre en la indumentaria para personas, los animales de mayor tamaño también encuentran menos oferta.
NO TODO ES COMPRAR
Para Jesús Bianchi Tarquino, el crecimiento del mercado no debería hacer perder de vista el objetivo principal. Necesitamos enriquecer la vida de nuestros animales de compañía, y eso tiene que entrar en la cabeza de cada tutor. Lo que pasa es que el mercado hoy nos ofrece cosas que antes no existían y creemos que sólo comprarles cosas va a ser suficiente.
Aclara que muchos de esos productos pueden resultar beneficiosos cuando ayudan a recrear ambientes más adecuados para cada especie, pero insiste en que no reemplazan la interacción. A veces sirven y ayudan a mejorar el ambiente donde conviven con otros animales o con personas, pero otras veces necesitan juego, actividades recreativas, momentos independientes y también tiempo compartido. No todo es comprar.
El etólogo sostiene que tampoco existe una fórmula única para invertir en bienestar.
No hay un gasto puntual para todos. Un perro y un gato tienen prioridades diferentes. Lo importante es prestar atención a qué muestran interés y no forzarlos, darles tiempo de calidad y enriquecer el ambiente según cada caso. Algunos prefieren lugares tranquilos; otros necesitan más interacción, una plaza o una guardería, detalla.
A la hora de evaluar si un animal vive bien, el especialista propone mirar mucho más allá de los productos que consume. Es que el dinero ayuda, admite, pero no es todo. Tiene que estar bien física y nutricionalmente, desarrollar conductas propias de su especie y vivir en un entorno social adecuado. Para eso pueden intervenir veterinarios, etólogos, adiestradores o paseadores.
En definitiva, mientras la industria continúa sumando propuestas y el mercado encuentra nuevas oportunidades de negocio, el verdadero desafío parece ser otro, como resume Bianchi Tarquino: Prestarles atención y darles tiempo de calidad.